Presentación del libro de Antonio Rivera «El día en que ETA puso en jaque al régimen franquista» por Kepa Bilbao Ariztimuño.


Arratsaldeon, eskerrik asko aurkezpen honetara etortzeagatik.

Cuando Antonio, a través de Mikel Toral, me propuso la idea de presentar su libro, me cogió tan de sopetón, que tardé un tiempo en reaccionar. Conocía el libro, estaba entre mis lecturas de esos días y acababa de leer el primer capítulo. Y, la verdad, lo que me decidió a estar hoy aquí es que conozco a Antonio desde hace ya unos cuantos años, de pasar muchas tardes y noches en su compañía, rumiando sus trabajos. Conocía al historiador, al pensador, y esta era una oportunidad de estar con la persona, de saludarla, y, aquí estoy, y es un placer.

Como creo que estamos en familia me puedo ahorrar hacer la presentación de la lista de méritos -que no es nada corta, por otro lado- del catedrático de historia contemporánea de la UPV que tenemos aquí, de su numerosa obra escrita.

El libro 20 de diciembre de 1973. El día en que ETA puso en jaque al régimen franquista corresponde a una colección de 7 títulos lanzada por la editorial Taurus, que trata a partir de profundizar con detalle en el conocimiento de un hecho relevante ocurrido un día concreto de la historia de España del siglo XX, saber cual es el escenario de una época, en este caso, del tiempo final del franquismo. Como dice Jordi Canal en la presentación de la colección, de esta forma “la aproximación micro se convierte en la clave de una aproximación macro”.

Antes de entrar con el contenido me gustaría destacar una clara virtud que le veo a esta colección, me refiero al formato, distinto del típico libro tocho de historia de 400 páginas escrito por y para la comunidad académica, un formato al que Paul Krugman llamó de aeropuerto y yo añadiría de consulta de espera médica, de autobús o tren. Un formato y un estilo de “conozca usted la historia en tres días” escritos en un lenguaje claro y sencillo. Es decir, un formato, que además de poner la historia al alcance del público, lo hace a un precio muy asequible.

En cuanto al contenido no es fácil condensar en menos de 180 páginas los temas claves que rodean el magnicidio de Carrero, su contexto y consecuencias. Un suceso que supuso un punto de inflexión en el tardofranquismo.

Seguramente no faltará quien se haya preguntado qué de nuevo se puede contar y decir de aquel atentado que no se haya dicho ya, que no se sepa. Os diré que en mi caso, en su lectura, como me ha sucedido con otros trabajos de Antonio, he encontrado pistas, algunos matices y reflexiones que han enriquecido mis conocimientos sobre aquel episodio y lo que le rodeó.

He seleccionado algunos temas para ordenar la exposición o la conversación que tengamos……..pero antes, Antonio, si quieres decir alguna cosa, no referida al contenido, sino acerca de lo que ha significado y supuesto el trabajo para ti…

1) El primer tema que me parece obligado abordar es si fue ETA verdaderamente la autora o hubo una mano negra.

Y es que aquel magnicidio provocó tanto en los círculos políticos oficiales como en la oposición, desconcierto y perplejidad, además de un tremendo impacto en España y fuera de España.

Significativo de esto que digo es que cuando Franco se enteró, dirigiéndose a Torcuato Fernández Miranda, presidente en funciones, le dijo: “la tierra tiembla bajo nuestros pies”.

Mucho se ha escrito sobre si hubo o no una mano negra, si realmente fue ETA la autora del atentado o algún sector opuesto a Carrero dentro del Régimen o si fue obra de algún servicio secreto extranjero.

ETA necesitó cuatro comunicados y una rueda de prensa para dejar claro que había sido ella, además del libro Operación Ogro.

Bueno, pues ni siquiera el paso de los años han logrado acabar del todo con las especulaciones en torno a este suceso. Os ilustro con una anécdota que me pasó el otro día: tenía cita médica y, como acostumbro, llevaba un libro para sobrellevar las, a veces, largas esperas. Una vez acabada la consulta y cuando me disponía a salir por la puerta, el médico, sin cortarse un pelo, al ver que sobresalía del bolsillo de mi txamarra un libro, me preguntó por su título, le dije que se trataba del caso de Carrero e inmediatamente me dijo: “¿YA ESTÁ CLARO QUIÉN FUE?”

De este confusionismo y especulaciones participó el PNV y el PCE. El PNV, por boca del lehendakari Leizaola, negando la autoría de ETA y diciendo que los vascos no hacemos estas cosas porque son, y cito literal, “impropias del hombre vasco” y el PCE porque era cosa de profesionales experimentados y no de amateurs’ que, de manera irresponsable, reivindican la paternidad del atentado. Carrilo llegó a decir que eran los servicios secretos norteamericanos.

Pero antes de hablar de la reacción del gobierno, la sociedad y la oposición, me gustaría, Antonio, que comentaras

¿en que se han basado y basan estas teorías especulativas sobre su autoría? En el libro dejas muy claro que fue ETA autónomamente, que el relato de los hechos está acabado aunque aún sigue habiendo algunas piezas sueltas. Son precisamente estas piezas sueltas, nada centrales en tu opinión, unidas a la cantidad de pormenores inverosímiles que tienen lugar previamente al atentado, las que han inspirado las diversas teorías conspirativas. ¿Podrías aclarar esto?.

2) ¿Cómo reaccionó la sociedad, la oposición, los partidos?

De la sociedad en general no podemos hablar, no estaba Tezanos, no tenemos un indicador que lo cuantifique o cualifique. Lo que sí podemos decir es que en principio nadie condenó el atentado como tal, la izquierda criticó el método.…y hubo muchas celebraciones, no solo por estas tierras sino fuera, en Europa.

En cuanto a la oposición, la reacción del PNV y el PCE ya la he comentado antes.

En la izquierda del PCE creo que solo el PC (i), el que fuera luego PTE, puso en duda su autoría. En su Mundo Obrero Rojo de febrero titulaba el tema como “un asunto poco claro” y enfatizaba que “la gente sencilla del pueblo sospechamos que había gato encerrado

El MC, en su órgano central, Servir al Pueblo, nº 23 de enero de 1974, titulaba su editorial de la siguiente manera:

¿Y ahora…? ¡Activismo individual o preparación de las masas para la revolución?

La editorial, entre otras cosas, decía que el problema es mucho más hondo que el de saber si merecía o no merecía ese fin. Merecerlo, dicen, lo merecía con creces. Ahora bien: el atentado que ha acabado con él ¿es un tipo de acción correcta o no? Son acciones de ese género las que van a dar al traste con la dictadora fascista o no? Este es el principal problema que pone sobre el tapete el hecho que comentamos.

La LCR-ETA (VI) manifestó su apoyo total a la acción a la vez que criticaba la política militar de ETA como una línea de «violencia minoritaria».

La ORT, en la misma línea, subrayaba lo negativo que había sido el atentado de cara a las movilizaciones programadas con motivo del juicio 1001 a la dirección de CCOO que comenzaba ese mismo día.

Como cuenta Antonio en el libro, solo los anarquistas del Frente Libertario, el portavoz del sector no oficialista de la CNT, se manifestaron sin peros ante lo que definieron como un acto liberador para la clase obrera y todos los pueblos oprimidos del Estado español.

La revista El Socialista de enero de 1974 habló de tiranicidio.

3) La figura de Carrero y su papel en el régimen.

Generalmente, cuando se menciona a Carrero, la atención se centra en lo espectacular de su muerte y solo de pasada en la figura política y el papel que jugó en el régimen.

El retrato más conocido que se tiene del almirante Carrero es el de un militar con pocas medallas metido a político.

Carrero fue un leal devoto de Franco, su número dos, la “eminencia gris” desde 1941 de una dictadura represora. Un católico integrista, antiliberal, por supuesto anticomunista. Discreto y austero.

Cuando en junio de 1973 fue designado por Franco presidente de gobierno, para asegurar la continuidad de su régimen, Carrero era ya un figura gastada. Envejecido, en 1972 le confesó a López Rodó: “Los años pesan, estoy cansado y tengo la cabeza como un bombo”.

Su distanciamiento de lo que ya entonces era la sociedad española se reflejaba claramente en un escrito repartido pocas horas antes de su muerte y destinado a debatirse en el consejo de ministros en los días inmediatamente posteriores.

El escrito partía de una visión conspiratoria de la historia, mostraba su obsesión por los grandes demonios de la España franquista, el comunismo y la masonería, y advertía de su infiltración, tras años de desarrollo y modernización, en la Iglesia, en las Universidades, en las clases trabajadoras, en los medios de información y escribía literalmente “espero que todavía sin éxito en la policía y en las FFAA”. Pero lo que más disgustaba e indignaba a Carrero era el cambio acontecido en la Iglesia.

Su nacionalismo y su condición de militar formaban un todo con sus concepciones religiosas. Así se entiende que al final de su vida le dijera al cardenal Tarancón que para él era más importante ser cristiano que presidente de gobierno.

En el escrito hacía mención a la represión de la que afirmaba taxativamente que “debía ser dura”. Le obsesionaban las cuestiones relacionadas con la formación, lo que se refería a la moralización en términos genéricos, como la venta de libros y revistas contrarios al ideario propio o inmorales, se refería a los bailes y música decadentes. “Se trata, escribió Carrero, de formar hombres, no maricas”.

El orden y la unidad en torno al ejército fue la fórmula de Carrero. «Orden, unidad y aguantar” frente a los enemigos externos y «buena acción policial para prevenir cualquier subversión» interna.

Este fue el horizonte político y mental con el que se enfrentó luego uno de sus escasos receptores como fue Arias. Un franquista puro que no se llevaba con el rey, a diferencia de Carrero. Carrero no creó escuela y al final su memoria fue apropiada por lo que entonces se conocía como el “bunker”, los más ultras del régimen.

Ahora bien, además de este retrato de un Carrero inmovilista, Antonio señala, siguiendo a su biógrafo Tusell, que Carrero fue una figura muy importante y sus decisiones determinantes en tres procesos:

1) Impidiendo que la dictadura franquista, tras los intentos constituyentes del modelo fascista de Arrese en 1956, se articulara en un Estado fascista. Toda una generación de franquistas, la mayoría del Opus Dei, encabezada por el principal mentor de Carrero, López Rodó, colaboró en la institucionalización de un régimen que se ha definido como tecno-autoritario.

Y, ciertamente, Carrero desconfiaba de la falange más radical. En escritos del los años 40 aparecen constantes críticas a los falangistas, y en particular a Serrano Suñer, el cuñado de Franco. De hecho, dice Tusell, que Carrero influyó en Franco en su defenestración y contribuyó al alejamiento del modelo del partido único, como el de Musolini, a mediados de los cincuenta, y, una década más tarde propiciando junto con López Rodó y los suyos, la Ley orgánica del Estado de enero del 67, donde la administración del Estado no se subordinaba al Movimiento Nacional.

2) el segundo punto en que su papel fue fundamental es en la instauración, que no restauración, de la Monarquía en la persona de Juan Carlos. Una monarquía que nada tiene que ver con la actual. La monarquía por la que abogó Carrero es la tradicional y autoritaria, una que recogiera los valores y el espíritu del Movimiento Nacional.

3) Y, por último, fue muy importante su respaldó a los hombres del Opus Dei que impulsaron los planes de desarrollo y estabilización.

De los tres puntos me gustaría que nos detuviéramos en el primero, que tal vez sea el mas desconocido, por un lado, y, por otro, el más discutido por un sector de la historiografía y sociología. Una cuestión de mucha actualidad dado el uso y abuso que se viene haciendo de la palabra fascismo.

En el fondo está el debate sobre la naturaleza del franquismo, que en su día, como recordaréis, se concretó en las dos formulaciones más seguidas por los historiadores para definirla, la del sociólogo y politólogo Juan José Linz, que definió al franquismo, a mediados de los años sesenta del pasado siglo, como régimen autoritario de pluralismo limitado, de la que Tusell es deudor; y la procedente de la sociología e historiografía marxista, de los Tuñón de Lara, Fontana, etc., que definieron el régimen franquista de dictadura fascista.

Creo que este punto merece que le demos una vuelta porque pese a que a principios de los 90, Tusell, Aróstegui y otros consideraron que su discusión estaba agotada y era estéril, sigue vivo en algunos sectores, y ha resucitado a raíz de la escisión de Vox del PP.


                                Notas aclaratorias, de apoyo.

*Tusell ha manejado para su biografía fuentes de primera, además de una amplia documentación oficial y bibliográfica, fuentes procedentes de archivos familiares y privados (facilitados por Luis, uno de los hijos del propio Carrero) y de otros personajes destacados.

*Para algunos críticos de la biografía de Tusell, la empatía y la cercanía con el biografiado resulta excesiva.

*Javier Pradera, en la presentación en Madrid de la biografía en 1993, comentó que Tusell había sido “acaso un poco débil con al almirante” porque “se ha dejado guiar por su entusiasmo de biógrafo”.

*Años más tarde Tuñón de Lara asume que la dictadura franquista pasó por dos fases. Una primera se configuró como una variedad del fascismo, él hablaba de fascismo rural; y la segunda, como una dictadura de derechas, aunque, según afirman la mayor parte de los historiadores y analistas, no prescindió de ninguno de sus elementos fundamentales.

Para T.Lara se ha querido utilizar el término “autoritario” para hacer menos sospechoso el régimen, llegándose incluso a hablar de pluralismo. No es esta la opinión de Julio Aróstegui que considera que negar el fascismo del régimen de Franco no significa un trato favorable ni la aceptación de las tesis opuestas, el calificativo fascista, dice, no define bien al régimen ni explica de forma adecuada sus componentes.


4) ¿Qué ETA fue la que atentó a Carrero?

Así como hemos hecho el retrato de Carrero me gustaría pasar a hacer el de la ETA que lo llevó a cabo. Digo esto porque en el 73 había tres ETAs (milis y ETA VI dividida entre mayos y minos) y porque hay una idea muy extendida demasiado homogénea o monolítica de la ETA de aquellos tiempos iniciales. [Me lo volvió a confirmar, el otro día, viendo la presentación del último libro de Gaizka Fernández Soldevila (De ETA al Daes), la presentadora. Contó la existencia en el libro de 9 ETAs a lo largo de su historia y quedó sorprendida del descubrimiento]

Hagamos un esquemático repaso. El liderazgo militar de ETA de los 70 de Etxabe pasó a manos de Eustakio Mendizabal (Txikia) al año siguiente. Asesinado por la policía en el 73, en plenos preparativos de la operación Ogro, el liderazgo pasa a manos de una dirección más coral. Estaban entonces: Argala, Peixoto, Txomin, Wilson, Pertur, Ezkerra, entre otros, siendo Argala y Ezkerra los que liderarían la línea militar en las respectivas escisiones del 74, entre milis y polimilis. Y, siendo a la postre, la línea militar iniciada por Argala quien dará continuación en el tiempo a ETA.

Sería interesante comentar algo sobre la composición heterogénea de aquella ETA del 73, autora del atentado.

5) ¿Qué consecuencias tuvo el atentado para ETA?

Sobre la legitimidad de la violencia.

El atentado supondrá un salto cualitativo de ETA, atentando por primera vez fuera de Euskadi y nada menos que contra el presidente del gobierno.

Las simpatías por el atentado de Carrero traspasaron fronteras y redobló su prestigio que se había visto acrecentado a raíz de las protestas contra el juicio de Burgos tres años antes.

ETA se convertirá en uno de los principales actores del antifranquismo, monopolizando en la transición el llamado rupturismo.

El prestigio de ETA aquellos años fue también el prestigio de la violencia política como recurso eficaz de lucha en la conquista de logros políticos, así como de su causa: la independencia. Algo que caló en amplios sectores de la población, en particular en la juventud.

Lo más negativo resultaría ser la legitimación de la violencia de ETA. Lo más positivo el reforzamiento de la lucha antifranquista hasta el fin de la dictadura (recuerdo que fue espectacular esos años el aumento de la militancia antifranquista, en concreto, en ETA y en los partidos de la extrema izquierda, llegando estos últimos a doblar y triplicar su militancia).

Tengo que decir que muy pocos intuimos las consecuencias tan problemáticas que pudieran derivarse de una acción como aquella, me refiero a la deriva posterior de ETA. Consecuencias que solamente con el paso del tiempo fuimos conscientes y pudimos abordar, algunos antes, otros mucho más tarde.

Además de la incapacidad de comprender los sufrimientos causados a las víctimas, tuvimos una escasa conciencia de los problemas y males que conlleva el ejercicio de la violencia, incluso de la más justificada y proporcionada por darse en unas circunstancias excepcionales (tendencia al militarismo, al autoritarismo, a la perpetuación…) y de sus consecuencias, incluidas las no queridas, tanto en el sistema político, en la evolución de la sociedad y su cultura, como en los propios que la practican y en los que la apoyan.

Es un hecho que la ETA antifranquista fue la que gozó de una mayor legitimidad social y política, nacional e internacional. El contexto de tiranía en el que surgió y se desarrolló durante esta etapa redujo enormemente los efectos negativos y trágicos tanto de su violencia, como de su horizonte político-ideológico.

El atentado de Carrero está en el centro del debate sobre la violencia de ETA porque es uno, sino el principal ejemplo, (otro sería Manzanas) que se enarbola para justificar la legitimidad de su violencia bajo la dictadura e, incluso, de su oportunidad y necesidad.

Esto nos lleva a hacernos una serie de preguntas y reflexiones que las planteo de forma abierta para debatirlas.

¿Es legítima la violencia bajo una tiranía, bajo un régimen que conculca de una forma flagrante los derechos humanos?

Los antiguos reconocían la legitimidad del tiranicidio, esto es, de la muerte del tirano como deber ciudadano en defensa de la libertad.

En mi opinión, el interrogante no tiene una única respuesta absoluta e incondicional, definitiva, afirmativa o negativa, para todos los tiempos y en todas las situaciones y circunstancias. Hay que aterrizarla a un tiempo, una situación, país y condiciones concretas, para dilucidarla en una u otra dirección.

En todo caso, hay que tener en cuenta que rebelarse, utilizar la violencia contra una dictadura o tiranía, puede ser justo pero, en según qué casos, puede que no sea conveniente. Toda violencia, hasta la más justificable no está exenta de problemas, de acompañantes perniciosos….Hay que sopesar muy bien tanto sus posibles formas como las consecuencias, y así y todo…

En el caso del tiranicidio, a la luz de la experiencia más cercana, podemos decir que la muerte del tirano no suele resolver los problemas y más bien añade otros nuevos (Irak/Libia…).

Por otro lado, el recurso de la violencia en las organizaciones de la izquierda comunista se inspiraba en experiencias insurreccionales pasadas y formaba parte de la cultura revolucionaria y de una tradición ideológica en la que la violencia estaba entre las tareas imperativas en última instancia, no solo para acabar con las dictaduras sino para llevar a cabo la implantación de un régimen considerado superior al capitalista.

Especial influencia ejercieron las múltiples experiencias guerrilleras de carácter antiimperialista, de liberación nacional o anti dictatorial que habían tenido lugar en el mundo en los años precedentes. Recuerdo el fuerte impacto que tuvo en el 73, es un ejemplo, el golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno de Unidad Popular de Allende. Aquel acontecimiento se utilizó como argumento incontestable acerca de la imposibilidad de alcanzar cambios de importancia en la sociedad que mermaran los intereses y privilegios de los más poderosos por la vía democrática, electoral, reafirmando en esas izquierdas la necesidad estratégica de la violencia.

6) Darle una vuelta al contexto

El tiempo final de Carrero coincidió con la emergencia de una conflictividad social creciente y con una oposición política cada vez más activa, paralela a un endurecimiento de la política represiva del régimen.

Algunos hitos destacados:

-El 2 de marzo de 1974 el militante anarquista Puig Antich será asesinado, mediante garrote vil, tras un autentico “juicio-farsa”.

-El 25 de abril de ese mismo año, tiene lugar la “Revolución de los Claveles” en la vecina Portugal, un factor de enorme ilusión e impulso del movimiento antifranquista.

-Quizá la mejor expresión de las ilusiones y esperanzas populares fue la Huelga General del 11 de diciembre en Euskadi y que, pese a la oposición del PCE y de la dirección de CC OO tuvo un absoluto éxito.

-El 27 de septiembre de 1975, pese a una enorme protesta nacional e internacional, el régimen fusilaba a los militantes de ETA (p-m) Txiki y Otaegi y a los del FRAP Baena, Sánchez- Bravo y García Sanz.

-Dos meses después, el 20N, moría Franco y pocos meses después, el 3 de marzo de 1976 tuvo lugar la salvaje intervención de la policía contra la asamblea de huelguistas reunida en la iglesia de San Francisco de Asís de Vitoria-Gasteiz produciéndose cinco muertos y un centenar de heridos, muchos de ellos de bala.

7) Para acabar, podemos pasar a comentar las consecuencias que tuvo el magnicidio para el régimen y su continuidad.

Dices en el libro que el debate historiográfico se ha planteado habitualmente en términos contrafactuales, en el qué hubiera pasado si Carrero no hubiera desaparecido.

¿Habría sido posible la transición que conocemos con Carrero Blanco?

Hay quienes creen como el historiador británico Charles Powell, los historiadores Gil Pecharromán y Antonio Elorza o Juan Luis Cebrián que con Carrero todo se hubiera prolongado y no hubiera sido posible la transición.

Otros consideran que su lealtad a Juan Carlos le hubiera impedido oponerse al proceso de transición, de esta opinión era Ángel Ugarte, entonces jefe de los servicios secretos en el País Vasco, que opina que el rey tenía claro que el cambio de régimen era inevitable y Carrero nunca hubiera ido contra él. De la misma opinión es Tusell, en su biografía conjetura en que no hubiese impedido la transición democrática fomentada por el Rey.

En cambio, cuenta Ramoneda que en septiembre de 1999, en la inauguración de la exposición Días de radio Barcelona, en la que estuvieron los Reyes de España, uno de los ámbitos de la exposición estaba dedicado al atentado contra Carrero Blanco. Al entrar en este espacio, el rey Juan Carlos se le acercó a un palmo, como si fuera a hacerle una confidencia y le dijo: “Si esto no hubiera ocurrido tu y yo no estaríamos ahora aquí”. Y Ramoneda le contestó “Yo no, usted no lo sé”. “Yo tampoco”, le dijo el Rey. E insistió Ramoneda: “¿Por qué?”. “Porque las condiciones que Carrero me habría puesto yo no las habría podido aceptar”.

Como se puede ver, no reina la unanimidad en este punto.

En el libro dices, Antonio, que la contestación en u otro sentido tiene consecuencias de orden político porque afectan al propio origen de la Transición, esto es, dicho de otra forma, ¿podemos considerar el atentado como el inicio de la salida del franquismo o incluso el inicio de la democracia?.

                                                     Bilbao, 20, mayo 2021

Esta entrada se publicó en Naciones, nacionalismo y problema vasco, Pensamiento, Política y está etiquetada con , , , en por .

Acerca de Kepa Bilbao

Kepa Bilbao Ariztimuño (Bermeo [Bizkaia], 1952) cursó estudios de economía en la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (Sarriko). Es Licenciado en Ciencias de la Información y profesor en enseñanzas medias en Bilbao. Ha publicado La Modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx (Gakoa, 1997), Crónica de una izquierda singular (de ETA-berri a EMK/MC y a Zutik-Batzarre). Naciones, nacionalismos y otros ensayos (1991-2006) en edición electrónica; Capitalismo. Crítica de la ideoloigía capitalista del <> mercado. El futuro del Capitalismo (Talasa, 2013); La Revolución Cubana 1952-1976. Una mirada crítica (Gakoa, 2017); Años de plomo. La excepcionalidad vasco-navarra en la transición (1975-1985) [Gakoa, 2020)]