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Un tratamiento histórico crítico del capitalismo en lenguaje muy claro

(Intervención de Joseba Luzárraga en la presentación del libro de Kepa Bilbao, Capitalismo. Crítica de la ideología capitalista del libre mercado. El futuro del capitalismo (Ed. Talasa, 2013), en el Casco Viejo de la villa de Bilbao, el 18 de abril de 2013)

                                                    Joseba Luzarraga

      (Licenciado en Económicas y Empresariales, es MSC en el Massachusetts Institute of Technology)

A mi me gustaría empezar mi presentación haciendo referencia al estilo del libro de Kepa.

En alguno de sus libros -no recuerdo ahora cuál- P. Krugman, autor al que Kepa cita en su libro, dice que en economía hay dos clases muy diferentes de libros o publicaciones. Por un lado están las artículos económicos escritos en “griego” -de manera formal, teórica, matemática- o lo que es lo mismo, escritos por la comunidad académica para entenderse sólo con el resto de la misma y, por otro, los libros de aeropuerto que todos conocemos y que están escritos en un estilo como el de “Cómo saber economía en tres días”….escritos en un lenguaje muy asequible.

Pues bien, dice Krugman que lo difícil es escribir lo que está en griego en lenguaje de aeropuerto. Es decir, poner la ciencia en lenguaje claro. Y éste creo que es el primer logro a destacar del libro. Kepa nos traslada en un lenguaje muy claro lo que ha estudiado en fuentes primarias y lo que ve en la realidad de cada día.

Además lo hace tomando partido. Es decir, y como iremos viendo, no plantea la teoría sin tomar partido científico e ideológico, pero lo hace fundamentando su posición: lo que se agradece.

Estudia por otro lado un tema clásico, pero que en estos momentos vuelve a estar de actualidad: el del capitalismo y sus crisis.

El libro opta por un tratamiento histórico del capitalismo, imprescindible para entender el sistema capitalista, porque como dice Galbraith, a quien Kepa cita varias veces en este libro: “en lo que se refiere a la economía la historia es sumamente funcional”.

Por eso me preocupa algo que he leído recientemente (aunque no sé dónde) respecto a que no se utiliza mucho la historia en este tipo de investigaciones. Si es así, me parece un craso error. A título personal diré que a mi edad algo que echo de menos es la lectura de una buena historia universal de la humanidad que evidentemente no es fácil de encontrar. Pues bien, a falta de esa historia o como complemento a la misma recomiendo el libro de Kepa para hacernos una idea completa y rápida del capitalismo, sus logros y miserias, así como su futuro.

Respecto al contenido, el prólogo hace un resumen excelente de la obra por lo que yo me limitaré a dar unas breves pinceladas sobre cómo se puede abordar el libro a partir de tres ideas básicas.

Todos conocemos las nefastas consecuencias de la crisis actual….y probablemente algunos de los aquí presentes nos podrían explicar muy bien los errores doctrinales de la versión más agresiva del capitalismo imperante en este momento: el neoliberalismo. Kepa nos lleva a este mismo escenario al final de su libro, pero parte, como él dice, de: “¿cómo empezó todo esto?”.

El libro presenta como el primer eslabón en la historia del capitalismo la obra de Adam Smith. Ya sabemos, como decía Schumpeter, que Adam Smith no aportó ideas económicas completamente originales, pero supo estar en el momento justo con la obra oportuna: La riqueza de las naciones. Como dice Kepa, Adam Smith estableció el punto de referencia para la teoría económica liberal posterior. Se hizo famoso por su: 1. defensa del libre mercado 2. su posición crítica de la intervención gubernamental y 3. por su célebre metáfora de la mano invisible que conduce al individuo al bien colectivo aunque éste no lo pretenda expresamente.

Sin embargo, ya lo apunta Kepa en el libro y lo desarrolla ampliamente, existía también el A. Smith de la Teoría de los sentimientos morales, el profesor de Filosofía Moral. Un autor preocupado por las consecuencias morales del capitalismo y cuya preocupación no parece que la hayan compartido autores modernos del neoliberalismo como Hayek.

Yo sugeriría la lectura del libro teniendo en cuenta esas tres ideas básicas a las que hacía referencia y que están relacionados con los pilares en los que se funda la eficiencia del orden capitalista. La eficiencia del sistema capitalista se fundamenta en dos instituciones: el mercado y la empresa por un lado y un supuesto de comportamiento, la racionalidad económica, que tiene su fundamento en la “codicia” en términos de Kepa.

Si dejamos de lado la empresa que no se analiza en el libro, pero que también tiene una historia apasionante, podremos comprobar que el libro va desarrollando una amplia crítica de la teoría de la autoregulación de los mercados y de la “codicia” como motor eficiente de la actividad económica.

Y en esta crítica aparece con frecuencia la figura de Keynes a quien se le dedica un amplio espacio en el libro a mi modo de ver plenamente justificado. La economía de Keynes nace fundamentalmente de su observación de la realidad y de las deficiencias que él observa en el sistema capitalista y que son inadmisibles a su juicio por distintos motivos.

¿Cuáles son estas deficiencias en relación con los pilares del sistema que aborda Keynes y que Kepa comparte y nos presenta en el libro ? Dos fundamentales:

En primer lugar, la teoría de la racionalidad económica o del así llamado “homo oeconomicus”.

Y en este punto me gustaría tomar prestadas de un pensador de izquierdas un par de reflexiones sobre la inconsistencia de esta hipótesis. Este autor define esta hipótesis del agente económico racional como sigue: “El agente económico -o sea nosotros- según esta teoría sería una especie de “robot” que toma siempre sus decisiones a partir de las reivindicaciones proporcionadas por el cálculo de maximización intertemporal de una función de utilidad que se toma como indicadora del bienestar de esos agentes”. Lo he citado enteramente para que, como dice este autor, seamos conscientes de que ni tú ni yo podríamos comprar un manojo de puerros conforme a los requisitos de esta teoría, algo que, por otro lado, ya sabemos.

A nadie se le escapa que esta teoría no es realista. Pero si no es así, la pregunta es por qué se ha mantenido durante tanto tiempo. Pues como dice este autor hay varias razones, pero hay una muy interesante que curiosamente está tomada de M. Friedman (el guru del neoliberalismo como veremos luego) y que se conoce como “instrumentalismo metodológico”.

¿Qué es el instrumentalismo metodológico? Para decirlo de una forma más plástica, voy a pedirle a Kepa que cuente el único chiste que aparece en el libro [Hay un chiste muy popular entre los economistas que según Anatole Kaletsky nos dice más sobre las causas y consecuencias de la crisis que cualquier estudio de Wall Street: Un economista, un químico y un físico naufragan en una isla. Su único alimento es una lata de frijoles, pero no tienen abrelatas. ¿Qué harán? El físico dice: «Pongamos la lata al sol, podría fundirla y hacer un agujero». «No», dice el químico. «Deberíamos verter agua salada en la tapa, podría oxidarla». El economista interrumpe: «Están malgastando el tiempo con esas ideas complicadas. Presumamos que tenemos un abrelatas».] Lo importante es, pues, el “como si”, no si la hipótesis es realista o no.

No vamos a pensar que M. Friedman era “estúpido”. M. Friedman escribió allá por el año 1953 un ensayo que todavía hoy en día constituye una referencia en el campo de la metodología de la economía titulado “Metodología de la Economía Positiva”. Aunque la contribución más reciente a este artículo nos pretenda convencer de que la metodología de Friedman es una variante de la posición filosófica conocida como instrumentalismo, lo de Friedman es “instrumentalismo metodológico” como lo argumenta definitivamente B. Caldwell.

Friedman afirma que el propósito de la ciencia es la predicción y que el “realismo” de las hipótesis no importa. “El realismo total es inalcanzable y la cuestión de si una teoría es suficientemente realista sólo se puede resolver si dicha teoría da lugar a predicciones que son suficientemente buenas para el propósito para el que se utilizan o son mejores que las predicciones que puedan producir otras teorías”.

Pues bien, hoy en día los filósofos de la ciencia rechazan el instrumentalismo no sólo desde el punto de vista metodológico sino también desde el punto de vista epistemológico.

Para decirlo con mayor claridad, los instrumentalistas no admiten que aunque no

seamos capaces de conocer si una teoría es verdadera o falsa, es de hecho verdadera o falsa. Por eso, hasta K. Popper rechazó el instrumentalismo al entender que forzaba a los científicos a abandonar la búsqueda de la verdad.

Además, desde el punto de vista metodológico hay que clarificar cuál es el propósito de la ciencia. Si como dice Friedman el propósito de la ciencia es encontrar teorías que sean capaces de predecir adecuadamente, el instrumentalismo es un instrumento metodológico adecuado. Pero si el propósito de la ciencia es el descubrimiento de teorías que expliquen la verdad el instrumentalismo no sirve. De modo que en el extremo, la preocupación por la predicción adecuada puede forzar a los científicos a preferir la correlación estadística a la explicación causal si aquella permite hacer mejor las predicciones.

Creo que los que aquí estamos compartiremos que nuestra preocupación va más allá de la idoneidad predictiva de la ciencia para admitir que estamos interesados en la búsqueda de la verdad aunque este camino sea muy largo. Por lo tanto, no queremos admitir el “instrumentalismo ideológico” por muy elegante que sea. Compartiremos, espero, que en los comportamientos humanos hay unos impulsos extraracionales que Keynes definía como los “espíritus animales”. Y cito a Keynes: “al calcular las posibilidades de inversión debemos tener en cuenta por tanto los nervios y la histeria y aún la digestión…..”

La segunda crítica que está íntimamente unida a la anterior se refiere al comportamiento de los mercados. Uno de los temas centrales del libro de Kepa es la denuncia de la teoría de la autorregulación de los mercados.

Como primera anotación a la tesis de la eficiencia de los mercados que se autorregulan hay que decir que la teoría supone que el sistema de mercados perfectamente interconectados es completo. Es decir, que existe un mercado para cada producto o servicio en todas las dimensiones y esferas de la vida social. Afortunadamente podemos decir que esto no es así y que lo humano es más que lo puramente económico, ya que de no ser así hoy no estaríamos aquí reunidos.

El análisis y hasta la reivindicación de Keynes e incluso de los post-keynesianos que se hace en el libro con respecto a esta crítica de la autorregulación de los mercados es abundante y detallada.

Keynes nos dice que no es correcto deducir de los principios económicos que el propio interés debidamente informado actúa siempre para el bien común.

Como dice Kepa, la novedad radica en que Keynes está convencido de que “la incertidumbre y la consiguiente inseguridad social y política son la norma y no la excepción en las economías capitalistas”. Por ello, la intervención, sobre todo para gestionar la demanda, es la condición necesaria para el bienestar económico y para la supervivencia de los mercados. Frente a Hayek, uno de sus oponentes y pioneros del neoliberalismo, el capitalismo era para Keynes el mal necesario guiado por una necesidad poco agradable como es el “amor al dinero”.

Ahora bien, aunque Keynes escribió un Tratado que, como dice Kepa, significó un acontecimiento de impacto similar al de la Riqueza de las naciones, su enfoque básico fue más bien práctico y no tanto puramente teórico. Quizá por ello el Tratado se convirtió en la referencia fundamental de la política económica durante muchos años.

Los resultados históricos de este planteamiento keynesiano y el bienestar social que se generó desde el año 1945 hasta mediados de los 70, en parte debido a estos planteamientos de intervencionismo selectivo, se detallan ampliamente en el libro.

Sin embargo, esta época de prosperidad llegó a su fin a mediados de los 70 y después de una época de altibajos ha terminado en una crisis de enormes proporciones como la actual.

Así como la época de prosperidad que va desde 1945 a mediados de los años 70 puede relacionarse con las doctrinas keynesianas y las del Estado de bienestar, ¿podemos identificar alguna escuela como responsable de las excesos de estos últimos años que han desembocado en la terrible crisis actual? Kepa le dedica a esta nueva escuela, al neoliberalismo, dos capítulos muy interesantes. Identifica a dos pensadores clave, Hayek y Friedman, y a dos ejecutores de sus teorías por todos conocidos, M. Thatcher y R. Reagan.

En efecto, si la crítica que hemos apuntado se puede aplicar a la teoría neoclásica, debería ser más rotunda cuando nos referimos a la versión actual de la misma, al neoliberalismo, que ha llevado al extremo, como hemos apuntado, algunas de las hipótesis más discutibles del sistema capitalista. Creo que el neoliberalismo, al no admitir las deficiencias del sistema capitalista, ha representado el mundo como el ideal de un “fundamentalismo económico” que ha degenerado en una ideología.

Esta radicalización respecto a las teorías neoclásicas es muy clara en lo que se refiere al planteamiento moral de este “orden económico” que es el sistema capitalista. Dice Hayeck que la moral no es necesaria porque este orden es neutro. El sistema no es ni bueno ni malo. Es eficiente y punto. Ya lo advierte Kepa: suele ser corriente entre los teóricos liberales separar economía y moral y ver la moral como algo dañino cuando se la introduce en la esfera económica. Sin embargo, esta posición radical no era compartida por pensadores como A. Smith como espero que lo puedan compartir hasta los más neoliberales.

Y esta neutralidad no es admisible. Cualquier sistema tiene que tener su justificación, su anclaje fuera de sí mismo: lo dijo Godel ( a quien M. Friedman cita en su famoso trabajo antes citado) en su segundo teorema. Y un sistema que afecta directamente a la vida social tiene que tener su anclaje en la moral. De hecho, autores como Keynes entendían la economía como una disciplina de la filosofía moral. Sólo el fundamentalismo de la nueva corriente neoliberal lo ha dejado de lado. Ahora bien, la fundamentación debe basarse en una moral que a su vez tenga sus raíces en la realidad de los conflictos y las pasiones humanas.

Los “resultados” que la colaboración de estas ideas de Hayek y Friedman y las políticas de Pinochet, Thatcher y Reagan produjeron en Chile, Reino Unido y Estados Unidos se detallan en el capítulo 6.

Finalmente un comentario sobre la crisis. Cuando Kepa habla de la crisis del pensamiento económico dominante hoy día, en el capítulo 8, nos dice que la crisis actual arranca precisamente de la desregulación de los mercados financieros soportada por toda una teoría de eficiencia de la desregulación que contribuyó a desarmar a los Gobiernos y a eliminar las cautelas frente a los riesgos y la incertidumbre.

Y a mi me parece que este es un resumen muy acertado de las causas clave de la crisis actual. En el origen de esta crisis está, no hay duda, la incapacidad y la dejación de los gobiernos para enfrentarse a los riesgos financieros por la debilidad en que se encuentran debido a la brutal desregulación y al desconocimiento de tales riesgos, debido en parte a la complejidad de los mismos y a la dejadez de su responsabilidad política.

En cuanto a la crisis, hay amplias e interesantes citas de autores tan importantes como Krugman, Stiglitz, etc. y hasta del viejo Kindleberger (a quien no dieron el Nobel a pesar de que probablemente lo tuvo bien merecido) todos ellos de algún modo relacionados con el MIT que de forma contundente repudian científicamente el pensamiento de esta nueva corriente y las funestas consecuencias que algunos comportamientos fomentados o tolerados, al amparo de estas ideas, están teniendo para los más indefensos.

Por supuesto hay también al final, como no podía ser menos, un análisis muy interesante sobre la globalización y sus consecuencias y un descubrimiento de un autor que presenta algunas ideas muy claras sobre este fenómeno y sus consecuencias así como el trilema de la globalización, soberanía nacional y la democracia: el profesor de la escuela de gobierno de Harvard D. Rodrik. Yo no lo conocía y espero seguirle de cerca en el futuro

Eta azkenik, betiko galdera datorkigu burura, zein den kapitalismoaren etorkizuna eta zer egin behar dugun.

Kepak proposatzen diguna ezagutzeko liburua erostera animatzen zaituztet, halere bertan irakurri ditzakegun pare bat gauza aurreratuko dizkizuet.

Kepak lehenbizi adierazten digu sistema kapitalista oso moldakorra dela. Egokitzeko gaitasun handia duenez ez da erraza zein etorkizun izango duen asmatzea. Etorkizun posible hauetariko bat Keynes-ek aurreratua izan liteke, halaber demokrazia liberal eta kapitalismoak duten aukeretariko bat sozialismorantz hurbiltzea dela.

Bigarrenez historiak gaur egungo egoera ulertzen lagundu arren etorkizunerako hutsik egiten ez duen gida ez dela idazten du. Gure betebeharra bidezkoagoa den sistema baten alde lan egitea da.

Erakundeak eta gizartea aldatzeko lan egin behar dugula jakin behar dugu, horrela jokatu ezean badakigulako zer datorkigun: dagoeneko orainaldi bilakatu den eta maila guztietara heltzen den txirotasunez beteriko etorkizuna.

Eta horretarako Keparen liburua erosiz argi izan dezagun zergaitik heldu garen honaino, Keynes-ek, beharbada apur bat “inuzente” zioen bezala: «konbentziturik bainago sorturiko interesen boterea asko puztu dela ideien transgresioak…. manipulazioak suposatzen dutenarekin alderatuz».

* Traducción al castellano: Y para terminar la clásica pregunta, ¿cuál es el futuro del capitalismo y qué debemos hacer?.

Pues para que podáis conocer lo que Kepa propone yo os animo a comprar el libro aunque sí voy a anticipar un par cosas que aparecen en él..

La primera apuntada por Kepa es que el sistema capitalista es muy versátil y tiene una gran capacidad de adaptación por lo que no es fácil adivinar su futuro. ¿Podría ser una de estas opciones de futuro la insinuada por Keynes de que la democracia liberal y el capitalismo contienen muchísimas posibilidades entre ellas una aproximación al socialismo?.

La segunda es que la historia que nos ayuda a comprender el presente no es una guía infalible del futuro. Nosotros debemos trabajar por un sistema más justo.

Debemos ser conscientes de que hay que trabajar por cambiar las instituciones y la sociedad ya que de lo contrario sabemos que nos espera un futuro que ya es presente de mayor pobreza en todos los órdenes.

Y para ello tengamos claro por qué hemos llegado hasta aquí comprando el libro de Kepa porque como decía Keynes, no sé si un poco ingenuamente: “estoy convencido de que se ha exagerado mucho el poder de los intereses creados cuando se compara con la transgresión de las ideas…” .

Las reformas estructurales de Raúl Castro y los retos que hereda Díaz-Canel.

Las reformas estructurales de Raúl Castro a partir de 2007 y los retos que hereda Díaz-Canel.

Kepa Bilbao Ariztimuño

(publicado en pensamientocritico.org, mayo 2018)

La evolución de la economía cubana a lo largo de estas casi 6 décadas no ha sido lineal, no ha discurrido por una vía única, ha sido más bien un proceso zigzagueante, lleno de saltos adelante y retrocesos, ciclos más “idealistas” y otros más “pragmáticos”.

Cada vez que la economía amenazaba con colapsar, el Gobierno y el Partido Comunista acudían a ciertas palancas del mercado. Así sucedió a mediados de la década del 70, durante el “Período Especial” en los años 90 y en la actualidad, en la que su papel está tomando un impulso creciente.

La ayuda soviética sostuvo, a la vez que apuntaló, un sistema productivo especializado, desequilibrado y generador de ingresos insuficientes para costear la política distributiva. La economía cubana ha sido una economía subsidiada por la URSS. Entre 1960 y 1990 se calcula que Cuba recibió 65.000 millones de dólares de la Unión Soviética, dos tercios de los cuales no era reembolsable.

Desde los 90, tras la disolución de la URSS y el campo socialista primero, y, posteriormente, la pérdida del sostén que supuso Venezuela hasta la muerte de Hugo Chávez y el deterioro de la economía venezolana1, las reformas económicas han venido buscando una reintegración paulatina de Cuba al mercado occidental. Un largo y lento proceso que viene durando más de veinte años.

Las reformas estructurales de Raúl Castro

Raúl Castro heredó en agosto de 2006 una economía en deterioro y, a fin de enfrentar estos problemas impulsó unas reformas que abrieron la puerta a cosas hasta entonces vetadas a los habitantes de la isla, como la apertura de pequeños negocios privados, los servicios gastronómicos y el transporte de pasajeros; la entrega en usufructo, tras solicitud previa, de parte de las numerosas tierras abandonadas a lo largo del país; el alquiler de habitaciones para turistas; comprar y vender viviendas y coches; viajar al extranjero; alojarse en hoteles (reservados hasta entonces a los turistas internacionales); la eliminación de las limitaciones para que los nacionales pudieran contratar una línea de teléfono móvil; la venta directa en tiendas estatales de diversos equipos que no se comercializaban a ciudadanos particulares, tales como computadoras, hornos, microondas y reproductores de DVD. Pero las reformas más importantes son las calificadas por Raúl en 2007 como “estructurales” porque modifican en distinta forma y magnitud aspectos del sistema económico.

Unas reformas orientadas hacia el mercado, las más importantes del periodo revolucionario aunque distan mucho de las sino-vietnamitas. Con ellas -recalcan sus dirigentes- no se trata de transformar el modelo sino de “actualizarlo”.

En 2010, el Gobierno informó de que había excesivo empleo excedente o innecesario en el sector estatal que había que despedir para ahorrar recursos, mejorar la productividad laboral y aumentar los salarios; se estimó el número de excedentes para ser eliminados en 2015 en 1,8 millones.

Para dar salida a este excedente había que expandir el sector “no estatal” (SNE) y ampliar sustancialmente las licencias para el trabajo por cuenta propia.

Lo conforman cuatro grupos principales:

1) trabajadores por cuenta propia (autónomos),

(496.400 trabajadores por cuenta propia –TCP– generalmente dueños de su micronegocio, nunca pasaron de 145.000).

2) usufructuarios,

(312.296 granjeros usufructuarios a los que el gobierno reteniendo la propiedad cede, mediante contratos de 10 años, hoy de veinte, la explotación de parcelas pequeñas. Estos, una vez cumplido el acopio, venta al Estado por debajo del precio de mercado, pueden vender el excedente a precio de mercado.

3) socios de nuevas cooperativas,

(5.500 socios de cooperativas de producción no agrícola y de servicios –CNAS– a las cuales el gobierno renta edificios y equipos también por diez años).

4) compradores-vendedores de viviendas privadas,

(Unos 200.000 compradores o vendedores de viviendas privadas, la compraventa estaba prohibida desde 1960).

El número de trabajadores no estatales en 2015 era del orden del 29%, más de un millón, casi un tercio de la fuerza laboral (el doble que en 2009).

La morfología del sector no estatal: joven (41 años) para una población avejentada, blanco, bien formado y hombre. Una vía por la que se acrecentaran y reproducirán desigualdades.

Derroche de recursos humanos.

Los trabajadores por cuenta propia están básicamente confinados a ocupaciones de baja cualificación. Hay 201 actividades aprobadas, por ejemplo, aguadores, barberos, payasos y animadores culturales, cuidadores de baños, cerrajeros, electricistas, carretilleros, vendedores de frutas y hortalizas. Entre las actividades cualificadas -que no llegan ni a diez- están agentes de seguros e inmobiliarios, traductores y tenedores de libros. Además el trabajo por cuenta propia está vedado a los profesionales universitarios. Un médico no puede ejercer como tal, tampoco un arquitecto, hay una necesidad de arquitectos privados pero legalmente ellos no pueden trabajar por cuenta propia aunque parece que lo hacen de manera oculta. El pobrísimo salario medio en el sector estatal que ajustado al índice de precios al consumidor está hoy un 61 por ciento por debajo del nivel de 1989 –casi tres décadas después– fuerza a que profesionales trabajen como chóferes de taxis o sean dueños de paladares.

El ingreso promedio en el sector no estatal es superior al salario medio mensual en el sector estatal que, al cambio oficial, equivale a veinticinco dólares.

El avance de este sector, a día de hoy, ha sido insuficiente para generar efectos macroeconómicos tangibles debido a los escollos que enfrenta:

escasez de insumos (semillas, fertilizantes, cocinas, refrigeradores, materiales de construcción), altos precios, fuertes restricciones, trabas burocráticas, múltiples y pesados impuestos, poco acceso y altos costos de internet para anunciarse2.

El reto pendiente de extender internet

Un obstáculo al desarrollo. Cuba sigue siendo uno de los países del mundo con una más baja penetración de internet. En la mayor parte del país la red solo está disponible en unos puntos Wifi de acceso público en la calle y es muy cara y lenta. Con un salario mensual que en la mayoría de los casos no supera los 20 ó 30 dólares mensuales, el dólar y pico que cuesta una hora de conexión supone un esfuerzo que pocos pueden permitirse. Se estima que apenas un 5% de los cubanos tiene internet en su casa. Los cubanos todavía aguardan por el servicio de acceso a internet desde los móviles y que se desbloqueen los sitios censurados que el gobierno considera inadecuados, entre ellos muchos de los promovidos por la oposición.

Impuestos

Los impuestos son muchos, variados y muy altos. A diferencia de un extranjero que va a invertir millones -y por supuesto recuperarlos- que le dan hasta 8 años libres de impuestos sobre la ganancia, a un cuentapropista (autónomo) que trata de sobrevivir le ponen a veces impuestos del 59% sobre la ganancia.

Entre los impuestos a los trabajadores por cuenta propia se encuentran:

-el impuesto mensual sobre ingresos,

-por seguridad social,

-a las ventas,

-al ingreso anual cuando la suma de los pagos mensuales queda por debajo de un monto establecido.

-y un impuesto curioso, por decir algo, a la fuerza laboral. Este impuesto a la fuerza de trabajo aumenta con el número de empleados, lo que es contraproducente porque penaliza a los que generan más empleo.

¿Va Cuba hacia una economía de cuentapropistas?

La mayoría de los economistas no afines al gobierno consideran que la transformación económica de la isla no vendrá por el desarrollo de esta vía, con ser importante, requiere de la transformación del sector productivo en manos del Estado, de un proceso de descentralización de las empresas estatales. En esta discusión, dejando a un lado a los más inmovilistas, entre los expertos, los economistas nacionales y otros “científicos” sociales, afloran distintas opiniones, entre crear un modelo propio o seguir los caminos “exitosos” de China o Vietnam. Al respecto, Mesa Lago destaca el atractivo que pueden tener estos modelos para la dirigencia cubana, ya que combinan dinamismo económico con control político y, aunque parece mostrar cierta inclinación a favor de las ventajas del modelo vietnamita, no deja de advertir que a pesar de las semejanzas, también existen considerables diferencias entre esos países y Cuba (especialmente con China), lo cual requeriría ciertos ajustes al contexto cubano3. Mesa-Lago no descarta que se transite de un mercado interno limitado, basado en el pequeño negocio, las remesas, a un mercado interno parecido al chino o al vietnamita con pequeña y mediana empresa con capital nacional.

Sistema de doble moneda.

En Cuba hay dos monedas circulando: el peso nacional (CUP), en la que el Estado paga los salarios de los trabajadores, y el CUC o Peso Cubano Convertible, un poco mayor que un dólar, equivalente a 25 CUP, y que es el que usan las empresas estatales, aunque no se usa en transacciones en el mercado internacional. Raúl Castro ha intentado unificar ambas monedas por las distorsiones económicas que provocan, especialmente en el sector empresarial estatal, que se beneficia de una tasa de cambio irreal. Se viene hablando de su unificación desde hace años, pero tampoco esa es una misión sencilla. Unificar dos monedas de valor tan diferente provocaría, entre otros problemas, un aumento de los precios.

Aunque en Cuba servicios como la educación y la sanidad son gratuitos, los cubanos que trabajan para el Estado (aproximadamente el 75% de la población) perciben su salario en pesos cubanos, mientras que los productos que adquieren en tiendas y supermercados se venden en CUC, con lo que su poder adquisitivo se resiente enormemente.

Envejecimiento de la población

Cuba tiene la tasa de natalidad más baja de Latinoamérica desde los años setenta, y una emigración neta, de toda la gente que se va. Una población avejentada, el segundo después de Uruguay y para 2025 se pronostica que sea el primero, teniendo el 20% más de 64 años. Eventualmente habrá un problema de mano de obra. Ese envejecimiento impacta en todo: sanidad, pensiones…

Las reformas estructurales han tenido efectos adversos en los indicadores sociales.

En los ciclos pragmáticos, como el que se encuentra hoy Cuba, hay una reducción en el gasto social en educación, salud, pensiones, asistencia social y vivienda, y que como ha afirmado en varias ocasiones Raúl Castro, son gastos tan grandes que resultan insostenibles financieramente.

Entre 2008 y 2015 la asignación a estos servicios sociales decreció de 55% a 47% del presupuesto y de 37% al 28% del PIB.

El Salario medio

Ha sido elevado desde los 414 (16,5 dólares) hasta los 740 pesos (29,6 dólares). No se puede sobrevivir con ese sueldo. Si no se recibe remesa del exterior o se trabaja en el sector privado es muy difícil subsistir, y eso explica el robo de bienes en el trabajo estatal, como dicen ellos: para “resolver”. Si yo trabajo en una empresa estatal, en donde yo hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan, yo me robo las cosas… Hay, como dicen, una economía por la izquierda.

La libreta de racionamiento

Durante más de medio siglo, desde el embargo en 1963, los cubanos residentes en la Isla han recibido una «cuota» mensual de alimentos a precios subsidiados. Sin embargo, en los últimos años se ha ido reduciendo el número de productos a poco más que azúcar, arroz, frijoles, huevos, pollo, aceite y café en pequeñas cantidades que no suplen ni siquiera las necesidades de diez días. Las familias tienen que acudir a las tiendas en divisas y a mercados en los que rige la ley de la oferta y la demanda para completar su canasta. Los cubanos se quejan de que escasean las ofertas y de la constante inestabilidad de los productos, además de los altos precios.

Al año son más de 1.000 millones de dólares en este subsidio de alimentación para 11,2 millones de habitantes. En 2011 Raúl Castro justificó la eliminación gradual de la libreta porque además de ser «una carga insoportable» para el Estado, desalienta el trabajo y genera «ilegalidades». Lo achacó a la herencia del paternalismo soviético. Aunque el sistema de distribución racionado tiene cada vez menos productos, una buena parte de la población depende de ese apoyo para sobrevivir debido a los bajos salarios. Hoy el poder de compra real de los cubanos equivale apenas al 51,1% del que tenían a finales de los años 1980, antes del Período Especial.

Pensión de jubilación

En torno a los 7/10 dólares, es el sector más vulnerable dentro de los grupos de pobreza en Cuba. Raúl reformó la Ley de Seguridad Social y elevó en cinco años la edad de jubilación, a 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Además, recortó el número de pensionistas y eliminó buena parte de las prebendas adicionales, como vacaciones en casas en la playa o bolsas con alimentos y productos de aseo que recibían miles de empleados estatales. Los jubilados, por lo general, dependen de las remesas del exterior o de la ayuda de la familia. De lo contrario se les hace difícil sobrevivir pues las bajas pensiones no alcanzan. Hay muchos de ellos que trabajan, por ejemplo, vendiendo cosas en las calles. La pensión media en 2008-2015 era la mitad que en 1989.

Otro tema grave es que ha habido una caída drástica de la asistencia social, tanto en términos de números de personas que reciben asistencia social como en términos de presupuesto. La asignación a la asistencia social disminuyó de 2,1% del presupuesto a 0,4%.

También en salud ha habido un recorte fuerte: se han cerrado hospitales rurales, los médicos de familia han disminuido a la mitad. El número de hospitales ha bajado en un 32% en los diez últimos años. Muchos de los pacientes han sido trasladados a otros centros de salud alejados de sus comunidades. El personal de la salud ha disminuido en un 22% y programas con los que Cuba tuvo un gran éxito en el pasado, como los médicos de la familia, hoy solo tienen un 40% de la plantilla cubierta. El acceso y la calidad de los servicios de salud han disminuido y hay una severa escasez de medicamentos.

Reducción sector educativo

El Gobierno ha reducido también su inversión en el sector educativo, del 14,1% del PIB a un 10,2% en 2015. El déficit crónico de maestros no se ha resuelto a pesar de los aumentos salariales. Al comenzar el curso escolar 2017-2018 ascendía a 16.000 puestos vacantes. Además, el Gobierno ha tenido que reconocer el deterioro de varios indicadores, como la ortografía y el nivel en ciencias y matemáticas.

La matrícula general ha disminuido drásticamente desde el inicio del siglo:

-un 78% en la educación universitaria,

-un 19% en la primaria

-y un 32% en la preuniversitaria.

Muchos jóvenes no quieren seguir estudiando para unas carreras que les ofrecen salarios miserables. Falta una estrategia de educación a largo plazo. Un maestro tiene cada vez más oportunidades de trabajar en el sector privado, vender comida, poner un paladar, o sacar licencia de repasador: el aliciente para el maestro de salirse del empleo estatal es muy grande.

También está el problema de la “ideologización” de la enseñanza.

La construcción de viviendas cayó de 44.775 a 23.003 entre 2008 y 2015. Por décadas en Cuba estuvo prohibida la compraventa de casas, además se limitó la construcción privada y se suprimió el arriendo de viviendas. En 2011 Raúl Castro sorprendió a la nación con una de sus medidas de mayor calado social: la apertura al mercado inmobiliario, un paso importante en un país con 3.824.000 casas, de las cuales el 39% está en un estado regular o malo, según el censo de 2012.

Cuba nunca ha publicado estadísticas sobre distribución del ingreso, pero otros indicadores sugieren que se colocaba a la cabeza de la región en igualdad; las reformas han cambiado diametralmente la situación, debido a un grupo no estatal con altos ingresos y la caída en el salario estatal

Las remesas han sido estimadas en más de 3.000 millones de dólares anuales, a eso habría que añadir el envío de ropas, alimentos y medicinas por un valor de 1.500 millones.

Fin del permiso de salida

En enero de 2013 Castro eliminó el permiso de salida del país y permitió que los nacionales viajaran libremente. Desde entonces más de 779.000 cubanos han salido de viaje, de ellos el 79% por primera vez, según cifras oficiales. La eliminación de las trabas para abandonar la Isla propició una nueva crisis migratoria y en siete años hasta el fin de la política pies secos/pies mojados en 2017, Estados Unidos acogió a más de 235.000 cubanos. Las autoridades, sin embargo, mantuvieron la prohibición de entrada a la Isla a los nacionales residentes en otro país que hubieran mantenido una actitud públicamente crítica con el Gobierno. Además, cientos de activistas y líderes de la oposición no han podido viajar al extranjero bajo el argumento de estar «regulados».

Renegociación de la deuda externa y condonaciones

Entre 2013 y 2016 Cuba renegoció su vieja deuda externa, sin pagar desde que Fidel Castro impulsó a los países en desarrollo a dejar de lado sus obligaciones crediticias en los años 80. Raúl Castro logró la condonación del 90% de la deuda que Cuba adquirió en tiempo de la Unión Soviética y seguía debiendo a Rusia.

Después de una negociación, la deuda de 8.500 millones con el Club de París fue reducida a 2.600 millones de dólares pagables a 18 años. México condonó el 70% de los 487 millones de dólares que había prestado a la Isla y Japón le perdonó casi 1.000 millones de dólares de una antigua deuda en 2014. Vietnam y China también le perdonaron parte de la deuda por unos montos que no han trascendido.

La tasa de crecimiento económico

Fue de 12% en 2006, en buena medida por el apoyo económico venezolano, ha ido desde entonces a la baja: 4,4% en 2015 y -0,9% en 2016. El segundo semestre de 2017 fue especialmente complicado debido a los impactos del huracán Irma y como consecuencia de las nuevas medidas restrictivas anunciadas por el gobierno estadounidense. A ello se suma la decisión del gobierno cubano de congelar (temporalmente) la emisión de licencias al sector privado. El ministro de Finanzas y Planificación, Ricardo Cabrisas, hizo balance de 2017 diciendo que había sido un año «tenso y complejo». Ante la Asamblea Nacional sorprendió con el anunció de que el PIB creció un 1,6% interanual. Raúl Castro animó entonces a los cubanos a mirar al futuro «con total confianza» y reconoció «errores e insuficiencias» en la puesta en práctica de las reformas.

Para 2018 el gobierno ha planteado un plan de crecimiento económico del 1,5% de aumento del PIB que la mayor parte de los estudiosos de la economía cubana no afines al Gobierno no dan crédito, les parece una cifra optimista al no tomar en consideración apropiadamente la complejidad del escenario macro-financiero.

El economista de la Universidad de La Habana, Pavel Vidal, afirma que la transición cubana ocurre en momentos de muy bajo crecimiento y hasta recesión. Considera que la crisis económica es resultado de la profunda recesión que vive Venezuela, el principal socio comercial de la isla, y de la falta de liquidez del sistema financiero cubano para asegurar las importaciones de insumos que requiere el aparato productivo. “En términos de crecimiento y de finanzas, la economía está en una situación muy vulnerable y esto se va a prolongar al menos por dos años más”, señala Pavel Vidal, quien en febrero publicó el ensayo ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional?4.

El escenario macro-financiero e internacional

No va a ser nada favorable para el nuevo gobierno. Además de la crisis venezolana, se mantiene el embargo estadounidense y la administración Trump ha retomado la vieja y fracasada retórica. En noviembre pasado entraron en vigor una serie de medidas que imponen restricciones adicionales a las inversiones en la isla, entre ellas la prohibición a empresas estadounidenses de hacer transacciones con el Grupo de Administración Empresarial, S.A. (Gaesa), el mayor consorcio comercial, industrial y de servicios del país, el cual es manejado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Trump también puso nuevas trabas a los viajes de estadounidenses a Cuba, lo que afectó el turismo durante las semanas finales del 2017 pero no impidió al país llegar a 4.7 millones de visitantes, un 6.4 por ciento más que en 2016. El turismo, que genera ingresos por unos 3.000 millones de dólares al año, y las remesas familiares, que ascendieron a unos 2.500 millones de dólares en 2017, son dos colchones que han permitido paliar a cientos de miles de cubanos los efectos de la desaceleración económica.

Los retos de Díaz-Canel

El reto en términos de políticas públicas del nuevo gobierno cubano presidido por Díaz-Canel será mantener las políticas sociales históricas de la revolución. Estamos hablando de un Estado que destina más de la mitad de su presupuesto a derechos sociales, salud, educación, vivienda, seguridad…una cobertura de derechos sociales como no ha existido en otro país latinoamericano. Esto corre el riesgo, si no de perderse, de verse afectado por las reformas y, de hecho, ya está sucediendo. El avance de Cuba hacia la lógica del mercado ha producido un elemento nuevo, el aumento de la desigualdad social, y por primera vez aparece en Cuba una pequeña minoría de ricos, algo que podría llamarse clase media y comienza, así mismo, a verse pobreza e incluso extrema pobreza. Aquella sociedad igualitaria, muy homogénea, que hubo, por el subsidio soviético, construida en los setenta y los ochenta, no existe ya en Cuba. Esto es algo que empiezan a reconocerlo los propios economistas de la isla que van proporcionando la información de cómo avanza la desigualdad. Esto está en sintonía con la llamada del anterior Gobierno de Raúl Castro a abandonar el igualitarismo, a aceptar que en la lógica del mercado tienen que producirse diferencias sociales. Si hay una expansión de la población vulnerable -por no decir pobre- en vez de reducirse la asistencia social deberá extenderse.

Para paliar los efectos adversos de las reformas estructurales debe haber una red mínima de protección social. Este es el gran desafío del Estado. En lo inmediato, Díaz-Canel tiene ante sí el reto de lo que se podrían llamar las tareas pendientes de Raúl Castro: la reforma de la Constitución, pero con unas líneas rojas muy claras ya anunciadas que no podrá traspasar, se mantendrá el papel del Partido Comunista “como dirigente en la sociedad cubana” y el socialismo continuará siendo “irrevocable”; eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, que «continúa dando serios dolores de cabeza»; aumentar el bajo salario, asegurar la alimentación y mejorar las condiciones de vida de la población; hacer frente al grave problema del envejecimiento con políticas que eleven de manera efectiva la natalidad; sanear el sector estatal de la corrupción y la falta de eficiencia; reanudar la concesión de las licencias para el sector privado, paralizadas la mayoría desde agosto del año pasado, e “implantar” las cooperativas no agropecuarias, para liberar al Estado de la carga que suponen las «actividades no estratégicas».

La pregunta es si estas reformas económicas van a favorecer una reforma del sistema político. Puede que sí, que tal vez lo veamos en los próximos años mientras se consolida la nueva coyuntura. Lo que es claro es que las demandas políticas se moverán dentro y fuera de la isla con mayor intensidad. Se acrecentará la lucha entre reformistas e inmovilistas, la lucha por la democratización y autonomización de la sociedad civil, dentro y fuera del gobierno.

Desde la promulgación de la Constitución socialista de 1976 hasta la fecha, la libertad de expresión, prensa, reunión, manifestación y asociación se subordina a «los fines del Estado Socialista», lo que en la práctica los limita. En Cuba están prohibidos los partidos políticos y a los candidatos a las Asambleas del Poder Popular no se les permite hacer propaganda o presentar programas de gobierno. Gracias a las nuevas tecnologías han surgido desde la Isla espacios digitales independientes, como Periodismo de Barrio, El Toque, El Estornudo o 14ymedio, pero el Gobierno no reconoce la libertad de prensa y a menudo arrestan y amenazan a los comunicadores. Muchos portales críticos con el sistema permanecen bloqueados en los servidores nacionales. Abrir a la apertura política la existencia de otros partidos y de medios de prensa fuera del control del Partido Comunista puede que aún esté lejano.

Ahora bien, independientemente de las opciones que maneje el Gobierno, habrá dos cuestiones que serán ineludibles en cualquier tipo de reforma política. Una es una nueva ley de asociaciones civiles independientes del Estado adaptadas a la constitución y a la ley penal, el otro tema es el de la ley electoral y la representación política de los opositores.

                                                                             21-04-2018


1 El volumen comercial con Venezuela cayó notablemente (del 42% al 27% en 2015) y el suministro de petróleo pasó de 105.000 barriles diarios a 55.000 barriles. Cuba vendía una parte de ese petróleo en el mercado mundial, y era un ingreso importante que también cayó a la mitad. El tercer ingreso que cayó es el más importante: la venta de servicios profesionales (médicos, enfermeras, maestros), que pasó de 11.000 millones de dólares en 2013 a 7.000 millones en el 15 y ha seguido bajando. En 2015 el crecimiento del PIB fue del 4,4%. En 2016, fue del -0,9%. El Gobierno dijo que obtuvo alrededor de 4.000 millones de dólares procedente del turismo, pero Mesa-Lago considera que la cifra real es “mucho menor” teniendo en cuenta que tienen que importar todos los bienes y mercancías para el sector, un dato que, dice, no publican (Mesa-Lago, el País, junio, 2007).

2 Voces de cambio en el sector no estatal cubano. Cuentapropistas, usufructuarios, socios de cooperativas y compraventa de viviendas. Carmelo Mesa-Lago, (coord.) ; Roberto Veiga González, Lenier González Mederos, Sofía Vera Rojas, Aníbal Pérez-Liñán, edit. Iberoamérica (2016).

Joseba Macías, Cambios en la dirigencia de la Revolución. De Fidel Castro a Raúl Castro (2007-2010), pp. 126-149, en La sociedad civil en la Revolución cubana (1959-2012) – Bilbao: Universidad del País Vasco. Tesis doctoral.

3Carmelo Mesa-Lago, Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos, Madrid, Colibrí, 2012

4Pavel Vidal ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional? http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/files/serve?File_id=7d0db439-acdb-491f-9b47-9ce53ef55ceb

Triunfo y fracaso del capitalismo


(Capítulo primero del libro Capitalismo. Crítica a la ideología capitalista
del «libre» mercado. El futuro del capitalismo, Madrid: Talasa, 2013).

La economía de mercado capitalista, el capitalismo, ha quedado como la única opción viable de organización económica. Se ha convertido en el dueño del planeta, ha copado el mercado mundial y, de esta forma, se ha hecho, en una buena medida, responsable directo o indirecto de mucho de todo lo bueno y lo malo que en él hay. Ya no tiene competidor alternativo con el que compararse y lavarse la cara, un mal modelo alternativo como lo fue el socialismo de Estado, el que fuera conocido como el sistema soviético, que era utilizado para sacar pecho por los partidarios de la economía liberal de mercado al mismo tiempo que servía como tapón para que las mejores críticas a la economía capitalista no fueran escuchadas. Ahora bien, el fracaso de uno no significa el triunfo del otro. En los dos últimos siglos, el sistema capitalista ha tenido mucho éxito en lo concerniente a la invención, la afirmación individual, la producción en masa y la distribución comercial de todo tipo de bienes y servicios, pero son demasiados los fallos del sistema, los daños y las víctimas que ha causado y causa como para caer en falsos triunfalismos o actitudes autocomplacientes y no sopesar, como mínimo, su esencial ambivalencia. Su base moral es tan insegura como lo era en sus orígenes. La globalización económica ha creado ganadores y también perdedores. El éxito y el fracaso van, con demasiada frecuencia, muy unidos. 

El capitalismo ya no tiene un antagonista mundial, la competición se juega en casa, entre las distintas variedades, familias, países o regiones capitalistas. Si atendemos a las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), China adelantará en apenas cuatro años a Estados Unidos como la primera potencia mundial. Además, en su imparable ascensión, la economía china logrará situarse por delante del conjunto de la eurozona ya en 2012. Le seguirá la India de la que prevé que también logrará a medio plazo superar a EE UU y, junto con Indonesia, también a China. El Producto Interior Bruto (PIB) de China fue en 2011 un 17% del total mundial, porcentaje equivalente al de la eurozona pero todavía inferior al 23% de Estados Unidos. No obstante, el PIB chino pasará a suponer el 28% en 2030, cuando los de los otros dos bloques habrán quedado reducidos al 12% y al 18% respectivamente, indica la OCDE. 

Esta evolución económica está trastocando equilibrios de poder político más o menos estables dentro del sistema internacional. La geopolítica está alejándose de un mundo dominado por Europa y EE UU. Nos dirigimos hacia un mundo capitalista con muchas potencias regionales, pero sin un dirigente mundial, y se acerca una nueva era de inestabilidad económica debida tanto a los límites físicos del crecimiento como a la agitación financiera. Estamos pasando de un mundo unipolar, encabezado principalmente por EE UU, a otro multipolar, en el que EE UU, Europa, países emergentes como Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y potencias menores como Turquía tienen una influencia regional. Esta pugna intensifica la codicia por aumentar las ganancias de los grupos económicos y financieros más poderosos, por hacerse con el dominio de más mercados o abrir nuevos. Las distintas regiones –incluidos los países– quieren obtener beneficios unas a expensas de otras, compitiendo duramente para defender su lugar y jugar un papel en la economía y la política futuras. La feroz competencia global entre las potencias económicas regionales no excluye que se de una colaboración entre ellas pero tampoco escenarios de fuertes enfrentamientos, algunos violentos.

La complejidad combinada con la incertidumbre es un rasgo fundamental de la escena global contemporánea. Crece el escepticismo y cada vez resulta más dudoso que, tal como está organizada y orientada la economía, dominada por la codicia, la competencia y el crecimiento ciego, sin fin y sentido, puedan encauzarse, cuando menos de un forma mínimamente satisfactoria, no solo los problemas globales financieros que hoy ocupan el centro de atención, sino otros tan urgentes como el subdesarrollo, la pobreza, las crecientes desigualdades de riqueza y de renta, los déficits democráticos, el agotamiento de muchos recursos naturales, el encarecimiento de los alimentos, la escasez del agua, las guerras, la destrucción del medio ambiente y el paro. 

El capitalismo se ha beneficiado del debilitamiento de la crítica en las dos últimas décadas y de una mala crítica. Toda crítica, la mejor y la peor, era rápidamente descalificada por los legitimadores del capitalismo. Bajo este ángulo estamos ya en un nuevo período. Una nueva voluntad crítica se abre paso estimulada por las políticas liberales y la mundialización capitalista. La crítica ha encontrado una voz más fuerte con la crisis actual, con la dirección y el ritmo que está tomando la globalización económica.

Esta complejidad de nuestro mundo, muy interconectado y superpoblado, diverso y plural, en donde los cambios económicos, sociales, culturales y técnicos se suceden de forma acelerada, no pone las cosas fáciles a la buena crítica y a las soluciones constructivas. 

El concepto de capitalismo ha sido objeto de intensos debates y existen discrepancias sobre su significado, origen y evolución histórica. En cualquier caso, el desacuerdo no es tan radical como puede parecer a primera vista. Se trata más bien de que cada autor o corriente ideológica hace énfasis en aspectos constitutivos diferentes de lo que tanto en el ámbito científico como coloquial llamamos capitalismo. El término, muy posterior a capital y capitalista, de los que se deriva, comenzó a utilizarse a mediados del siglo XIX para indicar, a menudo con un sentido de crítica social, el sistema contemporáneo de producción económica. Por otra parte, la evolución del capitalismo posterior a la Primera Guerra Mundial (mayor intervencionismo estatal, economías mixtas, nuevas formas de gestión, globalización de la economía, etc.) ha llevado a introducir importantes matices y diferenciaciones en una conceptualización que parte principalmente de las características del siglo XIX europeo. Por mi parte, quiero precisar que cuando hablo de capitalismo me refiero a un conjunto de prácticas económicas que aparecen imbricadas dentro de un mundo social que tiene poco que ver con la economía. La economía contiene elementos extraeconómicos que no son generados espontáneamente por lo que entendemos como dinámica propiamente capitalista, sino que proceden de fuera de ella, de las instituciones políticas, para acabar integrándose, mejor o peor, en un todo. 

No podemos perder de vista que las economías de mercado y todas las economías funcionan en un marco institucionalizado: político, jurídico, ideológico, cultural e incluso moral. Hay muchos marcos distintos, y cada uno de ellos tiene consecuencias para la distribución de la riqueza, así como para el crecimiento, para la eficiencia, el cuidado del medio ambiente y la estabilidad. No todos funcionan de la misma manera ni producen los mismos resultados en cuanto a bienestar social.

El capitalismo es un sistema social con una gran capacidad de adaptación que muta y evoluciona en respuesta a un entorno cambiante. Es un sistema de interrelaciones muy denso y muy complejo en el que todos estamos involucrados, aunque en modo muy desigual y con muchas contradicciones. Un sistema que tiene la codicia como principio rector del desarrollo económico. Un sistema con una visión del progreso reducida exclusivamente a la rentabilidad y productividad económicas. La historia del capitalismo está marcada por una interacción constantemente cambiante entre el progreso tecnológico y los ciclos financieros, en un proceso permanente de autodestrucción y recreación. Su mayor fortaleza radica en su capacidad para abordar sus propias contradicciones internas y relanzar su dinámica a partir de ellas, así que la cuestión de su fin o de su superación no es un tema para profecías baratas.

Estos dos factores, la falta de una alternativa y su capacidad de regenerarse, ha hecho que se instale en la sociedad, por una parte, un fuerte fatalismo, un cierto determinismo económico que se puede resumir con la frase el capitalismo siempre se abre paso adelante y, por otra, la esperanza escatológica de una implosión del capitalismo siguiendo, por analogía, el ejemplo del comunismo soviético, una esperanza bastante extendida y que ha llegado a formar parte de una de las ideas del manifiesto de Democracia Real Ya del movimiento 15-M: «El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso» (del manifiesto «Democracia real ya», mayo 2011).

publicado en. http://www.pensamientocritico.org/kepbil0613.htm

 

Capitalismo ¿Tarjeta roja o amarilla?

Puede resultar paradójico, pero en la situación actual, aun habiendo una enorme crisis de legitimidad del discurso neoliberal, de sus recetas económicas y, en cierta medida, de confianza en el sistema capitalista, estamos muy lejos de poder contemplar que un cambio radical del orden económico existente pudiera contar con un amplio apoyo popular.

Tampoco es que abunden las tarjetas rojas, las alternativas de transformación social y económica de conjunto. De hecho, si uno echa un vistazo a las distintas propuestas económicas de los principales partidos de izquierda, desde el PSOE a Podemos, pasando por IU, EH Bildu y ERC, estas no pasan de ser tarjetas amarillas, propuestas parciales de corrección del modelo capitalista neoliberal, unas un poco más audaces que otras, eso sí, nada desdeñables, pero todas ellas de corte keynesiano en lo económico y socialdemócrata clásico en lo político. Medidas al fin y al cabo conservadoras que tratan de minimizar las pérdidas de muchos de los logros sociales alcanzados. Nada que pueda ser considerado de socialista, revolucionario, disparate, quimérico, extremista o de medidas que nos puedan llevar al apocalipsis, como vienen siendo calificadas e interpretadas de forma interesada por una buena parte de analistas y tertulianos de las revistas especializadas y de los medios de comunicación y persuasión, la mayoría en manos de la banca y de las grandes empresas.

El keynesianismo nunca fue un programa de transformación económica, sino de conservación de un capitalismo en crisis. Es principalmente un programa para reavivar las economías nacionales, cosa que podría hacerlo a corto plazo, pero la hiperglobalización ha complicado de manera importante este problema.

No es mi intención entrar en el análisis de dichas propuestas neokeynesianas correctoras del capitalismo, de su viabilidad, sostenibilidad y enormes dificultades para ser llevadas adelante dado el estrecho margen de negociación en el marco de una Unión Europea en la que predomina el dogmatismo económico conservador, entre tanto ruido de los mercados, manejos de multinacionales, paraísos fiscales, intereses nacionales -en muchos casos antagónicos- y juegos de poder. Tampoco pretendo debatir acerca de la posibilidad de salirse de la dicotomía neoliberales/socioliberales versus neokeynesianos que ocupa el centro del debate hoy en Europa en los programas económicos, ni de la complejidad que entraña la construcción de un proyecto rupturista alternativo de transformación socio-económica de conjunto, de los límites existentes en Europa y en el mundo actual con los que se encontraría, si lo hubiera, o, por último, de discutir los fundamentos o su falta.- de quienes diagnostican la corrosión terminal del capitalismo y su inminente colapso.


En las siguientes líneas me centraré en hacer unas breves observaciones sobre el objeto central de discusión, de corrección en unos casos o de ruptura en otros, el capitalismo.

Expondré algunos de sus rasgos generales que considero son los fundamentales y que tienen una relación estrecha con la crítica. Mi propósito es que sirvan de marco reflexivo general introductorio, previo a poder abordar en otra ocasión con una mayor perspectiva las cuestiones anteriormente planteadas.

1.- La primera observación que quiero hacer es que el capitalismo no es un sistema diabólico sostenido por la maldad de unos pocos, ni un virus maligno instalado en el cuerpo sano de la humanidad. Esforzarse por tratar de huir de la tentación por las simplificaciones es la primera condición de todo observador crítico. El capitalismo es un sistema de interrelaciones muy denso y muy complejo en el que todos estamos involucrados, aunque en modo muy desigual y con muchas contradicciones.

2.- El capitalismo se inserta en un sistema institucional determinado, político, jurídico, ideológico, cultural e incluso moral. Hay distintos sistemas institucionales, y cada uno de ellos tiene consecuencias para la distribución de la riqueza y el poder, así como para el crecimiento, para la eficiencia, el cuidado del medio ambiente y la estabilidad. No todos funcionan de la misma manera ni producen los mismos resultados en cuanto a bienestar social.

3.- No existe un único modelo de desarrollo económico capitalista, las economías capitalistas se pueden situar en un continuo entre dos tipos ideales extremos, el conocido como modelo angloamericano y el modelo renano-nipón que se practica en Alemania, Suiza, el Benelux, en Europa del Norte y, con variantes en Japón. Por lo demás, estos dos modelos, desde hace más de treinta años, con la hiperglobalización económica y la hegemonía del neoliberalismo, no han dejado de aproximarse y cada vez resulta más forzado separar por una línea clara estas dos clases de capitalismo.

4.- El capitalismo es un producto histórico con una gran capacidad de adaptación que muta y evoluciona en respuesta a un entorno cambiante. Es un sistema relativamente joven y en constante evolución. Apenas tiene algo más de tres siglos desde que se originó en Occidente gracias al surgimiento en el temprano período moderno en Italia, los Países Bajos y Gran Bretaña de un sistema bancario que vinculó al Estado y a la naciente burguesía mercantil en la generación de dinero crédito para financiar la producción y el intercambio. No es lo mismo el capitalismo semiesclavista primitivo que el de los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, ni aquel al actual. Tampoco es lo mismo el capitalismo de hoy de la Europa occidental al existente en Rusia o en China. Tal vez habría que hablar de capitalismos más que de capitalismo.

5.- Derivado de lo anterior, podemos decir que el sistema económico capitalista no es un sistema abstracto que se aplique en todo tiempo y lugar con los mismos efectos, independientemente de las estructuras sociales, culturales y políticas. El capitalismo toma cuerpo en sociedades históricas concretas que le confieren características peculiares. Con esto no quiero decir que el capitalismo no posea un núcleo duro, que lo caracteriza y que no ha variado a lo largo de su historia: la transformación permanente del capital, de los bienes de equipo, de las materias primas y demás recursos como la fuerza de trabajo en mercancías, de la producción en dinero y del dinero en capital.

6.- En los dos últimos siglos, la economía capitalista ha mostrado un gran dinamismo, ha tenido mucho éxito en lo concerniente a la invención, la afirmación individual, la producción en masa y la distribución comercial de todo tipo de bienes y servicios, pero, a su vez, ha sido y es fuente de grandes problemas. Ha demostrado ser un sistema de mercados defectuoso que, cuando menos, si no se regula y limita su desarrollo, lleva a profundas depresiones periódicas, a crisis como la que estamos viviendo, a grandes desigualdades, guerras, a un imprudente tratamiento de los recursos naturales y agresiones al medio ambiente fruto de su voracidad congénita. Son demasiados los fallos del sistema, los daños que ha causado, causa y puede causar, como para caer en actitudes autocomplacientes y no sopesar, como mínimo, su esencial ambivalencia.

7.- Prescindir del mito de que los mercados son libres, que se bastan por sí solos y que son generalmente eficientes es el primer paso para la comprensión del capitalismo. Los mercados son el locus del conflicto y la lucha entre grupos económicos e intereses desiguales. Aquí, los precios no expresan simplemente un equilibrio eficiente entre la oferta y la demanda determinado espontáneamente por miríadas de individuos no relacionados que buscan maximizar su utilidad. Por el contrario, los precios representan el resultado de una lucha por el poder económico entre distintos intereses de grupos definidos por su posición en el sistema capitalista.

8.- Los mercados requieren necesariamente de instituciones ajenas para poder funcionar. Necesitan el Estado. El alcance de su intervención en la economía es objeto de controversia desde A. Smith y el que sea mayor o menor caracteriza las opciones políticas y las distintas variedades de capitalismo. La pregunta relevante no es si actúa o no, sino cómo actúa y en qué sentido orienta sus actuaciones. Si lo hace en la búsqueda del interés general o para satisfacer las demandas de un sector minoritario de la población que persigue en exclusiva el beneficio propio.

9.- El capitalismo tiene la codicia como principio rector del desarrollo económico. Aunque si bien es verdad que la codicia es algo profundamente arraigado en la naturaleza humana, también lo es que ha sido intensificada por el capitalismo hasta el punto de haberla convertido en los cimientos psicológicos de toda una civilización.

10.- El capitalismo se presenta como amoral. Este dejar en suspenso la moralidad cuando se actúa en el mercado, es algo bastante compatible con la idea de moralidad de los teóricos liberales y afines que consideran que la moralidad es cosa a tener en cuenta en otros ámbitos: familiares, lazos de amistad, ayuda a los muy necesitados, etc., pero que es cosa perjudicial cuando se entremezcla con la actividad económica.

11.- Es un sistema con una visión del progreso reducida exclusivamente a la rentabilidad y productividad económicas y en el que impera una economía fuertemente competitiva y monetarizada que nos somete a una presión contínua de querer cada vez más y más.

12.- Uno de los rasgos más significativos del capitalismo que se desarrolla a partir de la década de los 80 es, junto a la financiarización de la economía, la expansión de los mercados y de los mercados de valores hacia las esferas de la vida a los que no pertenecen. La intromisión de los mercados -y del pensamiento orientado hacia los mercados- en aspectos tradicionalmente regidos por normas no mercantiles ha producido un fuerte proceso de mercantilización de la vida. Esta invasión de nuestras sociedades por la cultura de mercado ha tenido consecuencias significativas en nuestras relaciones sociales, personales y en nuestro bagaje ético. Ha propiciado el desprestigio de lo público y lo común frente a lo privado, la sobrestimación de la rentabilidad monetaria frente a la subestimación de la rentabilidad social y el elogio del individualismo, ahí está, como ejemplo, el insistente discurso de que la salida de la crisis es cosa de la promoción del esfuerzo individual, encarnado en la figura del ¨emprendedor¨.

13.- El capitalismo ha logrado un progreso incomparable en la creación de riqueza, pero nos ha quitado la principal ventaja de esa riqueza: la conciencia de tener suficiente, nos ha incapacitado para hacer un uso civilizado de ella.

14.- La historia del capitalismo está marcada por una interacción constantemente cambiante entre el progreso tecnológico y los ciclos financieros, en un proceso permanente de autodestrucción y recreación.

15.- Su mayor fortaleza radica en su maleabilidad, en su capacidad para abordar sus propias contradicciones internas y relanzar su dinámica a partir de ellas, así que la cuestión de su fin o de su superación no es un tema para profecías baratas. El capitalismo desde que surge está siendo modificado por factores que no tienen que ver siempre con los intereses de los capitalistas sino con las luchas sociales, con la crítica social, las teorías económicas, las políticas de los gobiernos, los intereses nacionales, por factores internacionales, por tensiones dentro de los capitalistas capital productivo y capital financiero.-, etc.

16.- El capitalismo segrega ideología o, dicho de otra forma, las prácticas económicas van acompañadas de un mundo de ideas nada desdeñable, derivadas del propio capitalismo y que influyen a su vez en su desarrollo. Quienes tienen la riqueza la utilizan para comprar el poder político, científico y mediático y de este modo, no solo aumentar su riqueza o reforzar sus posiciones económicas sino también intentar condicionar nuestra forma de pensar, hacer que parezca aceptable y necesario lo intolerable.

17.- Además de la dimensión ideológica, estas prácticas económicas son dotadas de sentido por un conjunto de teorías económicas como son el carácter autoregulador de los mercados, la teoría de los mercados eficientes, la teoría de las expectativas racionales, la teoría del goteo o de la filtración descendente -la peculiar idea de que enriquecer a los de arriba redunda en beneficio de todos, incluido los pobres-, la teoría de los ciclos económicos reales o los modelos de evaluación de riesgo, que, a su vez, destilan creencias, en la base de estas se encuentra una antropología reductora del ser humano: el homo economicus; conceptos como los de racionalidad, competitividad, flexibilidad, productividad, que juegan un papel muy definido; culturas como la del enriquecimiento rápido y sin esfuerzo y subculturas como las del virus especulativo, la del capital impaciente, la cultura del riesgo y del consumismo; legitimaciones para justificar lo que hacen los capitalistas y financieros así como el apoyo que de forma privilegiada les brinda el Estado. Entre estas justificaciones destaca la sumisión a las leyes de la economía, esta sumisión a la ciencia económica ha dado lugar a una representación del mundo en la que se separan los aspectos económicos del tejido social constituyéndose así la economía como un ámbito autónomo, independiente de la ideología y de la moral, que obedece a leyes positivas.

Keynes dijo en una ocasión que incluso «los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto». Se podría decir con Dani Rodrik que se quedó corto y apostillar que las ideas que han dado lugar a las políticas de los últimos 50 años proceden de economistas que están, en su mayor parte, muy vivos.

10-01-15

(Galde 09, invierno 2015) en: http://www.galde.eu/capitalismo-tarjeta-roja-o-amarilla/