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Años de plomo

AÑOS DE PLOMO

Por Juan Tomás Enciondo

1.- Viví personal e intensamente todo el período que abarca el trabajo histórico de Kepa Bilbao Ariztimuño en Años de plomo. La excepcionalidad vasco-navarra en la transición, 1975-1985 (Gakoa, 2020). Como que tenía 20 años en el Mayo 68. Ese mismo año ya cursaba los estudios de Políticas en Madrid. Allí comencé a participar en movimientos estudiantiles y de barrio, aunque seguía con un ojo muy puesto en lo que se cocía en Euskal Herria. Era un “vasco” en Madrid, lo que por cierto entonces daba cierta puntuación positiva en los ámbitos progres.

De vuelta a casa en 1972 me integré en el asociacionismo vecinal, concretamente en la AAVV Kareaga Goikoa de Basauri, mientras continuaba estudios y ejercía mis primeros trabajos precarios. Participé modestamente en la consolidación del movimiento de AAVV y FF de Bizkaia y fui vocal de la junta de su Federación.

Miembro fundacional (1974) de la Comisión de Defensa de una Costa Vasca No Nuclear, precisamente en calidad de representante de la Federación de AA de Bizkaia, para lo que fui designado junto con el dirigente de la AAFF de Rekalde Carlos López. Poco a poco la frenética actividad de la Comisión me fue restando intensidad en la dedicación a la Asociación de Kareaga Goikoa y a la Federación. Hacia 1977 las AAVV dejaron de participar activamente en la lucha antinuclear siendo sustituidas por los Comités Antinucleares, con lo que la representación de la Federación de AAVVFF en la Comisión se hizo mas bien simbólica. No obstante seguí militando activamente, pero sin responsabilidades directivas, en el movimiento vecinal, si bien entre los años 76 al 81 me tocó vivir en el seno de la Comisión de Defensa la intensa e interminable pelea por la desnuclearización de nuestro país. Y tanto el asociacionismo vecinal como en especial la Comisión fueron una buena atalaya para conocer, sentir y participar la realidad de esos “años de plomo”.

Nunca milité en ningún partido político. Siempre me sentí algo así como un mero mandatario de la sociedad civil organizada. Desde esa no militancia de sigla sufrí intensamente de las intrigas partidarias y las peleas de los partidos por acaparar influencia en las plataformas populares.

2.- La Comisión de Defensa de una Costa Vasca No Nuclear ha sido uno de los (seguramente) muchos ejemplos de la capacidad que la sociedad civil tiene para auto organizarse, para aunar personas y colectivos dispares y plurales en pro de una (inicialmente) utopía, pero con una dedicación, constancia, preparación, creatividad e imaginación que logran implicar a una parte muy notable de la sociedad en aras a una reivindicación justa, irrenunciable e inaplazable. Y todo ello con el empleo de los únicos instrumentos a su alcance como la fuerza argumentativa científicamente contrastada, la utilización hasta el límite de la pelea jurídica, la movilización y la resistencia pacífica. En el caso de la controversia nuclear que se desarrolló en nuestra comunidad entre los años 1974 y 1984, la actuación de la sociedad civil organizada en oposición a los proyectos electronucleares, fue modélica y, tal vez, sin parangón en otras sociedades de nuestro entorno. La organización y la tenacidad consiguieron paralizar una estrategia diseñada por las empresas eléctricas y el estado franquista para imponer un modelo energético y de desarrollo socioeconómico, que pretendía esclavizar nuestro pueblo por siglos y someterlo a riesgos que podrían alcanzar la misma desaparición como tal. La Comisión de Defensa supo desde un principio componer un equipo de trabajo muy compensado, plural, de personas muy formadas y maduras, y supo transmitir el mensaje con rigor y contundencia. Dispuso de un grupo excepcional de asesores, tanto en materia jurídico/administrativa, como en el ámbito científico, desde el que se estuvo al corriente de todas las ideas e iniciativas antinucleares y con el que se obtuvo una eficaz labor divulgativa y comunicativa.

No se puede obviar el peculiar contexto socio político y cultural emergente, bien descrito en AÑOS DE PLOMO, que empujaba a todo un pueblo hacia su libertad y emancipación. Contexto que propició sin duda un caldo de cultivo para la conciencia y la movilización antinuclear. La fuerza alcanzada por la lucha contra las centrales nucleares en los momentos previos a la implantación de los partidos, hasta pongamos 1978, hizo que la sociedad civil pudiera seguir mucho tiempo organizada al margen o mas allá de los partidos, lo que le permitió mantenerse coherente y sin divisiones patentes.

Y la intervención de ETA, intensa, gradualmente creciente, llegó en algún momento a adquirir una apariencia de liderazgo absoluto del movimiento popular. Sin embargo no sería razonable concluir que la paralización de los proyectos y en especial el de Lemoiz, se debiera única ni principalmente a la dura ofensiva armada de ETA y algunos otros grupos, tal como aún hoy alegan quienes en su momento apoyaron la locura pronuclear y los que se ven todavía hoy en día favorecidos por el relato “oficial”, sino que el mérito principal del triunfo antinuclear hay que atribuírselo a la contundente y eficaz movilización popular. La propia ETA y las otras organizaciones fueron conscientes de que iban a remolque de la sociedad civil y, a su modo, trataron de romper por la fuerza la razón de la fuerza esgrimida por los promotores y colaboradores de la nuclearización.

3.- La Comisión de Defensa, a lo largo de esa década, publicó un sinfín de documentos, informes, comunicados… y tuvo la precaución y habilidad de recogerlos y concentrarlos en tres libro/informes: “HACIA UNA COSTA VASCA NUCLEAR? EL CASO DE LEMONIZ” 1977, “EUSKADI O LEMONIZ” 1979 y “LA CONTROVERSIA NUCLEAR LEMONIZ” de 1981. Además, quedó completado aunque pendiente de publicación un cuarto informe que recopila lo concerniente al último período, hasta 1984. El resto de la documentación generada en esa década de movilización, artículos y bibliografía científica, informes, recursos y resoluciones administrativas y judiciales, carteles, pasquines, pegatinas, material fotográfico y audiovisual, recortes de prensa, diversas obras de arte entregadas por los artistas al movimiento… componen un conjunto documental muy voluminoso y enormemente valioso. Todo ello ha sido aportado al patrimonio fundacional de “ENADEN BEGIAK FUNDAZIOA”, constituida en 2018 con sede en Ea, Bizkaia, y con finalidad de recoger el legado derivado de esa larga lucha y promocionar toda clase de iniciativas por el cambio de modelo energético, la sostenibilidad y reversión de la inexorable crisis medioambiental. Entre los cometidos de ENADEN BEGIAK FUNDAZIOA figura el de crear un “centro de documentación” que haga posible el análisis y la investigación de lo que supuso realmente el movimiento antinuclear, a fin de que las nuevas generaciones conozcan lo que realmente ocurrió y pueda extraer de ello precedentes utilizables en el vigente marco de la lucha medioambiental. Es decir que el paso dado por la Comisión va en la línea de colaborar en una interpretación fiel del período histórico al que se refiere AÑOS DE PLOMO, desde la perspectiva de un sector de la sociedad civil vasca organizada.  

Dicho lo cual…

La lectura de AÑOS DE PLOMO me ha satisfecho en muchos aspectos. Es un trabajo de historia muy documentado, riguroso, exhaustivo. Pese a su evidente intencionalidad científica se lee con facilidad. Claro que, como cualquier análisis histórico y no podría ser de otra manera, se evidencia la óptica ideológica de partida, sentido de pertenencia al pueblo vasco y de izquierdas, opción absolutamente legítima para analizar la historia, con la que en términos generales me identifico y que no resta un ápice de objetividad y rigurosidad. Lo cual no significa que se manipule el relato en aras a sustentar posiciones políticas necesitadas de que los hechos, en especial, la intervención de la sociedad, no hubiera sido la que realmente fue. Concretamente la mayor parte de los trabajos recientes sobre la movilización antinuclear, incluidos algunos documentales y programas de EITB, sólo tratan de minimizar la movilización y maximizar la influencia de la lucha armada hasta el punto de invalidar la propia reivindicación para reducirla a una estrategia terrorista.

Para mi, AÑOS DE PLOMO recopila hechos, acontecimientos, informaciones e interpretaciones de los hechos que se compadecen con lo que yo viví con intensidad y con lo que he digerido y reflexionado posteriormente en el transcurso y en la distancia de los años (que por cierto han seguido siendo “de plomo”, finalmente sin balas pero siempre con mucho sufrimiento para el conjunto de la comunidad).

El problema que tiene abarcar un período tan largo e intenso de la historia de un pueblo es que hay que dejarse mucho en la gatera, que te obliga a resumir, elegir, simplificar… Por eso es tan difícil dar una visión de conjunto suficiente y plenamente satisfactoria.

Y el trabajo de historiador obliga necesariamente a contar la sucesión de los hechos, su concatenación lógica y el testimonio de los testigos. La historia escrita se basa al menos en dos premisas: la correcta elección de los acontecimientos acaecidos, narrados e interpretados por sus testigos, principalmente a través de los medios de comunicación y los analistas, y en el rigor científico-técnico del propio historiador. Pero con ello y en el mejor de los casos (años de plomo lo es) se logra transmitir sólo una parte de la realidad, aquella que es perceptible con los instrumentos de la razón. Raramente se puede narrar la historia completa, la que además comprende la parte sensorial subjetiva, esto es lo que realmente vivió la comunidad como individuos y conjunto de personas, los sentimientos y las sensaciones, así como el grado de influencia de las mismas en el devenir de los acontecimientos. Sin duda son mejores historiadores los poetas, los cantantes y cómo no, los bertsolaris, aunque no sigan un relato sistemático e inmediatamente comprensible.

Pero también los que vivimos todos esos años despiertos, asustados e ilusionados, golpeados y eufóricos, derrotados y puntualmente victoriosos… podríamos (deberíamos) participar en la narración de la historia y saber comunicar sencillamente lo que vivimos y cómo lo hicimos.

Desde la Comisión, me imagino que desde otras muchas plataformas de lucha y reivindicación, las mujeres, el euskara y la cultura, las organizaciones de la sociedad civil de todo género, siempre nos ha preocupado la transmisión y la comunicación del legado construido a las nuevas generaciones. No bastan los libros, ni los centros de documentación. Hay que transmitir el relato del conjunto de las sensaciones, emociones, frustraciones. Comunicar cómo supimos organizarnos, motivarnos, ilusionarnos, implicar a gente de todo tipo y condición, además de grandes artistas e intelectuales en las movilizaciones. Hacer ver que en esos años del plomo mucha gente, mucha, se afanaba cada día por poner su granito de arena en la tarea de sacar adelante a este pueblo.

La contribución de libros como “AÑOS DE PLOMO” junto a la de otras publicaciones que analizan las aportaciones de los literatos y cantantes en esa época, de los documentales como EZ, ESKERRIK ASK0 GLADYSEN LEIHOA y otros muchos, de las entrevistas y testimonios gráficos, es fundamental. Pero tiene que ir acompañada de una revisión profunda de las actitudes, las emociones, el ingenio y la inventiva de aquella generación que participó intensamente en la llamada “transición” desde la primera línea de las organizaciones de la sociedad civil.

Posiblemente saldrían muchas lecciones que, aprendidas hoy en día por los actuales activistas sociales, nos pondrían en mejores circunstancias para afrontar los retos vigentes y, muy especialmente, el reto máximo al que se enfrenta la humanidad de revertir la catastrófica deriva medioambiental.

Lekitto, 2020, 06, 29 (Sanpedro eguna)