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Un tratamiento histórico crítico del capitalismo en lenguaje muy claro

(Intervención de Joseba Luzárraga en la presentación del libro de Kepa Bilbao, Capitalismo. Crítica de la ideología capitalista del libre mercado. El futuro del capitalismo (Ed. Talasa, 2013), en el Casco Viejo de la villa de Bilbao, el 18 de abril de 2013)

                                                    Joseba Luzarraga

      (Licenciado en Económicas y Empresariales, es MSC en el Massachusetts Institute of Technology)

A mi me gustaría empezar mi presentación haciendo referencia al estilo del libro de Kepa.

En alguno de sus libros -no recuerdo ahora cuál- P. Krugman, autor al que Kepa cita en su libro, dice que en economía hay dos clases muy diferentes de libros o publicaciones. Por un lado están las artículos económicos escritos en “griego” -de manera formal, teórica, matemática- o lo que es lo mismo, escritos por la comunidad académica para entenderse sólo con el resto de la misma y, por otro, los libros de aeropuerto que todos conocemos y que están escritos en un estilo como el de “Cómo saber economía en tres días”….escritos en un lenguaje muy asequible.

Pues bien, dice Krugman que lo difícil es escribir lo que está en griego en lenguaje de aeropuerto. Es decir, poner la ciencia en lenguaje claro. Y éste creo que es el primer logro a destacar del libro. Kepa nos traslada en un lenguaje muy claro lo que ha estudiado en fuentes primarias y lo que ve en la realidad de cada día.

Además lo hace tomando partido. Es decir, y como iremos viendo, no plantea la teoría sin tomar partido científico e ideológico, pero lo hace fundamentando su posición: lo que se agradece.

Estudia por otro lado un tema clásico, pero que en estos momentos vuelve a estar de actualidad: el del capitalismo y sus crisis.

El libro opta por un tratamiento histórico del capitalismo, imprescindible para entender el sistema capitalista, porque como dice Galbraith, a quien Kepa cita varias veces en este libro: “en lo que se refiere a la economía la historia es sumamente funcional”.

Por eso me preocupa algo que he leído recientemente (aunque no sé dónde) respecto a que no se utiliza mucho la historia en este tipo de investigaciones. Si es así, me parece un craso error. A título personal diré que a mi edad algo que echo de menos es la lectura de una buena historia universal de la humanidad que evidentemente no es fácil de encontrar. Pues bien, a falta de esa historia o como complemento a la misma recomiendo el libro de Kepa para hacernos una idea completa y rápida del capitalismo, sus logros y miserias, así como su futuro.

Respecto al contenido, el prólogo hace un resumen excelente de la obra por lo que yo me limitaré a dar unas breves pinceladas sobre cómo se puede abordar el libro a partir de tres ideas básicas.

Todos conocemos las nefastas consecuencias de la crisis actual….y probablemente algunos de los aquí presentes nos podrían explicar muy bien los errores doctrinales de la versión más agresiva del capitalismo imperante en este momento: el neoliberalismo. Kepa nos lleva a este mismo escenario al final de su libro, pero parte, como él dice, de: “¿cómo empezó todo esto?”.

El libro presenta como el primer eslabón en la historia del capitalismo la obra de Adam Smith. Ya sabemos, como decía Schumpeter, que Adam Smith no aportó ideas económicas completamente originales, pero supo estar en el momento justo con la obra oportuna: La riqueza de las naciones. Como dice Kepa, Adam Smith estableció el punto de referencia para la teoría económica liberal posterior. Se hizo famoso por su: 1. defensa del libre mercado 2. su posición crítica de la intervención gubernamental y 3. por su célebre metáfora de la mano invisible que conduce al individuo al bien colectivo aunque éste no lo pretenda expresamente.

Sin embargo, ya lo apunta Kepa en el libro y lo desarrolla ampliamente, existía también el A. Smith de la Teoría de los sentimientos morales, el profesor de Filosofía Moral. Un autor preocupado por las consecuencias morales del capitalismo y cuya preocupación no parece que la hayan compartido autores modernos del neoliberalismo como Hayek.

Yo sugeriría la lectura del libro teniendo en cuenta esas tres ideas básicas a las que hacía referencia y que están relacionados con los pilares en los que se funda la eficiencia del orden capitalista. La eficiencia del sistema capitalista se fundamenta en dos instituciones: el mercado y la empresa por un lado y un supuesto de comportamiento, la racionalidad económica, que tiene su fundamento en la “codicia” en términos de Kepa.

Si dejamos de lado la empresa que no se analiza en el libro, pero que también tiene una historia apasionante, podremos comprobar que el libro va desarrollando una amplia crítica de la teoría de la autoregulación de los mercados y de la “codicia” como motor eficiente de la actividad económica.

Y en esta crítica aparece con frecuencia la figura de Keynes a quien se le dedica un amplio espacio en el libro a mi modo de ver plenamente justificado. La economía de Keynes nace fundamentalmente de su observación de la realidad y de las deficiencias que él observa en el sistema capitalista y que son inadmisibles a su juicio por distintos motivos.

¿Cuáles son estas deficiencias en relación con los pilares del sistema que aborda Keynes y que Kepa comparte y nos presenta en el libro ? Dos fundamentales:

En primer lugar, la teoría de la racionalidad económica o del así llamado “homo oeconomicus”.

Y en este punto me gustaría tomar prestadas de un pensador de izquierdas un par de reflexiones sobre la inconsistencia de esta hipótesis. Este autor define esta hipótesis del agente económico racional como sigue: “El agente económico -o sea nosotros- según esta teoría sería una especie de “robot” que toma siempre sus decisiones a partir de las reivindicaciones proporcionadas por el cálculo de maximización intertemporal de una función de utilidad que se toma como indicadora del bienestar de esos agentes”. Lo he citado enteramente para que, como dice este autor, seamos conscientes de que ni tú ni yo podríamos comprar un manojo de puerros conforme a los requisitos de esta teoría, algo que, por otro lado, ya sabemos.

A nadie se le escapa que esta teoría no es realista. Pero si no es así, la pregunta es por qué se ha mantenido durante tanto tiempo. Pues como dice este autor hay varias razones, pero hay una muy interesante que curiosamente está tomada de M. Friedman (el guru del neoliberalismo como veremos luego) y que se conoce como “instrumentalismo metodológico”.

¿Qué es el instrumentalismo metodológico? Para decirlo de una forma más plástica, voy a pedirle a Kepa que cuente el único chiste que aparece en el libro [Hay un chiste muy popular entre los economistas que según Anatole Kaletsky nos dice más sobre las causas y consecuencias de la crisis que cualquier estudio de Wall Street: Un economista, un químico y un físico naufragan en una isla. Su único alimento es una lata de frijoles, pero no tienen abrelatas. ¿Qué harán? El físico dice: «Pongamos la lata al sol, podría fundirla y hacer un agujero». «No», dice el químico. «Deberíamos verter agua salada en la tapa, podría oxidarla». El economista interrumpe: «Están malgastando el tiempo con esas ideas complicadas. Presumamos que tenemos un abrelatas».] Lo importante es, pues, el “como si”, no si la hipótesis es realista o no.

No vamos a pensar que M. Friedman era “estúpido”. M. Friedman escribió allá por el año 1953 un ensayo que todavía hoy en día constituye una referencia en el campo de la metodología de la economía titulado “Metodología de la Economía Positiva”. Aunque la contribución más reciente a este artículo nos pretenda convencer de que la metodología de Friedman es una variante de la posición filosófica conocida como instrumentalismo, lo de Friedman es “instrumentalismo metodológico” como lo argumenta definitivamente B. Caldwell.

Friedman afirma que el propósito de la ciencia es la predicción y que el “realismo” de las hipótesis no importa. “El realismo total es inalcanzable y la cuestión de si una teoría es suficientemente realista sólo se puede resolver si dicha teoría da lugar a predicciones que son suficientemente buenas para el propósito para el que se utilizan o son mejores que las predicciones que puedan producir otras teorías”.

Pues bien, hoy en día los filósofos de la ciencia rechazan el instrumentalismo no sólo desde el punto de vista metodológico sino también desde el punto de vista epistemológico.

Para decirlo con mayor claridad, los instrumentalistas no admiten que aunque no

seamos capaces de conocer si una teoría es verdadera o falsa, es de hecho verdadera o falsa. Por eso, hasta K. Popper rechazó el instrumentalismo al entender que forzaba a los científicos a abandonar la búsqueda de la verdad.

Además, desde el punto de vista metodológico hay que clarificar cuál es el propósito de la ciencia. Si como dice Friedman el propósito de la ciencia es encontrar teorías que sean capaces de predecir adecuadamente, el instrumentalismo es un instrumento metodológico adecuado. Pero si el propósito de la ciencia es el descubrimiento de teorías que expliquen la verdad el instrumentalismo no sirve. De modo que en el extremo, la preocupación por la predicción adecuada puede forzar a los científicos a preferir la correlación estadística a la explicación causal si aquella permite hacer mejor las predicciones.

Creo que los que aquí estamos compartiremos que nuestra preocupación va más allá de la idoneidad predictiva de la ciencia para admitir que estamos interesados en la búsqueda de la verdad aunque este camino sea muy largo. Por lo tanto, no queremos admitir el “instrumentalismo ideológico” por muy elegante que sea. Compartiremos, espero, que en los comportamientos humanos hay unos impulsos extraracionales que Keynes definía como los “espíritus animales”. Y cito a Keynes: “al calcular las posibilidades de inversión debemos tener en cuenta por tanto los nervios y la histeria y aún la digestión…..”

La segunda crítica que está íntimamente unida a la anterior se refiere al comportamiento de los mercados. Uno de los temas centrales del libro de Kepa es la denuncia de la teoría de la autorregulación de los mercados.

Como primera anotación a la tesis de la eficiencia de los mercados que se autorregulan hay que decir que la teoría supone que el sistema de mercados perfectamente interconectados es completo. Es decir, que existe un mercado para cada producto o servicio en todas las dimensiones y esferas de la vida social. Afortunadamente podemos decir que esto no es así y que lo humano es más que lo puramente económico, ya que de no ser así hoy no estaríamos aquí reunidos.

El análisis y hasta la reivindicación de Keynes e incluso de los post-keynesianos que se hace en el libro con respecto a esta crítica de la autorregulación de los mercados es abundante y detallada.

Keynes nos dice que no es correcto deducir de los principios económicos que el propio interés debidamente informado actúa siempre para el bien común.

Como dice Kepa, la novedad radica en que Keynes está convencido de que “la incertidumbre y la consiguiente inseguridad social y política son la norma y no la excepción en las economías capitalistas”. Por ello, la intervención, sobre todo para gestionar la demanda, es la condición necesaria para el bienestar económico y para la supervivencia de los mercados. Frente a Hayek, uno de sus oponentes y pioneros del neoliberalismo, el capitalismo era para Keynes el mal necesario guiado por una necesidad poco agradable como es el “amor al dinero”.

Ahora bien, aunque Keynes escribió un Tratado que, como dice Kepa, significó un acontecimiento de impacto similar al de la Riqueza de las naciones, su enfoque básico fue más bien práctico y no tanto puramente teórico. Quizá por ello el Tratado se convirtió en la referencia fundamental de la política económica durante muchos años.

Los resultados históricos de este planteamiento keynesiano y el bienestar social que se generó desde el año 1945 hasta mediados de los 70, en parte debido a estos planteamientos de intervencionismo selectivo, se detallan ampliamente en el libro.

Sin embargo, esta época de prosperidad llegó a su fin a mediados de los 70 y después de una época de altibajos ha terminado en una crisis de enormes proporciones como la actual.

Así como la época de prosperidad que va desde 1945 a mediados de los años 70 puede relacionarse con las doctrinas keynesianas y las del Estado de bienestar, ¿podemos identificar alguna escuela como responsable de las excesos de estos últimos años que han desembocado en la terrible crisis actual? Kepa le dedica a esta nueva escuela, al neoliberalismo, dos capítulos muy interesantes. Identifica a dos pensadores clave, Hayek y Friedman, y a dos ejecutores de sus teorías por todos conocidos, M. Thatcher y R. Reagan.

En efecto, si la crítica que hemos apuntado se puede aplicar a la teoría neoclásica, debería ser más rotunda cuando nos referimos a la versión actual de la misma, al neoliberalismo, que ha llevado al extremo, como hemos apuntado, algunas de las hipótesis más discutibles del sistema capitalista. Creo que el neoliberalismo, al no admitir las deficiencias del sistema capitalista, ha representado el mundo como el ideal de un “fundamentalismo económico” que ha degenerado en una ideología.

Esta radicalización respecto a las teorías neoclásicas es muy clara en lo que se refiere al planteamiento moral de este “orden económico” que es el sistema capitalista. Dice Hayeck que la moral no es necesaria porque este orden es neutro. El sistema no es ni bueno ni malo. Es eficiente y punto. Ya lo advierte Kepa: suele ser corriente entre los teóricos liberales separar economía y moral y ver la moral como algo dañino cuando se la introduce en la esfera económica. Sin embargo, esta posición radical no era compartida por pensadores como A. Smith como espero que lo puedan compartir hasta los más neoliberales.

Y esta neutralidad no es admisible. Cualquier sistema tiene que tener su justificación, su anclaje fuera de sí mismo: lo dijo Godel ( a quien M. Friedman cita en su famoso trabajo antes citado) en su segundo teorema. Y un sistema que afecta directamente a la vida social tiene que tener su anclaje en la moral. De hecho, autores como Keynes entendían la economía como una disciplina de la filosofía moral. Sólo el fundamentalismo de la nueva corriente neoliberal lo ha dejado de lado. Ahora bien, la fundamentación debe basarse en una moral que a su vez tenga sus raíces en la realidad de los conflictos y las pasiones humanas.

Los “resultados” que la colaboración de estas ideas de Hayek y Friedman y las políticas de Pinochet, Thatcher y Reagan produjeron en Chile, Reino Unido y Estados Unidos se detallan en el capítulo 6.

Finalmente un comentario sobre la crisis. Cuando Kepa habla de la crisis del pensamiento económico dominante hoy día, en el capítulo 8, nos dice que la crisis actual arranca precisamente de la desregulación de los mercados financieros soportada por toda una teoría de eficiencia de la desregulación que contribuyó a desarmar a los Gobiernos y a eliminar las cautelas frente a los riesgos y la incertidumbre.

Y a mi me parece que este es un resumen muy acertado de las causas clave de la crisis actual. En el origen de esta crisis está, no hay duda, la incapacidad y la dejación de los gobiernos para enfrentarse a los riesgos financieros por la debilidad en que se encuentran debido a la brutal desregulación y al desconocimiento de tales riesgos, debido en parte a la complejidad de los mismos y a la dejadez de su responsabilidad política.

En cuanto a la crisis, hay amplias e interesantes citas de autores tan importantes como Krugman, Stiglitz, etc. y hasta del viejo Kindleberger (a quien no dieron el Nobel a pesar de que probablemente lo tuvo bien merecido) todos ellos de algún modo relacionados con el MIT que de forma contundente repudian científicamente el pensamiento de esta nueva corriente y las funestas consecuencias que algunos comportamientos fomentados o tolerados, al amparo de estas ideas, están teniendo para los más indefensos.

Por supuesto hay también al final, como no podía ser menos, un análisis muy interesante sobre la globalización y sus consecuencias y un descubrimiento de un autor que presenta algunas ideas muy claras sobre este fenómeno y sus consecuencias así como el trilema de la globalización, soberanía nacional y la democracia: el profesor de la escuela de gobierno de Harvard D. Rodrik. Yo no lo conocía y espero seguirle de cerca en el futuro

Eta azkenik, betiko galdera datorkigu burura, zein den kapitalismoaren etorkizuna eta zer egin behar dugun.

Kepak proposatzen diguna ezagutzeko liburua erostera animatzen zaituztet, halere bertan irakurri ditzakegun pare bat gauza aurreratuko dizkizuet.

Kepak lehenbizi adierazten digu sistema kapitalista oso moldakorra dela. Egokitzeko gaitasun handia duenez ez da erraza zein etorkizun izango duen asmatzea. Etorkizun posible hauetariko bat Keynes-ek aurreratua izan liteke, halaber demokrazia liberal eta kapitalismoak duten aukeretariko bat sozialismorantz hurbiltzea dela.

Bigarrenez historiak gaur egungo egoera ulertzen lagundu arren etorkizunerako hutsik egiten ez duen gida ez dela idazten du. Gure betebeharra bidezkoagoa den sistema baten alde lan egitea da.

Erakundeak eta gizartea aldatzeko lan egin behar dugula jakin behar dugu, horrela jokatu ezean badakigulako zer datorkigun: dagoeneko orainaldi bilakatu den eta maila guztietara heltzen den txirotasunez beteriko etorkizuna.

Eta horretarako Keparen liburua erosiz argi izan dezagun zergaitik heldu garen honaino, Keynes-ek, beharbada apur bat “inuzente” zioen bezala: «konbentziturik bainago sorturiko interesen boterea asko puztu dela ideien transgresioak…. manipulazioak suposatzen dutenarekin alderatuz».

* Traducción al castellano: Y para terminar la clásica pregunta, ¿cuál es el futuro del capitalismo y qué debemos hacer?.

Pues para que podáis conocer lo que Kepa propone yo os animo a comprar el libro aunque sí voy a anticipar un par cosas que aparecen en él..

La primera apuntada por Kepa es que el sistema capitalista es muy versátil y tiene una gran capacidad de adaptación por lo que no es fácil adivinar su futuro. ¿Podría ser una de estas opciones de futuro la insinuada por Keynes de que la democracia liberal y el capitalismo contienen muchísimas posibilidades entre ellas una aproximación al socialismo?.

La segunda es que la historia que nos ayuda a comprender el presente no es una guía infalible del futuro. Nosotros debemos trabajar por un sistema más justo.

Debemos ser conscientes de que hay que trabajar por cambiar las instituciones y la sociedad ya que de lo contrario sabemos que nos espera un futuro que ya es presente de mayor pobreza en todos los órdenes.

Y para ello tengamos claro por qué hemos llegado hasta aquí comprando el libro de Kepa porque como decía Keynes, no sé si un poco ingenuamente: “estoy convencido de que se ha exagerado mucho el poder de los intereses creados cuando se compara con la transgresión de las ideas…” .

Capitalismo ¿Tarjeta roja o amarilla?

Puede resultar paradójico, pero en la situación actual, aun habiendo una enorme crisis de legitimidad del discurso neoliberal, de sus recetas económicas y, en cierta medida, de confianza en el sistema capitalista, estamos muy lejos de poder contemplar que un cambio radical del orden económico existente pudiera contar con un amplio apoyo popular.

Tampoco es que abunden las tarjetas rojas, las alternativas de transformación social y económica de conjunto. De hecho, si uno echa un vistazo a las distintas propuestas económicas de los principales partidos de izquierda, desde el PSOE a Podemos, pasando por IU, EH Bildu y ERC, estas no pasan de ser tarjetas amarillas, propuestas parciales de corrección del modelo capitalista neoliberal, unas un poco más audaces que otras, eso sí, nada desdeñables, pero todas ellas de corte keynesiano en lo económico y socialdemócrata clásico en lo político. Medidas al fin y al cabo conservadoras que tratan de minimizar las pérdidas de muchos de los logros sociales alcanzados. Nada que pueda ser considerado de socialista, revolucionario, disparate, quimérico, extremista o de medidas que nos puedan llevar al apocalipsis, como vienen siendo calificadas e interpretadas de forma interesada por una buena parte de analistas y tertulianos de las revistas especializadas y de los medios de comunicación y persuasión, la mayoría en manos de la banca y de las grandes empresas.

El keynesianismo nunca fue un programa de transformación económica, sino de conservación de un capitalismo en crisis. Es principalmente un programa para reavivar las economías nacionales, cosa que podría hacerlo a corto plazo, pero la hiperglobalización ha complicado de manera importante este problema.

No es mi intención entrar en el análisis de dichas propuestas neokeynesianas correctoras del capitalismo, de su viabilidad, sostenibilidad y enormes dificultades para ser llevadas adelante dado el estrecho margen de negociación en el marco de una Unión Europea en la que predomina el dogmatismo económico conservador, entre tanto ruido de los mercados, manejos de multinacionales, paraísos fiscales, intereses nacionales -en muchos casos antagónicos- y juegos de poder. Tampoco pretendo debatir acerca de la posibilidad de salirse de la dicotomía neoliberales/socioliberales versus neokeynesianos que ocupa el centro del debate hoy en Europa en los programas económicos, ni de la complejidad que entraña la construcción de un proyecto rupturista alternativo de transformación socio-económica de conjunto, de los límites existentes en Europa y en el mundo actual con los que se encontraría, si lo hubiera, o, por último, de discutir los fundamentos o su falta.- de quienes diagnostican la corrosión terminal del capitalismo y su inminente colapso.


En las siguientes líneas me centraré en hacer unas breves observaciones sobre el objeto central de discusión, de corrección en unos casos o de ruptura en otros, el capitalismo.

Expondré algunos de sus rasgos generales que considero son los fundamentales y que tienen una relación estrecha con la crítica. Mi propósito es que sirvan de marco reflexivo general introductorio, previo a poder abordar en otra ocasión con una mayor perspectiva las cuestiones anteriormente planteadas.

1.- La primera observación que quiero hacer es que el capitalismo no es un sistema diabólico sostenido por la maldad de unos pocos, ni un virus maligno instalado en el cuerpo sano de la humanidad. Esforzarse por tratar de huir de la tentación por las simplificaciones es la primera condición de todo observador crítico. El capitalismo es un sistema de interrelaciones muy denso y muy complejo en el que todos estamos involucrados, aunque en modo muy desigual y con muchas contradicciones.

2.- El capitalismo se inserta en un sistema institucional determinado, político, jurídico, ideológico, cultural e incluso moral. Hay distintos sistemas institucionales, y cada uno de ellos tiene consecuencias para la distribución de la riqueza y el poder, así como para el crecimiento, para la eficiencia, el cuidado del medio ambiente y la estabilidad. No todos funcionan de la misma manera ni producen los mismos resultados en cuanto a bienestar social.

3.- No existe un único modelo de desarrollo económico capitalista, las economías capitalistas se pueden situar en un continuo entre dos tipos ideales extremos, el conocido como modelo angloamericano y el modelo renano-nipón que se practica en Alemania, Suiza, el Benelux, en Europa del Norte y, con variantes en Japón. Por lo demás, estos dos modelos, desde hace más de treinta años, con la hiperglobalización económica y la hegemonía del neoliberalismo, no han dejado de aproximarse y cada vez resulta más forzado separar por una línea clara estas dos clases de capitalismo.

4.- El capitalismo es un producto histórico con una gran capacidad de adaptación que muta y evoluciona en respuesta a un entorno cambiante. Es un sistema relativamente joven y en constante evolución. Apenas tiene algo más de tres siglos desde que se originó en Occidente gracias al surgimiento en el temprano período moderno en Italia, los Países Bajos y Gran Bretaña de un sistema bancario que vinculó al Estado y a la naciente burguesía mercantil en la generación de dinero crédito para financiar la producción y el intercambio. No es lo mismo el capitalismo semiesclavista primitivo que el de los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, ni aquel al actual. Tampoco es lo mismo el capitalismo de hoy de la Europa occidental al existente en Rusia o en China. Tal vez habría que hablar de capitalismos más que de capitalismo.

5.- Derivado de lo anterior, podemos decir que el sistema económico capitalista no es un sistema abstracto que se aplique en todo tiempo y lugar con los mismos efectos, independientemente de las estructuras sociales, culturales y políticas. El capitalismo toma cuerpo en sociedades históricas concretas que le confieren características peculiares. Con esto no quiero decir que el capitalismo no posea un núcleo duro, que lo caracteriza y que no ha variado a lo largo de su historia: la transformación permanente del capital, de los bienes de equipo, de las materias primas y demás recursos como la fuerza de trabajo en mercancías, de la producción en dinero y del dinero en capital.

6.- En los dos últimos siglos, la economía capitalista ha mostrado un gran dinamismo, ha tenido mucho éxito en lo concerniente a la invención, la afirmación individual, la producción en masa y la distribución comercial de todo tipo de bienes y servicios, pero, a su vez, ha sido y es fuente de grandes problemas. Ha demostrado ser un sistema de mercados defectuoso que, cuando menos, si no se regula y limita su desarrollo, lleva a profundas depresiones periódicas, a crisis como la que estamos viviendo, a grandes desigualdades, guerras, a un imprudente tratamiento de los recursos naturales y agresiones al medio ambiente fruto de su voracidad congénita. Son demasiados los fallos del sistema, los daños que ha causado, causa y puede causar, como para caer en actitudes autocomplacientes y no sopesar, como mínimo, su esencial ambivalencia.

7.- Prescindir del mito de que los mercados son libres, que se bastan por sí solos y que son generalmente eficientes es el primer paso para la comprensión del capitalismo. Los mercados son el locus del conflicto y la lucha entre grupos económicos e intereses desiguales. Aquí, los precios no expresan simplemente un equilibrio eficiente entre la oferta y la demanda determinado espontáneamente por miríadas de individuos no relacionados que buscan maximizar su utilidad. Por el contrario, los precios representan el resultado de una lucha por el poder económico entre distintos intereses de grupos definidos por su posición en el sistema capitalista.

8.- Los mercados requieren necesariamente de instituciones ajenas para poder funcionar. Necesitan el Estado. El alcance de su intervención en la economía es objeto de controversia desde A. Smith y el que sea mayor o menor caracteriza las opciones políticas y las distintas variedades de capitalismo. La pregunta relevante no es si actúa o no, sino cómo actúa y en qué sentido orienta sus actuaciones. Si lo hace en la búsqueda del interés general o para satisfacer las demandas de un sector minoritario de la población que persigue en exclusiva el beneficio propio.

9.- El capitalismo tiene la codicia como principio rector del desarrollo económico. Aunque si bien es verdad que la codicia es algo profundamente arraigado en la naturaleza humana, también lo es que ha sido intensificada por el capitalismo hasta el punto de haberla convertido en los cimientos psicológicos de toda una civilización.

10.- El capitalismo se presenta como amoral. Este dejar en suspenso la moralidad cuando se actúa en el mercado, es algo bastante compatible con la idea de moralidad de los teóricos liberales y afines que consideran que la moralidad es cosa a tener en cuenta en otros ámbitos: familiares, lazos de amistad, ayuda a los muy necesitados, etc., pero que es cosa perjudicial cuando se entremezcla con la actividad económica.

11.- Es un sistema con una visión del progreso reducida exclusivamente a la rentabilidad y productividad económicas y en el que impera una economía fuertemente competitiva y monetarizada que nos somete a una presión contínua de querer cada vez más y más.

12.- Uno de los rasgos más significativos del capitalismo que se desarrolla a partir de la década de los 80 es, junto a la financiarización de la economía, la expansión de los mercados y de los mercados de valores hacia las esferas de la vida a los que no pertenecen. La intromisión de los mercados -y del pensamiento orientado hacia los mercados- en aspectos tradicionalmente regidos por normas no mercantiles ha producido un fuerte proceso de mercantilización de la vida. Esta invasión de nuestras sociedades por la cultura de mercado ha tenido consecuencias significativas en nuestras relaciones sociales, personales y en nuestro bagaje ético. Ha propiciado el desprestigio de lo público y lo común frente a lo privado, la sobrestimación de la rentabilidad monetaria frente a la subestimación de la rentabilidad social y el elogio del individualismo, ahí está, como ejemplo, el insistente discurso de que la salida de la crisis es cosa de la promoción del esfuerzo individual, encarnado en la figura del ¨emprendedor¨.

13.- El capitalismo ha logrado un progreso incomparable en la creación de riqueza, pero nos ha quitado la principal ventaja de esa riqueza: la conciencia de tener suficiente, nos ha incapacitado para hacer un uso civilizado de ella.

14.- La historia del capitalismo está marcada por una interacción constantemente cambiante entre el progreso tecnológico y los ciclos financieros, en un proceso permanente de autodestrucción y recreación.

15.- Su mayor fortaleza radica en su maleabilidad, en su capacidad para abordar sus propias contradicciones internas y relanzar su dinámica a partir de ellas, así que la cuestión de su fin o de su superación no es un tema para profecías baratas. El capitalismo desde que surge está siendo modificado por factores que no tienen que ver siempre con los intereses de los capitalistas sino con las luchas sociales, con la crítica social, las teorías económicas, las políticas de los gobiernos, los intereses nacionales, por factores internacionales, por tensiones dentro de los capitalistas capital productivo y capital financiero.-, etc.

16.- El capitalismo segrega ideología o, dicho de otra forma, las prácticas económicas van acompañadas de un mundo de ideas nada desdeñable, derivadas del propio capitalismo y que influyen a su vez en su desarrollo. Quienes tienen la riqueza la utilizan para comprar el poder político, científico y mediático y de este modo, no solo aumentar su riqueza o reforzar sus posiciones económicas sino también intentar condicionar nuestra forma de pensar, hacer que parezca aceptable y necesario lo intolerable.

17.- Además de la dimensión ideológica, estas prácticas económicas son dotadas de sentido por un conjunto de teorías económicas como son el carácter autoregulador de los mercados, la teoría de los mercados eficientes, la teoría de las expectativas racionales, la teoría del goteo o de la filtración descendente -la peculiar idea de que enriquecer a los de arriba redunda en beneficio de todos, incluido los pobres-, la teoría de los ciclos económicos reales o los modelos de evaluación de riesgo, que, a su vez, destilan creencias, en la base de estas se encuentra una antropología reductora del ser humano: el homo economicus; conceptos como los de racionalidad, competitividad, flexibilidad, productividad, que juegan un papel muy definido; culturas como la del enriquecimiento rápido y sin esfuerzo y subculturas como las del virus especulativo, la del capital impaciente, la cultura del riesgo y del consumismo; legitimaciones para justificar lo que hacen los capitalistas y financieros así como el apoyo que de forma privilegiada les brinda el Estado. Entre estas justificaciones destaca la sumisión a las leyes de la economía, esta sumisión a la ciencia económica ha dado lugar a una representación del mundo en la que se separan los aspectos económicos del tejido social constituyéndose así la economía como un ámbito autónomo, independiente de la ideología y de la moral, que obedece a leyes positivas.

Keynes dijo en una ocasión que incluso «los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto». Se podría decir con Dani Rodrik que se quedó corto y apostillar que las ideas que han dado lugar a las políticas de los últimos 50 años proceden de economistas que están, en su mayor parte, muy vivos.

10-01-15

(Galde 09, invierno 2015) en: http://www.galde.eu/capitalismo-tarjeta-roja-o-amarilla/

Las naciones, los nacionalismos… ¿en crisis?

Kepa Bilbao
(A propósito del libro de E.J. Hobsbawm Naciones y nacionalismo desde 1870)(hika, nº16, enero 1992)

Este nuevo libro del conocido historiador Eric Hobsbawm, publicado por la editorial Crítica, pese a estar basado en unas conferencias que dio en mayo de 1985 en la Queen´s University Sigue leyendo

La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

En un sentido estricto la tradición utópica es occidental y nace en el Renacimiento. Ahora bien, si hablamos de tradición en un sentido más amplio, y nos remontamos a sus antecedentes, a Sigue leyendo

Crisis del paradigma marxista

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.-Introducción

El marxismo ha sido una poderosa tradición política e ideológica dentro del campo de los movimientos sociales que se reclamaban del socialismo y del comunismo. Una tradición tan Sigue leyendo