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Acerca de Kepa Bilbao

Kepa Bilbao Ariztimuño (Bermeo [Bizkaia], 1952) cursó estudios de economía en la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (Sarriko). Es Licenciado en Ciencias de la Información y profesor en enseñanzas medias en Bilbao. Ha publicado La Modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx (Gakoa, 1997), Crónica de una izquierda singular (de ETA-berri a EMK/MC y a Zutik-Batzarre). Naciones, nacionalismos y otros ensayos (1991-2006) en edición electrónica; Capitalismo. Crítica de la ideoloigía capitalista del <> mercado. El futuro del Capitalismo (Talasa, 2013); La Revolución Cubana 1952-1976. Una mirada crítica (Gakoa, 2017); Años de plomo. La excepcionalidad vasco-navarra en la transición (1975-1985) [Gakoa, 2020)]

Unthinking

Prólogo de Antonio Duplá al libro La Modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx

         “Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso” (W. Benjamin)

En la “Introducción” a un reciente libro suyo centrado en cuestiones epistemológicas y teóricas sobre las ciencias sociales, Unthinking Social Sciences, I. Wallerstein explica por qué ha elegido de forma deliberada el término unthinking en lugar del relativamente cercano y más habitual rethinking. En su opinión rethink (repensar) es un procedimiento habitual en el quehacer científico y resulta insuficiente para expresar el núcleo argumental de la obra. Esa tesis central, mejor recogida por el término unthink, es la imprescindible revisión de los paradigmas decimonónicos en el terreno de las ciencias sociales. Wallerstein destaca la imperiosa necesidad de un cuestionamiento de dichos paradigmas, en particular de nociones como desarrollo y progreso, ligados al proceso de una revolución industrial, que atenazarían hoy las posibilidades de reconstrucción de unas ciencias sociales que puedan cumplir un papel crítico en la sociedad actual. Para Wallerstein solamente unthink, es decir un no pensar en los términos tradicionales, un pensar a partir de premisas nuevas y propias, de presupuestos totalmente distintos, puede permitir dar ese paso epistemológico imprescindible. Sólo entonces la historia, la sociología, la economía, etc., podrán convertirse en instrumentos útiles para analizar el mundo que nos rodea (y, para algunos, intentar transformarlo) y también será entonces cuando podamos discernir lo todavía útil de dicho utillaje de lo ya ineficaz y obsoleto. Ése es uno de los grandes debates, si no el gran debate, en los que está inmersa la izquierda intelectualmente más dinámica y viva en el mundo.

Entiendo que este libro es una aportación a ese debate abierto, de gran amplitud y complejidad, en el que su autor, Kepa Bilbao, nos introduce en una densa red de problemas, interrogantes y discusiones.

El título completo de la obra (La Modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx) puede dar una idea bastante acabada de su contenido y de sus tesis.

En primer lugar, hablar de encrucijadas supone cuestionar una concepción fundamental del pensamiento moderno y de su sentido de la historia. Me refiero a la idea del progreso y a una concepción de la historia lineal, de avance incontenible e inevitable hacia mayores cotas de riqueza y felicidad. En ese planteamiento no había encrucijadas, no había bifurcaciones. El camino estaba trazado y, eso sí, se podía recorrer a mayor o menor velocidad. Pero tanto desde una óptica burguesa capitalista como de una socialista la perspectiva, y el consiguiente optimismo histórico, eran similares. Por el contrario, la encrucijada exige un alto, un análisis de las opciones posibles, una reflexión y, finalmente, una elección. Las posibilidades son varias y antes de tomar una decisión habrá que sopesar las condiciones, las circunstancias, el contexto, los factores en juego. La historia se sale pues de los supuestos raíles y recobra su historicidad. Primera clave del título y primer problema.

El segundo cuerpo analizable nos remite a un tema, el pensamiento utópico, a una situación, la crisis, y a un marco cronológico, el siglo XX. Al parecer el pensamiento utópico existía antes en condiciones más saludables y, ciertamente, en el siglo XIX, por no volver la vista más atrás todavía, utopías de diverso signo contendían entre sí. Por una parte se auguraba la riqueza generalizada de naciones y personas, prometida por Adam Smith ya a finales del siglo XVIII de la mano del capitalismo triunfante. A ella se oponía por caminos distintos pero con la misma fe y confianza históricas, la utopía socialista y comunista, que prometía un mundo de igualdad y abundancia sin explotaciones ni opresiones. Sin embargo muy distinta es la situación en nuestro siglo, recorrido casi en su totalidad y en el que se han podido ver algunas de las mayores calamidades en la Historia de la Humanidad, surgidas muchas en la civilizada Europa y gracias a los paladines de los programas de uno y otro signo. Ninguna de aquellas promesas se ha cumplido y, por el contrario, vivimos hoy en unas sociedades más y más desiguales e injustas. La paradoja añadida es que, al mismo tiempo, nunca se habían conseguido tales grados de sofisticación tecnológica que, en teoría, permitirían vivir mejor a toda la población del planeta. Ahí reside también una de las claves de esta crisis, analizada en este libro. Me refiero a la consideración del papel y las posibilidades de la ciencia. Ese impresionante avance científico actual ha sido precisamente el que ha roto el mito de la ciencia, el que ha hecho ver sus límites y su falta de neutralidad en cuanto relación social, el que ha cuestionado su inefalibilidad y su omnipotencia, que habían obnubilado a investigadores, intelectuales y líderes políticos y sociales del pasado siglo. Precisamente, si de la dimensión utópica se habla, del reino decimonónico de la utopía considerada científica se ha pasado hoy a la utopía negativa de la ciencia-ficción, cada vez menos ficticia.

Finalmente el marxismo. En la tarea de revisión y actualización del mensaje utópico y emancipatorio en la modernidad es incuestionable el papel central, aunque no exclusivo, que debe jugar el análisis crítico de la tradición marxista. Más lógica y legítima todavía parece esa preocupación, viniendo el autor de una corriente de intervención política, como es el caso, en la que el marxismo ha desempeñado un papel de primera fila. Pero el título de Kepa Bilbao delimita más el objeto de estudio: el marxismo de Marx. Porque Marx, además, ofrece el interés añadido de ser una figura plenamente integrada en la modernidad, como lo muestran sus deudas culturales, filosóficas o metodológicas, pero constituyendo al mismo tiempo, como evidencian su actuación política e ideológica, una oposición deliberada y radicalmente crítica con aspectos centrales de esa misma modernidad. El análisis de las obras e ideas del fundador (o cofundador si se prefiere) de lo que conocemos como marxismo permanece como un aspecto central de este trabajo, aunque luego también el autor se vea lógicamente arrastrado por la marea posterior de marxistas y marxismos, cuya trayectoria permite seguir las vicisitudes del pensamiento marxista en distintos contextos y circunstancias.

A partir de este título, que me he permitido interpretar para ilustrar el contenido del libro, el autor recorre y desgrana, como ya he dicho, toda una serie de problemas y debates, acompañado por una larga serie de autores, cuyas referencias y citas invitan a ulteriores búsquedas y lecturas.

Las dos partes del título corresponden a su vez, a grandes rasgos, a los dos bloques en los que está dividido el libro, el primero dedicado al marxismo, el segundo a la modernidad. En lo relativo al marxismo, el autor recorre la obra de Marx, deteniéndose en particular en los trabajos de sus últimos años y en la discusión historiográfica posterior a propósito de las distintas etapas del autor del Capital. Aspectos centrales relativos a la ética, el método o la

concepción de la historia de Marx, así como a la deuda del llamado socialismo científico con el cientifismo de la época, dan lugar a sendos capítulos en este primer apartado. Particularmente polémico puede resultar el capítulo séptimo (Ciencia, ideología y religión) en el que Kepa Bilbao apunta los paralelismos escatológicos y salvíficos entre la religión y el marxismo. Se trataría, nos dice, de dos respuestas de distinto signo ideológico pero con similitudes estructurales innegables, que prometen ambas un paraíso frente a las incertidumbres y angustias de una época dada. Cierra esta primera parte del libro un análisis de las distintas revisiones surgidas en la propia tradición marxista, desde finales del siglo pasado con Bernstein y el austromarxismo, al calor del incumplimiento histórico de ciertas previsiones y expectativas planteadas en su día por Marx.

La segunda parte se centra directamente en las discusiones de las últimas décadas, a partir propiamente de la Segunda Guerra Mundial, sobre epistemología, esto es, teoría del conocimiento, la noción de ciencia, el alcance y las limitaciones de la utopía en nuestro siglo y, finalmente, sobre el estatuto mismo de la modernidad. Las páginas donde se recogen algunas de las propuestas más importantes sobre teoría de la ciencia (Popper, Feyerabend, Kuhn) o las dudas sobre las posibilidades de un pensamiento utópico de alcance universal, siguiendo a Berlin, en realidad van preparando al lector, ya pertrechado con suficientes recursos, para afrontar el debate de más actualidad, recogido en el último capítulo. Bajo el epígrafe La modernidad en la encrucijada se aborda allí, a modo de recapitulación, la discusión entre los denominados posmodernos, por una parte, y los post o neoilustrados, por otra. Sobre la mesa uno de los temas estrella de la polémica intelectual actual, es decir, la consideración de nuestra época y, en general, del mundo moderno nacido de la Ilustración como algo superado y superable o, por el contrario, como algo reivindicable en parte y, en todo caso, perfectible. La cuestión no es baladí, pues en última instancia se discute sobre la actitud ante la realidad, sobre los valores individuales y los colectivos, sobre el alcance de las transformaciones sociales o sobre las posibilidades de enfrentarse y cómo al mundo del capitalismo tardío a las puertas del siglo XXI.

Los sectores más críticos coinciden, con distintos acentos y matices, en el diagnóstico de los aspectos más negativos de la realidad. Pero a partir de ahí, las posiciones diversas se multiplican y resulta difícil alineamientos más generales. Desde el punto de vista histórico, parece razonable pensar, por ejemplo, que el mensaje de la Revolución Francesa es un mensaje inacabado e incompleto, pero que puede servir para la reactualización de la modernidad. Pareciera entonces que se daba la razón a la tendencia neoilustrada. Sin embargo, es igualmente innegable que la crítica posmoderna ha servido como aguijón para repensar toda suerte de convenciones y dogmas cientifistas, universalistas y optimistas y para revalorizar aspectos desdeñados por los grandes sistemas doctrinales, herederos en mayor o menor grado de la Ilustración. Por ejemplo, ¿cómo reactualizar el citado programa de libertad, igualdad y fraternidad, si no es aplicado a una denuncia del capitalismo y a una crítica de las limitaciones del sistema democrático actual, así como del tradicional etnocentrismo occidental? Es posible que, como recordaba Eugenio del Río en una mesa redonda reciente a propósito de “Cambio de época, cambio de mentalidades”, lo más conveniente sea mantener una actitud crítica en ambas direcciones. En cualquier caso, es patente que el excesivo optimismo de otros tiempos ha sido sustituido por una mayor lucidez en cuanto al curso real de la historia. Queda la duda de si la lucidez es hoy (¿inevitablemente?) pesimista.

El panorama resulta inevitablemente complejo y quizá lo más útil sea plantear en términos generales los debates de mayor actualidad y recoger un buen número de posiciones representativas de una y otra corriente en liza, intentando de esa manera trazar un cuadro amplio por el que desfilan unos y otras. De esa forma quienes no nos identificamos con esta sociedad, pero al mismo tiempo nos sentimos impotentes, por débiles, para cambiarla, podemos seguir afinando y puliendo nuestro instrumentos de análisis y de combate mientras esperamos tiempos y circunstancias más favorables.

Pienso que este trabajo de Kepa Bilbao puede ayudar perfectamente a cumplir esa misión, aunque en ocasiones el estilo, un tanto brusco y excesivamente comprimido, pueda añadir alguna dificultad. Tal vez ello responda a una táctica consciente del autor, que obliga así a quien haya caído en sus páginas a releer y pensar despacio sus palabras. Eso me ha sucedido a mí y el esfuerzo creo que ha valido la pena.

                                                                                         Antonio Duplá

                                                                                Victoria-Gasteiz Enero de 1997

Un tratamiento histórico crítico del capitalismo en lenguaje muy claro

(Intervención de Joseba Luzárraga en la presentación del libro de Kepa Bilbao, Capitalismo. Crítica de la ideología capitalista del libre mercado. El futuro del capitalismo (Ed. Talasa, 2013), en el Casco Viejo de la villa de Bilbao, el 18 de abril de 2013)

                                                    Joseba Luzarraga

      (Licenciado en Económicas y Empresariales, es MSC en el Massachusetts Institute of Technology)

A mi me gustaría empezar mi presentación haciendo referencia al estilo del libro de Kepa.

En alguno de sus libros -no recuerdo ahora cuál- P. Krugman, autor al que Kepa cita en su libro, dice que en economía hay dos clases muy diferentes de libros o publicaciones. Por un lado están las artículos económicos escritos en “griego” -de manera formal, teórica, matemática- o lo que es lo mismo, escritos por la comunidad académica para entenderse sólo con el resto de la misma y, por otro, los libros de aeropuerto que todos conocemos y que están escritos en un estilo como el de “Cómo saber economía en tres días”….escritos en un lenguaje muy asequible.

Pues bien, dice Krugman que lo difícil es escribir lo que está en griego en lenguaje de aeropuerto. Es decir, poner la ciencia en lenguaje claro. Y éste creo que es el primer logro a destacar del libro. Kepa nos traslada en un lenguaje muy claro lo que ha estudiado en fuentes primarias y lo que ve en la realidad de cada día.

Además lo hace tomando partido. Es decir, y como iremos viendo, no plantea la teoría sin tomar partido científico e ideológico, pero lo hace fundamentando su posición: lo que se agradece.

Estudia por otro lado un tema clásico, pero que en estos momentos vuelve a estar de actualidad: el del capitalismo y sus crisis.

El libro opta por un tratamiento histórico del capitalismo, imprescindible para entender el sistema capitalista, porque como dice Galbraith, a quien Kepa cita varias veces en este libro: “en lo que se refiere a la economía la historia es sumamente funcional”.

Por eso me preocupa algo que he leído recientemente (aunque no sé dónde) respecto a que no se utiliza mucho la historia en este tipo de investigaciones. Si es así, me parece un craso error. A título personal diré que a mi edad algo que echo de menos es la lectura de una buena historia universal de la humanidad que evidentemente no es fácil de encontrar. Pues bien, a falta de esa historia o como complemento a la misma recomiendo el libro de Kepa para hacernos una idea completa y rápida del capitalismo, sus logros y miserias, así como su futuro.

Respecto al contenido, el prólogo hace un resumen excelente de la obra por lo que yo me limitaré a dar unas breves pinceladas sobre cómo se puede abordar el libro a partir de tres ideas básicas.

Todos conocemos las nefastas consecuencias de la crisis actual….y probablemente algunos de los aquí presentes nos podrían explicar muy bien los errores doctrinales de la versión más agresiva del capitalismo imperante en este momento: el neoliberalismo. Kepa nos lleva a este mismo escenario al final de su libro, pero parte, como él dice, de: “¿cómo empezó todo esto?”.

El libro presenta como el primer eslabón en la historia del capitalismo la obra de Adam Smith. Ya sabemos, como decía Schumpeter, que Adam Smith no aportó ideas económicas completamente originales, pero supo estar en el momento justo con la obra oportuna: La riqueza de las naciones. Como dice Kepa, Adam Smith estableció el punto de referencia para la teoría económica liberal posterior. Se hizo famoso por su: 1. defensa del libre mercado 2. su posición crítica de la intervención gubernamental y 3. por su célebre metáfora de la mano invisible que conduce al individuo al bien colectivo aunque éste no lo pretenda expresamente.

Sin embargo, ya lo apunta Kepa en el libro y lo desarrolla ampliamente, existía también el A. Smith de la Teoría de los sentimientos morales, el profesor de Filosofía Moral. Un autor preocupado por las consecuencias morales del capitalismo y cuya preocupación no parece que la hayan compartido autores modernos del neoliberalismo como Hayek.

Yo sugeriría la lectura del libro teniendo en cuenta esas tres ideas básicas a las que hacía referencia y que están relacionados con los pilares en los que se funda la eficiencia del orden capitalista. La eficiencia del sistema capitalista se fundamenta en dos instituciones: el mercado y la empresa por un lado y un supuesto de comportamiento, la racionalidad económica, que tiene su fundamento en la “codicia” en términos de Kepa.

Si dejamos de lado la empresa que no se analiza en el libro, pero que también tiene una historia apasionante, podremos comprobar que el libro va desarrollando una amplia crítica de la teoría de la autoregulación de los mercados y de la “codicia” como motor eficiente de la actividad económica.

Y en esta crítica aparece con frecuencia la figura de Keynes a quien se le dedica un amplio espacio en el libro a mi modo de ver plenamente justificado. La economía de Keynes nace fundamentalmente de su observación de la realidad y de las deficiencias que él observa en el sistema capitalista y que son inadmisibles a su juicio por distintos motivos.

¿Cuáles son estas deficiencias en relación con los pilares del sistema que aborda Keynes y que Kepa comparte y nos presenta en el libro ? Dos fundamentales:

En primer lugar, la teoría de la racionalidad económica o del así llamado “homo oeconomicus”.

Y en este punto me gustaría tomar prestadas de un pensador de izquierdas un par de reflexiones sobre la inconsistencia de esta hipótesis. Este autor define esta hipótesis del agente económico racional como sigue: “El agente económico -o sea nosotros- según esta teoría sería una especie de “robot” que toma siempre sus decisiones a partir de las reivindicaciones proporcionadas por el cálculo de maximización intertemporal de una función de utilidad que se toma como indicadora del bienestar de esos agentes”. Lo he citado enteramente para que, como dice este autor, seamos conscientes de que ni tú ni yo podríamos comprar un manojo de puerros conforme a los requisitos de esta teoría, algo que, por otro lado, ya sabemos.

A nadie se le escapa que esta teoría no es realista. Pero si no es así, la pregunta es por qué se ha mantenido durante tanto tiempo. Pues como dice este autor hay varias razones, pero hay una muy interesante que curiosamente está tomada de M. Friedman (el guru del neoliberalismo como veremos luego) y que se conoce como “instrumentalismo metodológico”.

¿Qué es el instrumentalismo metodológico? Para decirlo de una forma más plástica, voy a pedirle a Kepa que cuente el único chiste que aparece en el libro [Hay un chiste muy popular entre los economistas que según Anatole Kaletsky nos dice más sobre las causas y consecuencias de la crisis que cualquier estudio de Wall Street: Un economista, un químico y un físico naufragan en una isla. Su único alimento es una lata de frijoles, pero no tienen abrelatas. ¿Qué harán? El físico dice: «Pongamos la lata al sol, podría fundirla y hacer un agujero». «No», dice el químico. «Deberíamos verter agua salada en la tapa, podría oxidarla». El economista interrumpe: «Están malgastando el tiempo con esas ideas complicadas. Presumamos que tenemos un abrelatas».] Lo importante es, pues, el “como si”, no si la hipótesis es realista o no.

No vamos a pensar que M. Friedman era “estúpido”. M. Friedman escribió allá por el año 1953 un ensayo que todavía hoy en día constituye una referencia en el campo de la metodología de la economía titulado “Metodología de la Economía Positiva”. Aunque la contribución más reciente a este artículo nos pretenda convencer de que la metodología de Friedman es una variante de la posición filosófica conocida como instrumentalismo, lo de Friedman es “instrumentalismo metodológico” como lo argumenta definitivamente B. Caldwell.

Friedman afirma que el propósito de la ciencia es la predicción y que el “realismo” de las hipótesis no importa. “El realismo total es inalcanzable y la cuestión de si una teoría es suficientemente realista sólo se puede resolver si dicha teoría da lugar a predicciones que son suficientemente buenas para el propósito para el que se utilizan o son mejores que las predicciones que puedan producir otras teorías”.

Pues bien, hoy en día los filósofos de la ciencia rechazan el instrumentalismo no sólo desde el punto de vista metodológico sino también desde el punto de vista epistemológico.

Para decirlo con mayor claridad, los instrumentalistas no admiten que aunque no

seamos capaces de conocer si una teoría es verdadera o falsa, es de hecho verdadera o falsa. Por eso, hasta K. Popper rechazó el instrumentalismo al entender que forzaba a los científicos a abandonar la búsqueda de la verdad.

Además, desde el punto de vista metodológico hay que clarificar cuál es el propósito de la ciencia. Si como dice Friedman el propósito de la ciencia es encontrar teorías que sean capaces de predecir adecuadamente, el instrumentalismo es un instrumento metodológico adecuado. Pero si el propósito de la ciencia es el descubrimiento de teorías que expliquen la verdad el instrumentalismo no sirve. De modo que en el extremo, la preocupación por la predicción adecuada puede forzar a los científicos a preferir la correlación estadística a la explicación causal si aquella permite hacer mejor las predicciones.

Creo que los que aquí estamos compartiremos que nuestra preocupación va más allá de la idoneidad predictiva de la ciencia para admitir que estamos interesados en la búsqueda de la verdad aunque este camino sea muy largo. Por lo tanto, no queremos admitir el “instrumentalismo ideológico” por muy elegante que sea. Compartiremos, espero, que en los comportamientos humanos hay unos impulsos extraracionales que Keynes definía como los “espíritus animales”. Y cito a Keynes: “al calcular las posibilidades de inversión debemos tener en cuenta por tanto los nervios y la histeria y aún la digestión…..”

La segunda crítica que está íntimamente unida a la anterior se refiere al comportamiento de los mercados. Uno de los temas centrales del libro de Kepa es la denuncia de la teoría de la autorregulación de los mercados.

Como primera anotación a la tesis de la eficiencia de los mercados que se autorregulan hay que decir que la teoría supone que el sistema de mercados perfectamente interconectados es completo. Es decir, que existe un mercado para cada producto o servicio en todas las dimensiones y esferas de la vida social. Afortunadamente podemos decir que esto no es así y que lo humano es más que lo puramente económico, ya que de no ser así hoy no estaríamos aquí reunidos.

El análisis y hasta la reivindicación de Keynes e incluso de los post-keynesianos que se hace en el libro con respecto a esta crítica de la autorregulación de los mercados es abundante y detallada.

Keynes nos dice que no es correcto deducir de los principios económicos que el propio interés debidamente informado actúa siempre para el bien común.

Como dice Kepa, la novedad radica en que Keynes está convencido de que “la incertidumbre y la consiguiente inseguridad social y política son la norma y no la excepción en las economías capitalistas”. Por ello, la intervención, sobre todo para gestionar la demanda, es la condición necesaria para el bienestar económico y para la supervivencia de los mercados. Frente a Hayek, uno de sus oponentes y pioneros del neoliberalismo, el capitalismo era para Keynes el mal necesario guiado por una necesidad poco agradable como es el “amor al dinero”.

Ahora bien, aunque Keynes escribió un Tratado que, como dice Kepa, significó un acontecimiento de impacto similar al de la Riqueza de las naciones, su enfoque básico fue más bien práctico y no tanto puramente teórico. Quizá por ello el Tratado se convirtió en la referencia fundamental de la política económica durante muchos años.

Los resultados históricos de este planteamiento keynesiano y el bienestar social que se generó desde el año 1945 hasta mediados de los 70, en parte debido a estos planteamientos de intervencionismo selectivo, se detallan ampliamente en el libro.

Sin embargo, esta época de prosperidad llegó a su fin a mediados de los 70 y después de una época de altibajos ha terminado en una crisis de enormes proporciones como la actual.

Así como la época de prosperidad que va desde 1945 a mediados de los años 70 puede relacionarse con las doctrinas keynesianas y las del Estado de bienestar, ¿podemos identificar alguna escuela como responsable de las excesos de estos últimos años que han desembocado en la terrible crisis actual? Kepa le dedica a esta nueva escuela, al neoliberalismo, dos capítulos muy interesantes. Identifica a dos pensadores clave, Hayek y Friedman, y a dos ejecutores de sus teorías por todos conocidos, M. Thatcher y R. Reagan.

En efecto, si la crítica que hemos apuntado se puede aplicar a la teoría neoclásica, debería ser más rotunda cuando nos referimos a la versión actual de la misma, al neoliberalismo, que ha llevado al extremo, como hemos apuntado, algunas de las hipótesis más discutibles del sistema capitalista. Creo que el neoliberalismo, al no admitir las deficiencias del sistema capitalista, ha representado el mundo como el ideal de un “fundamentalismo económico” que ha degenerado en una ideología.

Esta radicalización respecto a las teorías neoclásicas es muy clara en lo que se refiere al planteamiento moral de este “orden económico” que es el sistema capitalista. Dice Hayeck que la moral no es necesaria porque este orden es neutro. El sistema no es ni bueno ni malo. Es eficiente y punto. Ya lo advierte Kepa: suele ser corriente entre los teóricos liberales separar economía y moral y ver la moral como algo dañino cuando se la introduce en la esfera económica. Sin embargo, esta posición radical no era compartida por pensadores como A. Smith como espero que lo puedan compartir hasta los más neoliberales.

Y esta neutralidad no es admisible. Cualquier sistema tiene que tener su justificación, su anclaje fuera de sí mismo: lo dijo Godel ( a quien M. Friedman cita en su famoso trabajo antes citado) en su segundo teorema. Y un sistema que afecta directamente a la vida social tiene que tener su anclaje en la moral. De hecho, autores como Keynes entendían la economía como una disciplina de la filosofía moral. Sólo el fundamentalismo de la nueva corriente neoliberal lo ha dejado de lado. Ahora bien, la fundamentación debe basarse en una moral que a su vez tenga sus raíces en la realidad de los conflictos y las pasiones humanas.

Los “resultados” que la colaboración de estas ideas de Hayek y Friedman y las políticas de Pinochet, Thatcher y Reagan produjeron en Chile, Reino Unido y Estados Unidos se detallan en el capítulo 6.

Finalmente un comentario sobre la crisis. Cuando Kepa habla de la crisis del pensamiento económico dominante hoy día, en el capítulo 8, nos dice que la crisis actual arranca precisamente de la desregulación de los mercados financieros soportada por toda una teoría de eficiencia de la desregulación que contribuyó a desarmar a los Gobiernos y a eliminar las cautelas frente a los riesgos y la incertidumbre.

Y a mi me parece que este es un resumen muy acertado de las causas clave de la crisis actual. En el origen de esta crisis está, no hay duda, la incapacidad y la dejación de los gobiernos para enfrentarse a los riesgos financieros por la debilidad en que se encuentran debido a la brutal desregulación y al desconocimiento de tales riesgos, debido en parte a la complejidad de los mismos y a la dejadez de su responsabilidad política.

En cuanto a la crisis, hay amplias e interesantes citas de autores tan importantes como Krugman, Stiglitz, etc. y hasta del viejo Kindleberger (a quien no dieron el Nobel a pesar de que probablemente lo tuvo bien merecido) todos ellos de algún modo relacionados con el MIT que de forma contundente repudian científicamente el pensamiento de esta nueva corriente y las funestas consecuencias que algunos comportamientos fomentados o tolerados, al amparo de estas ideas, están teniendo para los más indefensos.

Por supuesto hay también al final, como no podía ser menos, un análisis muy interesante sobre la globalización y sus consecuencias y un descubrimiento de un autor que presenta algunas ideas muy claras sobre este fenómeno y sus consecuencias así como el trilema de la globalización, soberanía nacional y la democracia: el profesor de la escuela de gobierno de Harvard D. Rodrik. Yo no lo conocía y espero seguirle de cerca en el futuro

Eta azkenik, betiko galdera datorkigu burura, zein den kapitalismoaren etorkizuna eta zer egin behar dugun.

Kepak proposatzen diguna ezagutzeko liburua erostera animatzen zaituztet, halere bertan irakurri ditzakegun pare bat gauza aurreratuko dizkizuet.

Kepak lehenbizi adierazten digu sistema kapitalista oso moldakorra dela. Egokitzeko gaitasun handia duenez ez da erraza zein etorkizun izango duen asmatzea. Etorkizun posible hauetariko bat Keynes-ek aurreratua izan liteke, halaber demokrazia liberal eta kapitalismoak duten aukeretariko bat sozialismorantz hurbiltzea dela.

Bigarrenez historiak gaur egungo egoera ulertzen lagundu arren etorkizunerako hutsik egiten ez duen gida ez dela idazten du. Gure betebeharra bidezkoagoa den sistema baten alde lan egitea da.

Erakundeak eta gizartea aldatzeko lan egin behar dugula jakin behar dugu, horrela jokatu ezean badakigulako zer datorkigun: dagoeneko orainaldi bilakatu den eta maila guztietara heltzen den txirotasunez beteriko etorkizuna.

Eta horretarako Keparen liburua erosiz argi izan dezagun zergaitik heldu garen honaino, Keynes-ek, beharbada apur bat “inuzente” zioen bezala: «konbentziturik bainago sorturiko interesen boterea asko puztu dela ideien transgresioak…. manipulazioak suposatzen dutenarekin alderatuz».

* Traducción al castellano: Y para terminar la clásica pregunta, ¿cuál es el futuro del capitalismo y qué debemos hacer?.

Pues para que podáis conocer lo que Kepa propone yo os animo a comprar el libro aunque sí voy a anticipar un par cosas que aparecen en él..

La primera apuntada por Kepa es que el sistema capitalista es muy versátil y tiene una gran capacidad de adaptación por lo que no es fácil adivinar su futuro. ¿Podría ser una de estas opciones de futuro la insinuada por Keynes de que la democracia liberal y el capitalismo contienen muchísimas posibilidades entre ellas una aproximación al socialismo?.

La segunda es que la historia que nos ayuda a comprender el presente no es una guía infalible del futuro. Nosotros debemos trabajar por un sistema más justo.

Debemos ser conscientes de que hay que trabajar por cambiar las instituciones y la sociedad ya que de lo contrario sabemos que nos espera un futuro que ya es presente de mayor pobreza en todos los órdenes.

Y para ello tengamos claro por qué hemos llegado hasta aquí comprando el libro de Kepa porque como decía Keynes, no sé si un poco ingenuamente: “estoy convencido de que se ha exagerado mucho el poder de los intereses creados cuando se compara con la transgresión de las ideas…” .

Años de plomo

AÑOS DE PLOMO

Por Juan Tomás Enciondo

1.- Viví personal e intensamente todo el período que abarca el trabajo histórico de Kepa Bilbao Ariztimuño en Años de plomo. La excepcionalidad vasco-navarra en la transición, 1975-1985 (Gakoa, 2020). Como que tenía 20 años en el Mayo 68. Ese mismo año ya cursaba los estudios de Políticas en Madrid. Allí comencé a participar en movimientos estudiantiles y de barrio, aunque seguía con un ojo muy puesto en lo que se cocía en Euskal Herria. Era un “vasco” en Madrid, lo que por cierto entonces daba cierta puntuación positiva en los ámbitos progres.

De vuelta a casa en 1972 me integré en el asociacionismo vecinal, concretamente en la AAVV Kareaga Goikoa de Basauri, mientras continuaba estudios y ejercía mis primeros trabajos precarios. Participé modestamente en la consolidación del movimiento de AAVV y FF de Bizkaia y fui vocal de la junta de su Federación.

Miembro fundacional (1974) de la Comisión de Defensa de una Costa Vasca No Nuclear, precisamente en calidad de representante de la Federación de AA de Bizkaia, para lo que fui designado junto con el dirigente de la AAFF de Rekalde Carlos López. Poco a poco la frenética actividad de la Comisión me fue restando intensidad en la dedicación a la Asociación de Kareaga Goikoa y a la Federación. Hacia 1977 las AAVV dejaron de participar activamente en la lucha antinuclear siendo sustituidas por los Comités Antinucleares, con lo que la representación de la Federación de AAVVFF en la Comisión se hizo mas bien simbólica. No obstante seguí militando activamente, pero sin responsabilidades directivas, en el movimiento vecinal, si bien entre los años 76 al 81 me tocó vivir en el seno de la Comisión de Defensa la intensa e interminable pelea por la desnuclearización de nuestro país. Y tanto el asociacionismo vecinal como en especial la Comisión fueron una buena atalaya para conocer, sentir y participar la realidad de esos “años de plomo”.

Nunca milité en ningún partido político. Siempre me sentí algo así como un mero mandatario de la sociedad civil organizada. Desde esa no militancia de sigla sufrí intensamente de las intrigas partidarias y las peleas de los partidos por acaparar influencia en las plataformas populares.

2.- La Comisión de Defensa de una Costa Vasca No Nuclear ha sido uno de los (seguramente) muchos ejemplos de la capacidad que la sociedad civil tiene para auto organizarse, para aunar personas y colectivos dispares y plurales en pro de una (inicialmente) utopía, pero con una dedicación, constancia, preparación, creatividad e imaginación que logran implicar a una parte muy notable de la sociedad en aras a una reivindicación justa, irrenunciable e inaplazable. Y todo ello con el empleo de los únicos instrumentos a su alcance como la fuerza argumentativa científicamente contrastada, la utilización hasta el límite de la pelea jurídica, la movilización y la resistencia pacífica. En el caso de la controversia nuclear que se desarrolló en nuestra comunidad entre los años 1974 y 1984, la actuación de la sociedad civil organizada en oposición a los proyectos electronucleares, fue modélica y, tal vez, sin parangón en otras sociedades de nuestro entorno. La organización y la tenacidad consiguieron paralizar una estrategia diseñada por las empresas eléctricas y el estado franquista para imponer un modelo energético y de desarrollo socioeconómico, que pretendía esclavizar nuestro pueblo por siglos y someterlo a riesgos que podrían alcanzar la misma desaparición como tal. La Comisión de Defensa supo desde un principio componer un equipo de trabajo muy compensado, plural, de personas muy formadas y maduras, y supo transmitir el mensaje con rigor y contundencia. Dispuso de un grupo excepcional de asesores, tanto en materia jurídico/administrativa, como en el ámbito científico, desde el que se estuvo al corriente de todas las ideas e iniciativas antinucleares y con el que se obtuvo una eficaz labor divulgativa y comunicativa.

No se puede obviar el peculiar contexto socio político y cultural emergente, bien descrito en AÑOS DE PLOMO, que empujaba a todo un pueblo hacia su libertad y emancipación. Contexto que propició sin duda un caldo de cultivo para la conciencia y la movilización antinuclear. La fuerza alcanzada por la lucha contra las centrales nucleares en los momentos previos a la implantación de los partidos, hasta pongamos 1978, hizo que la sociedad civil pudiera seguir mucho tiempo organizada al margen o mas allá de los partidos, lo que le permitió mantenerse coherente y sin divisiones patentes.

Y la intervención de ETA, intensa, gradualmente creciente, llegó en algún momento a adquirir una apariencia de liderazgo absoluto del movimiento popular. Sin embargo no sería razonable concluir que la paralización de los proyectos y en especial el de Lemoiz, se debiera única ni principalmente a la dura ofensiva armada de ETA y algunos otros grupos, tal como aún hoy alegan quienes en su momento apoyaron la locura pronuclear y los que se ven todavía hoy en día favorecidos por el relato “oficial”, sino que el mérito principal del triunfo antinuclear hay que atribuírselo a la contundente y eficaz movilización popular. La propia ETA y las otras organizaciones fueron conscientes de que iban a remolque de la sociedad civil y, a su modo, trataron de romper por la fuerza la razón de la fuerza esgrimida por los promotores y colaboradores de la nuclearización.

3.- La Comisión de Defensa, a lo largo de esa década, publicó un sinfín de documentos, informes, comunicados… y tuvo la precaución y habilidad de recogerlos y concentrarlos en tres libro/informes: “HACIA UNA COSTA VASCA NUCLEAR? EL CASO DE LEMONIZ” 1977, “EUSKADI O LEMONIZ” 1979 y “LA CONTROVERSIA NUCLEAR LEMONIZ” de 1981. Además, quedó completado aunque pendiente de publicación un cuarto informe que recopila lo concerniente al último período, hasta 1984. El resto de la documentación generada en esa década de movilización, artículos y bibliografía científica, informes, recursos y resoluciones administrativas y judiciales, carteles, pasquines, pegatinas, material fotográfico y audiovisual, recortes de prensa, diversas obras de arte entregadas por los artistas al movimiento… componen un conjunto documental muy voluminoso y enormemente valioso. Todo ello ha sido aportado al patrimonio fundacional de “ENADEN BEGIAK FUNDAZIOA”, constituida en 2018 con sede en Ea, Bizkaia, y con finalidad de recoger el legado derivado de esa larga lucha y promocionar toda clase de iniciativas por el cambio de modelo energético, la sostenibilidad y reversión de la inexorable crisis medioambiental. Entre los cometidos de ENADEN BEGIAK FUNDAZIOA figura el de crear un “centro de documentación” que haga posible el análisis y la investigación de lo que supuso realmente el movimiento antinuclear, a fin de que las nuevas generaciones conozcan lo que realmente ocurrió y pueda extraer de ello precedentes utilizables en el vigente marco de la lucha medioambiental. Es decir que el paso dado por la Comisión va en la línea de colaborar en una interpretación fiel del período histórico al que se refiere AÑOS DE PLOMO, desde la perspectiva de un sector de la sociedad civil vasca organizada.  

Dicho lo cual…

La lectura de AÑOS DE PLOMO me ha satisfecho en muchos aspectos. Es un trabajo de historia muy documentado, riguroso, exhaustivo. Pese a su evidente intencionalidad científica se lee con facilidad. Claro que, como cualquier análisis histórico y no podría ser de otra manera, se evidencia la óptica ideológica de partida, sentido de pertenencia al pueblo vasco y de izquierdas, opción absolutamente legítima para analizar la historia, con la que en términos generales me identifico y que no resta un ápice de objetividad y rigurosidad. Lo cual no significa que se manipule el relato en aras a sustentar posiciones políticas necesitadas de que los hechos, en especial, la intervención de la sociedad, no hubiera sido la que realmente fue. Concretamente la mayor parte de los trabajos recientes sobre la movilización antinuclear, incluidos algunos documentales y programas de EITB, sólo tratan de minimizar la movilización y maximizar la influencia de la lucha armada hasta el punto de invalidar la propia reivindicación para reducirla a una estrategia terrorista.

Para mi, AÑOS DE PLOMO recopila hechos, acontecimientos, informaciones e interpretaciones de los hechos que se compadecen con lo que yo viví con intensidad y con lo que he digerido y reflexionado posteriormente en el transcurso y en la distancia de los años (que por cierto han seguido siendo “de plomo”, finalmente sin balas pero siempre con mucho sufrimiento para el conjunto de la comunidad).

El problema que tiene abarcar un período tan largo e intenso de la historia de un pueblo es que hay que dejarse mucho en la gatera, que te obliga a resumir, elegir, simplificar… Por eso es tan difícil dar una visión de conjunto suficiente y plenamente satisfactoria.

Y el trabajo de historiador obliga necesariamente a contar la sucesión de los hechos, su concatenación lógica y el testimonio de los testigos. La historia escrita se basa al menos en dos premisas: la correcta elección de los acontecimientos acaecidos, narrados e interpretados por sus testigos, principalmente a través de los medios de comunicación y los analistas, y en el rigor científico-técnico del propio historiador. Pero con ello y en el mejor de los casos (años de plomo lo es) se logra transmitir sólo una parte de la realidad, aquella que es perceptible con los instrumentos de la razón. Raramente se puede narrar la historia completa, la que además comprende la parte sensorial subjetiva, esto es lo que realmente vivió la comunidad como individuos y conjunto de personas, los sentimientos y las sensaciones, así como el grado de influencia de las mismas en el devenir de los acontecimientos. Sin duda son mejores historiadores los poetas, los cantantes y cómo no, los bertsolaris, aunque no sigan un relato sistemático e inmediatamente comprensible.

Pero también los que vivimos todos esos años despiertos, asustados e ilusionados, golpeados y eufóricos, derrotados y puntualmente victoriosos… podríamos (deberíamos) participar en la narración de la historia y saber comunicar sencillamente lo que vivimos y cómo lo hicimos.

Desde la Comisión, me imagino que desde otras muchas plataformas de lucha y reivindicación, las mujeres, el euskara y la cultura, las organizaciones de la sociedad civil de todo género, siempre nos ha preocupado la transmisión y la comunicación del legado construido a las nuevas generaciones. No bastan los libros, ni los centros de documentación. Hay que transmitir el relato del conjunto de las sensaciones, emociones, frustraciones. Comunicar cómo supimos organizarnos, motivarnos, ilusionarnos, implicar a gente de todo tipo y condición, además de grandes artistas e intelectuales en las movilizaciones. Hacer ver que en esos años del plomo mucha gente, mucha, se afanaba cada día por poner su granito de arena en la tarea de sacar adelante a este pueblo.

La contribución de libros como “AÑOS DE PLOMO” junto a la de otras publicaciones que analizan las aportaciones de los literatos y cantantes en esa época, de los documentales como EZ, ESKERRIK ASK0 GLADYSEN LEIHOA y otros muchos, de las entrevistas y testimonios gráficos, es fundamental. Pero tiene que ir acompañada de una revisión profunda de las actitudes, las emociones, el ingenio y la inventiva de aquella generación que participó intensamente en la llamada “transición” desde la primera línea de las organizaciones de la sociedad civil.

Posiblemente saldrían muchas lecciones que, aprendidas hoy en día por los actuales activistas sociales, nos pondrían en mejores circunstancias para afrontar los retos vigentes y, muy especialmente, el reto máximo al que se enfrenta la humanidad de revertir la catastrófica deriva medioambiental.

Lekitto, 2020, 06, 29 (Sanpedro eguna)

Notas sobre Hobsbawm y el libro ¡Viva la Revolución!

 A Eric Hobsbawm le empecé a leer y estudiar a principios de los 90 del siglo pasado. Es un historiador marxista especialista en el siglo XIX y XX del continente europeo: industrialización en Europa, revolución burguesa, movimiento obrero, Marx… Como anécdota diré que de joven viajó a España en bicicleta para ver qué pasaba y sumarse al bando republicano. En la frontera fue detenido, interrogado y expulsado por una patrulla anarquista, que lo creyó un espía.

   Desde 1936, junto a Maurice Dobb, Hilton, Hill, E.P. Tompson y otros, formó parte activa del grupo de historiadores del Partido Comunista Británico (PCB). En 1956, con motivo del XX Congreso del PCUS y el discurso de Kruschev sobre Stalin, la invasión de Hungría por la URSS y la fracasada oposición a ésta por parte del PCB, la mayoría del grupo de historiadores (Hilton, Hill, Tompson…) abandonarían el partido, junto a miles de comunistas británicos. En cambio, Dobb y Hobsbawm no lo hicieron hasta su disolución en 1991 porque, como el mismo Hobsbawm diría más tarde, “creía en la necesidad de un partido fuertemente organizado”.

   De su obra resaltan líneas de investigación como la industrialización y expansionismo del Capitalismo, rebeldes y bandidos, el fenómeno de las naciones, el nacionalismo y la invención de la nación moderna[1].

   Rebeldes primitivos (1959), un estudio sobre las formas arcaicas de la protesta social organizada en los siglos XIX y XX, centrada en el sur de Italia y, su ampliación, Bandidos (1969), son sus dos primeras obras de historia social, fuera del ámbito de la historia económica que fue en la que más trabajó.

   La interpretación de Hobsbawm sobre el bandolerismo social del tipo que encarna Robín Hood, el ladrón noble, rompe con la tradición historiográfica que considera como mero delincuente, un “fuera de la ley”, a todo participante en las luchas armadas contra el poder establecido, situando en un primer plano, en el campo de la investigación histórica, a movimientos sociales que habían sido relegados al anonimato de los archivos policíacos, las páginas sensacionalistas de los periódicos, leyendas, relatos y cantos populares. Conceptualiza el bandolerismo social como una de las formas más primitivas de protesta social organizada, quizás la más primitiva, y sitúa este fenómeno casi universalmente en condiciones rurales, cuando el oprimido no ha alcanzado conciencia política, ni adquirido métodos más eficaces de agitación social pero se enfrenta al Estado y a sus agentes, policías, soldados cobradores de impuestos, lo mismo que a terratenientes, mercaderes y sus afines, desde sociedades en los que los lazos de solidaridad basados en el parentesco y la territorialidad, no han dejado de existir.

   Sus obras más importantes, las que le dieron la reputación a nivel internacional de la que gozó como historiador son la serie formada por La era de la revolución, 1789-1848 (1962) La era del capital, 1848-1875 (1975), La era del imperio, 1875-1914 (1987) a la que se puede añadir Historia del siglo xx (1994). Escribió su último libro en 2011 bajo el título “Cómo cambiar el mundo”.

   Hobsbawm no es un especialista en la historia de América Latina, un latinoamericanista, pero sí se interesó mucho, en especial en las décadas de 1960 y 1970 por ese continente, y escribió algunas cosas fruto de sus viajes turísticos, aunque del conjunto de su obra, no es lo de mayor valor. Consideró en su tiempo América Latina como un laboratorio del cambio histórico y de experiencias políticas. Como muchos, entonces, andaba en busca de la Revolución. Lo que sorprende, sin embargo, es el poco espacio que le dedicó a Latinoamérica en sus historias generales del mundo contemporáneo.

   Viajó a Cuba por primera vez en 1960 en calidad de miembro del Partido Comunista Británico invitado por Carlos Rafael Rodríguez, una figura relevante del Partido Comunista Cubano que se había unido al Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra. Hay que tener en cuenta que Hobsbawm además de miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña fue fundador del Comité Británico-Cubano. Al regresar a Londres en octubre, además del correspondiente informe ante el Comité de Asuntos Internacionales de PCB, escribió un artículo para New Statesman en el cual describió la Revolución Cubana como «un espécimen de laboratorio único en su tipo (un núcleo de intelectuales, un movimiento de masas de campesinos)»; algo «notablemente alentador y que se hace querer», que «excepto que los Estados Unidos intervengan militarmente» hará de Cuba, «muy pronto», «el primer país socialista en el hemisferio occidental»

   Entre el 1962 y 1963 hizo una estancia en varios países de América del Sur, visitó sobre todo Perú, Colombia y Brasil, un poco como historiador, buscando nuevos ejemplos de sus “bandoleros” y “rebeldes primitivos”, pero sobre todo con la esperanza de ver crecer y madurar los brotes de la insurgencia. Regresó de su primera visita a América del Sur convencido de que estaba destinada a convertirse en «la región más explosiva del mundo» en la década siguiente. Lo impresionaba en especial el potencial para la revolución de los movimientos campesinos en Perú y, sobre todo, en Colombia, que eran «virtualmente desconocidos en el mundo exterior».

   Hobsbawm respecto a Cuba apenas dice gran cosa. Lo hizo con buena parte de los paradigmas manejados en la época por la izquierda europea. Señala que, en los orígenes, Fidel era un líder populista de izquierdas: Aunque radical, ni Fidel ni sus camaradas eran comunistas, ni (a excepción de dos de ellos) admitían tener simpatías marxistas de ninguna clase. De hecho, el Partido Comunista cubano, el único partido comunista de masas en América Latina aparte del chileno, mostró pocas simpatías hacia Fidel hasta que algunos de sus miembros se le unieron bastante tarde en su campaña. Las relaciones entre ellos eran glaciales. Los diplomáticos estadounidenses y sus asesores políticos discutían continuamente si el movimiento era o no pro comunista -si lo fuese, la CÍA, que en 1954 había derrocado un gobierno reformista en Guatemala, sabría qué hacer-, pero decidieron finalmente que no lo era.

   El Partido Comunista, que no lo había apoyado, le suministró la organización y los cuadros necesarios para gobernar. Ese apoyo, y la cruzada anticomunista que lanzó Estados Unidos, volcaron a Castro al comunismo. Eso es todo lo que dice de Cuba. Es especialmente crítico con el Che y la teoría del “foquismo”. La considera una estrategia equivocada y, afirma, que costó vidas, cuadros, organizaciones y, sobre todo, que malogró oportunidades alternativas. Esto lo escribe en el 68, poco después de la muerte del Che. En el esbozo que hace de él dice que no tiene nada que ver con el mito del joven romántico, libertario y vanguardista que ya despuntaba. En su opinión, su modelo fue Lenin: análisis riguroso de la situación y una estrategia desarrollada con decisión, sin consideraciones sentimentales que obstaculizaran hacer lo que era necesario. Su muerte, dice, no se debió al sacrificio por una noble causa, que le atribuye aún hoy la posteridad, sino a una evaluación errónea de la situación. El gran error, añade, de quienes adoptaron el guevarismo fue no advertir que el triunfo de la revolución en Cuba modificaba las circunstancias objetivas, al poner en alerta a Estados Unidos y a los gobiernos locales, que aprendieron los métodos de la contrainsurgencia. La Revolución Cubana no tenía muchas probabilidades de ser copiada en otros sitios de América Latina: «Sus condiciones fueron peculiares y nada fáciles de repetir», escribió.

   Tras considerar el fracaso de Cuba. Hobsbawm en los 70 sigue buscando la revolución. Analiza dos casos que no encajaban en los manuales: la revolución peruana iniciada en 1968 por los altos mandos militares, y la transición democrática al socialismo del Chile de Allende. La asesina dictadura chilena de 1973, a la que siguieron similares dictaduras en otros países del área, cerró el ciclo de escritos sobre América Latina de un Hobsbawm desencantado de su sueño revolucionario. Estos regímenes militares de los setenta, caracterizados por su violencia y crueldad, fueron consecuencia, en opinión de Eric, del temor de las oligarquías locales a las masas urbanas movilizadas por los políticos populistas y los movimientos de la guerrilla armada rural inspirados por el Che y Castro, junto con el temor de los Estados Unidos a la propagación del comunismo en América Latina a consecuencia de la Revolución Cubana y en el contexto de la Guerra Fría. Todos los golpes sudamericanos fueron «apoyados con fuerza, acaso organizados, por los Estados Unidos»

   Continuó viajando, en especial a Perú, México, Colombia, Chile y Brasil, para dar conferencias, para participar en seminarios, para promocionar sus libros -traducidos todos al español y al portugués-, para recibir homenajes de las autoridades, pero prácticamente no volvió a escribir sobre América Latina. Solo lo hizo en Años interesantes, sus memorias publicadas en 2002, diez años antes de su muerte. El único país del que Eric se siguió ocupando fue Colombia. Un movimiento guerrillero de la vieja escuela, dirigido por el Partido Comunista y sostenido por el apoyo de los campesinos y los peones rurales, las «formidables y destructivas» Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) habían sobrevivido a la década de 1960 y habían cobrado fuerza en la de 1970 y los comienzos de la de 1980. Además, se le habían sumado otros movimientos guerrilleros: el Ejército Popular de Liberación (EPL), maoísta; el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de inspiración cubana, y el Movimiento 19 de Abril (M-19). Pero la lucha armada no había logrado que Colombia se acercara a la revolución social. Sin embargo, Brasil resultó el país que atrajo la atención, y el afecto de Eric cada vez más. Brasil parecía ser la última oportunidad de América Latina, si no para la revolución social, al menos para una transformación social de importancia. El crecimiento sostenido del PT bajo la dirección de Lula era suficiente, escribió Eric en Años interesantes, para «alegrar el corazón de la vieja izquierda»

   Aquellas ilusiones de los años 70 se fueron enfriando con el paso de los años y ya en los últimos textos asume, a pesar de las buenas palabras dedicadas a las FARC, que la revolución anhelada no va a llegar. La decepción con Cuba, sus críticas al foquismo vanguardista que se quería exportar al resto de América Latina o a la guerrilla, su escepticismo por los proyectos de la Unidad Popular y la vía chilena al socialismo y del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, muestra una cierta frustración e impotencia con la evolución histórica regional, con la revolución que no fue o no pudo ser posible: “La revolución, dice, tan esperada, y en tantos países necesaria, no sucedió, asfixiada por los militares indígenas y los Estados Unidos, pero no menos por la debilidad interna, la división y la incapacidad”.

   Este desencanto apagó el interés de Eric Hobsbawm por América Latina. Siguió sin hacer un balance de Cuba, y su ilusión sobre la revolución campesina se quedó sin base. Eric sintió cierta simpatía por Hugo Chávez en Venezuela, pero más por su oposición a los Estados Unidos, y por el hecho de que lo apoyaban los remanentes del Partido Comunista Venezolano, que porque confiara en que construiría una sociedad socialista en ese país. Nunca visitó Venezuela en el período de Chávez,

   En 2002, celebró con champagne el triunfo de Lula en Brasil; entonces le preguntó a su amigo Leslie Bethell (el recopilador de los artículos del libro Revolución) si no debían esperar una nueva desilusión. Hobsbawm murió en 2012, hoy esa desilusión se hubiera visto confirmada con la victoria de Bolsonaro. ¿Qué hubiera dicho y escrito hoy Hobsbawm, si viviera, sobre Venezuela, Colombia o Brasil?

   Antes de morir dejó instrucciones para que se publicara una recopilación de sus artículos, ensayos y reseñas sobre América Latina. ¡Viva la revolución! es un popurrí de artículos y escritos varios sobre América Latina, más políticos que académicos: artículos de revista, largas reseñas críticas, un artículo en el New Statesman sobre la Revolución cubana (pero de octubre de 1960, poco podía decir de Fidel y la actuación del Gobierno) ensayos en obras colectivas o fragmentos de sus propios libros, recogidos por su colega, camarada y amigo Leslie Bethell con ese título. La mayoría de los artículos incluidos fueron escritos entre 1960 y 1974. Hay mucho que queda fuera del alcance del libro: las guerras y genocidios centroamericanos de la década de 1980 (Guatemala, Salvador Nicaragua), así como la «marea rosa» que azotó la región en la década de 2000, desde Venezuela hasta Argentina, desde Brasil hasta Nicaragua.

   Al final de su vida, murió con 95 años, admitió el fracaso del comunismo, pero se mantuvo fiel al ideal marxista. Como dijo de él Tony Judt, le fascinaba más el pasado que el futuro. Un pasado que pudo haber sido y no fue, por todo lo que en sus años de juventud soñó como futuro de la humanidad.

[1] Dedico un par de artículos a cómo aborda esta cuestión Hobsbawm en Crónica de una izquierda singular (De ETA berri a EMK/MC y a Zutik-Batzarre). Naciones y nacionalismos y otros ensayos (1991-2006), Kepa Bilbao Ariztimuño, p.173 y 187.

¿Marx, hoy? ¿Qué Marx?

(publicado en pensamientocritico.org, junio 2018)

El bicentenario de Marx ha sido celebrado no solo en Tréveris, la ciudad natal de Marx, sino también en numerosas ciudades y localidades de todo el mundo. Con este motivo, se han multiplicado los balances sobre la vida y obra del pensador alemán, máximo teórico de la crítica al capitalismo.

El propio itinerario biográfico de Marx ha conocido en estos días un interés renovado. Por una parte, hacía pocos meses que se estrenaba en Europa “El joven Karl Marx”, el film del haitiano Raoul Peck, y, por otra, Penguin lanzaba hace apenas dos años Karl Marx. Greatness and Illusion (Karl Marx. Grandeza e ilusión), un volumen de 800 páginas del historiador de la Universidad de Cambridge Gareth Stedman Jones, cuya versión española acaba de ser editada por Taurus. Así mismo, el filósofo alemán Michael Heinrich que participa en el proyecto MEGA 2, un monumental esfuerzo internacional para la publicación de las obras completas de Marx y Engels, formado en la escuela del marxismo crítico de Elmar Altvater, anunciaba su ambiciosa biografía intelectual y política Karl Marx y el nacimiento de la sociedad moderna. Una obra que se dividirá en tres volúmenes, de los cuales el primero acaba de salir en Alemania con motivo del bicentenario y los otros dos volúmenes están previstos para 2020 y 2022.

Marx sin “ismos”

Marx ha sido objeto de numerosas biografías de todo tipo, desde aquella pionera de Franz Mehring en 1918 hasta la de David McLellan Karl Marx. Su vida y sus ideas, publicada en 1973, considerada, en un tiempo, como la mejor y la más original. Estos nuevos biógrafos se esfuerzan por restituir a Marx a sus coordenadas históricas. Un Marx sin “ismos” que diría Paco Fernández Buey, sin los ismos que se crearon en su nombre y contra su nombre. Un Marx sin beatería, más secularizado, menos sujetado a las experiencias políticas y los sistemas ideológicos del siglo XX. Como otros biógrafos, Gareth Stedman intenta separar a Marx del marxismo, de la aplicación que de él se haría en el siglo XX. “Marx, dice el historiador, no habría aprobado los Estados autoritarios que se declaraban socialistas. Marx creía en la emancipación humana y lo que ofrecían estos países era sólo una dictadura. Lenin y Stalin manipularon sus ideas, leyeron lo que les interesó y lo mezclaron todo”. El propósito declarado de Gareth Stedman es situarle en el contexto del pensamiento alemán y europeo del siglo XIX y entender qué ha sucedido con las distorsiones, dogmatismos y malas interpretaciones que le han seguido, porque los planteamientos del materialismo dialéctico, dice, están más relacionados con la lectura de Engels que con los escritos de Marx. Sostiene que “Karl Marx no hubiera aceptado la interpretación que se ha hecho de su obra” y que el marxismo fue un invento interesado que hicieron de sus trabajos tras su muerte los socialdemócratas alemanes y, sobre todo, Engels.

Michael Heinrich, por el contrario, ha venido sosteniendo hasta ahora que si bien históricamente hablando la popularización de las últimas obras de Engels, en particular su Anti-Dühring, constituyó el punto de partida para la construcción del “marxismo”, sería un reduccionismo hacer de Engels el “inventor” del marxismo. Fue sólo bajo la presión de Bebel y Liebknecht que Engels se enfrentó en la década de 1870 a las opiniones del profesor universitario alemán Eugen Dühring, quien ganaba cada vez más adeptos entre la socialdemocracia alemana. Ya que Dühring afirmaba haber conformado un nuevo “sistema” integral de filosofía, historia, economía y ciencias naturales, Engels tuvo que seguirlo a todas estas áreas, pero no sin hacer hincapié en el prólogo para la primera edición en que su texto “no puede tener la finalidad de oponer al “sistema” del señor Dühring otro sistema”. Advertencia que cayó en saco roto. Históricamente, el Anti-Dühring acabó convirtiéndose precisamente en el punto de partida para ese “sistema” que se hizo famoso con el nombre de marxismo1. En la misma línea de protesta contra el engelsianismo, identificado con la escolástica soviética, considerado el responsable del extremismo ideológico y de la trágica historia del comunismo del siglo XX, se levanta la biografía de Friedrich Engels de Tristram Hunt El gentleman comunista (Anagrama, 2011)2.

El problema con los intérpretes de Karl Marx ha sido siempre el de distinguir entre lo que dijo, lo que quería decir y lo que sus seguidores querían que hubiera dicho.

En mi opinión, separar a Marx del marxismo, con todos los problemas que entraña, es un intento complicado pero interesante siempre y cuando no se establezca una diferencia absoluta. Marx está en el marxismo o en los marxismos, seleccionado, simplificado, caricaturizado o tergiversado, más en unas corrientes y tradiciones que en otras y más en unas personalidades que en otras. Que Marx haya pretendido fundar una cosa llamada marxismo es más que dudoso, sus últimas exploraciones nos informan que no estaba entre sus preocupaciones y que tenía la mente puesta en otros problemas: sobre la evolución histórica de la renta de la tierra en distintas sociedades, la comuna rural rusa y los recientes estudios etnológicos y antropológicos que estaban apareciendo en Alemania, EEUU, Inglaterra y Rusia. Marx no definió a su obra como marxismo, esta tarea, la “promoción del marxismo”, le tocó a Engels. En buena medida, la invención.

A propósito de “Engels fundador del marxismo”

Recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo—esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado…” (carta a Sorge, 15 de marzo de 1883).

Lo que encontró Engels era, según el comentario sincero que le hizo a Kautsky, una criptografía propia de un jeroglífico. La parte publicada era sólo la punta de un iceberg, menos de un tercio de su obra, que emergía de una masa sumergida de manuscritos inéditos, apuntes, una abundante correspondencia con terceros, bocetos, notas, en suma, un verdadero continente compuesto con minúscula taquigrafía, que como le escribió a Bebel “nadie más que yo puede descifrar, ciertamente, y con grandes dificultades”. Dar forma a todo ello le llevó a Engels un trabajo de once años. Si ordenó y corrigió o no los materiales como Marx lo hubiera hecho es una cuestión que posteriormente ha sido largamente discutida.

La razón para que Marx no acabara El Capital, los manuscritos de los libros II, III y IV anunciados en el Libro I y de los que, al morir, había dicho que Engels “haría alguna cosa con ellos”, se debió probablemente a un conjunto de factores, además de un problema de salud -los últimos diez años fueron una lucha permanente contra la enfermedad-, a la actitud tan exigente hacia su trabajo, a su talante riguroso para asimilar aportaciones exteriores, para adaptarse a nuevas realidades y, sobre todo, a su imposibilidad de encontrar soluciones satisfactorias a problemas teóricos con los que estuvo luchando por resolverlos hasta su muerte.

McLellan explica la interrupción de la elaboración teórica de Marx exclusivamente por razones de salud3. Para Gareth Stedman la necesidad de enfrentarse a las dificultades teóricas que sus escritos le planteaban provocaba a Marx jaquecas, insomnio y las consabidas dolencias hepáticas, sin duda, dice, “sus dolencias eran genuinas, pero está claro que le dieron una cobertura para dilatar el momento en que debería ajustar cuentas consigo mismo”4. Para Eugenio del Río no es un problema fácil de explicar, hay razones de salud, de tiempo, de dudas acerca de algunas de sus concepciones. “En todo caso, dice del Río, si es seguro que hay un Marx que duda, también lo es que hay otro que no duda respecto al edificio teórico construido”5.

Son las ambigüedades, cambios y tensiones no resueltas en los escritos de Marx, lo que legitimará a los diversos marxismos en su pretensión de apoyarse en su obra. Marx cambió de opinión muchas veces, evolucionó a través de intensas lecturas y de la confrontación con los grandes acontecimientos de su época, inmerso en un mundo ya lejano del nuestro. Cuando escribió en el prólogo al primer volumen de El Capital, “bienvenido sea todo juicio crítico científico”, no era simplemente retórica. Marx era consciente de la provisionalidad y la falibilidad de las afirmaciones científicas. “De omnibus dubitandum” –“todo debe ser puesto en duda”– escribió como respuesta a la pregunta sobre el lema de su vida para un cuestionario de moda que su hija le había dado. La enorme masa de manuscritos que dejó inéditos y las numerosas modificaciones de textos ya publicados dan testimonio del hecho de que no excluía a su propio trabajo de esa duda.

En la última década estudia intensamente. Llena decenas de cuadernos en letra casi ilegible. Se interesa por una gran variedad de temas, entre los cuales destaca, en sus dos últimos años, la situación de Rusia (tras su muerte, Engels encontró dos metros cúbicos de estadísticas rusas entre sus papeles). El Capital es una obra inconclusa, fragmentaria, a la que le faltan partes importantes por elaborar de un vasto proyecto inicial y que acabará convirtiéndose, en manos de sus epígonos, en un texto sagrado y en la ingenua creencia de que en Marx estaba dicho todo y sobre todo y, por tanto, bastaba comprenderlo.

Como escribiera Sacristán acerca de muchos de los temas en discusión de su obra “no creo que esté clara la última palabra de Marx acerca de todas estas cosas que estamos discutiendo. Creo que, a pesar de la aspiración que siempre tuvo de producir obra muy terminada literariamente -lo cual es una de las causas de que dejara tanto manuscrito inédito-, Marx ha muerto sin completar su pensamiento, sin pacificarse consigo”6.

Engels tras la muerte de Marx, se ve enfrentado con la tarea de transmitir su obra a un número creciente de jóvenes socialistas con tendencia a vulgarizarlo, se ve obligado a aceptar y simplificar el paradigma primario, a disimular sus dificultades y a definir concisamente, en vez de evaluar críticamente, sus caracteres esenciales, para facilitar así su transmisión. Apremiado por los socialdemócratas alemanes y rusos, asumió no sin resistencia la tarea de divulgar, concluir y presentar como sistema acabado una teoría en realidad en proceso, abierta e inconclusa. El “ismo” en Marx nació fundamentalmente en las revistas de partido dirigidas por Kautsky y Bernstein, en la correspondencia de Engels con Bebel, en sus textos y prólogos, así como de las polémicas del propio Engels con fracciones, escuelas, críticos, socialistas de cátedra y populistas rusos.

Para el marxismo, que sucede inmediatamente a Marx, el de su yerno Paul Lafargue en Francia, el de Karl Kautsky en Alemania, o el de Plejánov en Rusia y del que Lenin heredaría la idea del marxismo como algo definitivo y completo, Marx no interesaba como un pensador que estaba constantemente aprendiendo y desarrollando sus concepciones teóricas, sino más bien como alguien que producía verdades acabadas –”el marxismo”.

El marxismo nació, se desarrolló, se profesionalizó en escuela y en ideología legitimadora de los Partidos Socialdemócratas y de un poder político, el de la Rusia soviética, cuando la obra de Marx no era aún accesible en su totalidad e incluso cuando importantes partes de su “corpus” estaban inéditas, como fue el caso de los Manuscritos económicos y filosóficos, La Ideología alemana, los Fundamentos de la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) y la Teoría sobre la plusvalía que no se publicarían hasta los años treinta y cuarenta7.

El marxismo se constituirá pues partiendo de un desconocimiento generalizado de la obra de Marx, dando pié a multiplicidad de interpretaciones y simplificaciones. A esto habría que añadir que la lectura de su obra era difícil lo que hacía que quienes la leían eran una muy reducida minoría. La mayor parte de los escritos de Marx son incomprensibles si se leen sin tener en consideración el contexto biográfico e histórico en el que fueron producidos.

¿Es Marx hoy relevante? ¿Qué Marx?

Marx fue un filósofo alemán, un humanista en el sentido renacentista, por la diversidad de temas y asuntos humanos que le interesaron, un analista económico, un historiador, un polemista político vigoroso, que simultaneó durante toda su vida la actividad teórica y el compromiso político.

Su obra es un compuesto de análisis social, que se quiere científico, y política. Pero, además, el tipo de análisis social de Marx influido por la idea de totalidad hegeliana, tiene una pretensión mas abarcadora que la que es normal hoy en las ciencias sociales y como política, Marx hace agitación, alienta la fe y hace profecías.

El fin de la guerra fría ha permitido que podamos leer a Marx de una manera menos partidista y prejuiciada, que nos separemos de las interpretaciones mediatizadas por el dogmatismo o la ortodoxia. En suma, que lo podamos estudiar en su totalidad, en sus errores, aportaciones, limitaciones y ambigüedades, sin canonizaciones.

No hay pensamiento humano que no sea deudor de su época, sin fisuras y contradicciones y que no conlleve una variedad de interpretaciones. En filosofía, economía y, en general, en ciencias sociales dos siglos es mucho tiempo para que alguien salga indemne de las transformaciones de todo tipo que han tenido lugar8.

El curso histórico ha desmentido algunas de sus teorías y predicciones, pero también ha revelado algún acierto teórico, algunas ideas originales -en el sentido, siempre relativo, en que se puede hablar de original en la historia de las ideas- y sugerencias valiosas.

El legado más positivo y original de Marx es su concepción de la historia, columna vertebral de su pensamiento, en especial su noción del papel desempeñado por el desarrollo tecnológico. Sin embargo, ya en vida de Marx hubo epígonos que distorsionaron esta concepción convirtiéndola en un mero determinismo económico y fue esa caricatura, que pretendía descifrarlo todo a partir de la acción de factores económicos lo que tuvo más éxito en el marxismo que se difunde a finales del siglo XIX con el nombre de materialismo histórico9. Si el enfoque peculiar de Marx, no la mala copia, se toma como una vía entre otras para aproximarse a las realidades históricas y sociales, puede resultar provechosa. Para Kolakowski, este denominado materialismo histórico: “es un principio heurístico valioso, que obliga al estudioso de conflictos y movimientos de todo tipo -políticos, sociales, intelectuales, religiosos y artísticos- a relacionar sus observaciones con los intereses materiales, incluidos los derivados de la lucha de clases (…) Si esto es obvio, es porque el marxismo lo ha hecho obvio (…) Reconocer dentro de unos límites la validez del materialismo histórico no es lo mismo que reconocer la verdad de que el marxismo es un “sistema” que lo explica todo”10.

Un gran pensador desarrolla y presenta nuevas ideas al mundo y por mucho que intente controlar su significado y uso no puede. En las manos de otras personas las ideas originales se transforman desarrollándose en direcciones y conceptos que poco o nada tienen que ver con el original. El marxismo de Marx no es una excepción.

Marx se presta a muchas interpretaciones. Es claro, por un lado, y ambiguo, por otro, y esta ambigüedad da pie a múltiples lecturas y, por tanto, a interminables disputas escolásticas. El marxismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, incorpora las ideas de Marx de forma selectiva, simplificando, exagerando y deformando esas ideas. Por otra parte, no se puede negar que Marx es, en alguna medida, responsable, por así decirlo, de las ideas hipersimplificadas y vulgarizadas que pueden defenderse mediante muchas citas de su obra, ahora bien, no podemos afirmar que el socialismo despótico que hemos conocido en el siglo XX es el socialismo pretendido por Marx. La versión leninista-estalinista-maoista del comunismo fue una interpretación posible, aunque no la única de la doctrina de Marx, lo que sería caer en el absurdo es decir que fue un resultado directo de la propia ideología. No obstante, el hecho de que los escritos de Marx fueran utilizados de esa forma no es irrelevante y nos debe llevar a preguntarnos qué hay en ellos para que fueran interpretados de esa manera. El comunismo del siglo XX surgió a partir de muchas circunstancias históricas, con la tradición marxista entre ellas y cambió radicalmente el mundo en una dirección que Marx ni siquiera llegó a imaginar. Ha sido mas bien un intento de poner en práctica las ideas que Marx expresó en forma filosófica sin unos claros principios de interpretación política11.

Aunque el marxismo ya no es “el horizonte intelectual de nuestra época” como quería Sartre, la nueva crisis mundial que estalló en 2008 vino a recordarnos que al menos el diagnóstico crítico de Marx sobre la dinámica de expansión del capitalismo con sus crisis periódicas y con su carga de miseria, exclusión y violencia sistémica, permanece vigente. Las reediciones de El Capital se reactivaron entonces en todo el globo mientras que el nuevo best-seller en materia económica que vino a mostrar la relación entre aumento de la tasa de acumulación del capital y crecimiento de la desigualdad, se titulaba justamente El Capital del siglo XXI (Piketty). Esto no significa que Marx ofrezca una solución a las dificultades económicas actuales.

En sus escritos económicos hay una investigación muy valiosa sobre el funcionamiento del capitalismo de su época, sus tendencias a la acumulación del capital, el funcionamiento del ciclo económico, su internacionalización; pero no encontramos en El capital ni una versión única de la crisis ni una visión de una caída final automática, puramente económica. Para que ello se diera debía concurrir el factor activo, subjetivo, consciente, el proletariado. Marx dejó su gran obra, El capital, sin acabarla. No creo que se pueda decir con rotundidad que esté clara su última palabra acerca de estas cosas. Marx nunca abandonó su fe en el final inevitable del capitalismo, pero en cuanto al modo y momento en que éste iba a producirse murió sin dar una respuesta técnica clara, como en otras cuestiones, sin completar su pensamiento. Así, aunque de otro modo, seguimos leyendo a Marx en el siglo XXI. Pero no para volver a Marx sino para ir más allá de Marx.

Marx es una figura intelectual sobresaliente y políticamente comprometida de una época histórica pasada, la de la Revolución francesa, la Comuna de Paris, la filosofía de Hegel, de la primera industrialización inglesa y de la economía política que emanó de ella. Hoy habitamos en un mundo más globalizado, plural, complejo y dinámico, muy distinto al de finales del siglo XIX, y para comprenderlo, Marx, a excepción de algunas ideas e inspiraciones que he comentado, poco puede ayudarnos en ello. Más que citar a Marx, de la misma manera que los escolásticos citaban a Aristóteles o la Biblia, nos ayudaría poder contar con su talento para interrogar el mundo, su voluntad y capacidad de conocer, con el fin de abrir nuevos espacios para el pensamiento y la acción. Como le dijo Engels al socialdemócrata ruso Voden en una de sus visitas en las que este le apremiaba para que publicara lo antes posible todos los escritos de Marx: “preferiría que los militantes, rusos o no, acabaran por una vez de ir buscando citas de Marx [y de él mismo], y que en lugar de ello pensaran tal como Marx hubiera pensado en su lugar”.

Mayo, 2018


1Michael Heinrich, “Je ne suis pas marxiste” (online 06/09/2016). También, Francisco Fernández Buey, “De la polémica al sistema” en Engels y el marxismo, Fundación de Investigaciones Marxistas, Madrid, 1994, pp.73-85. Engels aceptó la tarea de escribir el Anti-Dühring como un sacrificio. Así se quejaba en una carta a Marx el 28 de mayo de 1876: “Tú lo has dicho muy bien. Puedes quedarte en el cálido lecho, ocuparte de las relaciones agrarias rusas en particular y de la renta territorial en general: nada te lo impide. Y, mientras, yo debo sentarme en el duro banco y hartarme de vino frío, interrumpirlo todo de golpe y ajustar cuentas con ese pesado de Dühring. No queda más remedio que obrar así, aunque voy a verme metido en una polémica cuyo fin no es posible prever en absoluto; pero si no lo hago, ni yo mismo estaré tranquilo”. Por otra parte, el hecho de que Marx se comprometiera a escribir la parte de la crítica a Dühring dedicado a la historia de las teorías económicas acabó de convencer a Engels de la necesidad de hacer el sacrificio. En el prólogo a la segunda edición del libro Engels asegura que sometió el manuscrito a la aprobación de Marx.

2Antes de 1914 Engels gozó de gran reputación. Fue, en mayor medida que Marx, responsable de la difusión del marxismo dentro del movimiento socialista como un saber sistemático que prometía respuestas a todas las cuestiones de filosofía, de ciencias naturales y ciencias sociales. Sin embargo, después de 1914 y de la revolución rusa, se cuestionó más su posición. Dos obras escritas por Engels, en vida de Marx, serán la prueba de las mayores acusaciones, las observaciones hechas por Engels en la Dialéctica de la Naturaleza y La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, esta última con la participación de Marx y considerada la obra fundacional del marxismo. Las diferencias entre Engels y Marx se convirtieron en objeto de disputa en los marxismos posteriores. Engels pasó a ser el responsable de la vulgarización del marxismo, y de sus formulaciones mas deterministas, economicistas o cientifistas. Algunos autores, como Maximilien Rubel, destacaron de forma extrema esta diferenciación entre uno y otro (“La leyenda de Marx o Engels como fundador (1972)”, recogido en Marx sin mito, Octaedro, Barcelona, 2003, pp. 31-36). Por mi parte, me identifico con los que, sin negarlas, matizan estas diferenciaciones en, “¿Engels contra Marx?”, en La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997, pp.28-32.

3McLellan, David, Karl Marx. Su vida y sus ideas, Crítica, Barcelona, 1983, p.489

4Gareth Stedman, Jones, Karl Marx. Ilusión y grandeza, Taurus, Madrid, 2018, pp.616-618

5Río, Eugenio del, La sombra de Marx, Talasa, Madrid, 1993, pp.77-78

6Sacristán, Manuel, Pacifismo, Ecología y Política Alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp.109-110

7Hoy es el día en que aún no existe una edición crítica completa en lengua alemana de sus obras. En 1921, David Riazánov fundó en Moscú el Instituto Marx-Engels donde, al año siguiente, inició un ambicioso proyecto: la publicación de las Marx-Engels Gesamtausgabe, las obras completas de Marx y Engels en 42 volúmenes (lo que se conoce como “primera MEGA”). Sin embargo, Stalin, en una de sus purgas, fusiló a Riazánov y paralizó el proyecto. Hubo que esperar a mediados de la década de 1970 para que, tras el deshielo, en la República Democrática Alemana se volviera a plantear una iniciativa de edición filológicamente rigurosa de los textos originales de Marx. Pero, de nuevo, la historia volvió a inmiscuirse. La implosión del bloque socialista interrumpió el proceso de publicación, que se reanudó a finales de la década de 1990 gracias al esfuerzo coordinado de institutos de investigación de Alemania, Holanda y Rusia. El proyecto, conocido como “segunda MEGA”, es una obra editorial monumental que se espera alcance los 115 volúmenes -62 ya han sido producidos- y concluya el año 2025.

8Para Simone Weil, los problemas con los que se ha encontrado el marxismo no se deben fundamentalmente a los cambios históricos: “En mi opinión, no son los acontecimientos los que imponen una revisión del marxismo, es la doctrina de Marx la que, en razón de las lagunas e incoherencias que encierra, está y lo ha estado siempre muy por debajo del papel que se le ha querido hacer desempeñar; lo que no significa que se haya elaborado entonces o después algo mejor” (Sobre las contradicciones del marxismo (I), proyecto de artículo, 1937, extraído de Escritos Históricos y Políticos, Trotta, 2007).

9“Cuando Marx afirma que el modo de producción de la vida material determina el proceso social -comenta Eugenio del Río- está empleando determina en un sentido hegeliano para referirse simultáneamente a tres aspectos que se manifiestan íntimamente unidos: (1) la atribución, por parte del elemento determinante, de las propiedades que singularizan al objeto determinado; (2) los límites que lo condicionan; y (3) los nexos que gobiernan las relaciones entre lo determinante y lo determinado. En cualquier caso, esta relación de determinación posee un significado muy especial y complejo, irreductible a una relación simple de causa-efecto, que es a lo que acabará reducida con frecuencia en el marxismo”. La sombra de Marx. Talasa, Madrid, 1993, p 176.

10Kolakowski, Leszek, Las principales corrientes del marxismo I Los fundadores. Alianza Universidad, Madrid, 1985, pp.368-369

11Kolakowski, L, op.cit.,1985, p.417

Las reformas estructurales de Raúl Castro y los retos que hereda Díaz-Canel.

Las reformas estructurales de Raúl Castro a partir de 2007 y los retos que hereda Díaz-Canel.

Kepa Bilbao Ariztimuño

(publicado en pensamientocritico.org, mayo 2018)

La evolución de la economía cubana a lo largo de estas casi 6 décadas no ha sido lineal, no ha discurrido por una vía única, ha sido más bien un proceso zigzagueante, lleno de saltos adelante y retrocesos, ciclos más “idealistas” y otros más “pragmáticos”.

Cada vez que la economía amenazaba con colapsar, el Gobierno y el Partido Comunista acudían a ciertas palancas del mercado. Así sucedió a mediados de la década del 70, durante el “Período Especial” en los años 90 y en la actualidad, en la que su papel está tomando un impulso creciente.

La ayuda soviética sostuvo, a la vez que apuntaló, un sistema productivo especializado, desequilibrado y generador de ingresos insuficientes para costear la política distributiva. La economía cubana ha sido una economía subsidiada por la URSS. Entre 1960 y 1990 se calcula que Cuba recibió 65.000 millones de dólares de la Unión Soviética, dos tercios de los cuales no era reembolsable.

Desde los 90, tras la disolución de la URSS y el campo socialista primero, y, posteriormente, la pérdida del sostén que supuso Venezuela hasta la muerte de Hugo Chávez y el deterioro de la economía venezolana1, las reformas económicas han venido buscando una reintegración paulatina de Cuba al mercado occidental. Un largo y lento proceso que viene durando más de veinte años.

Las reformas estructurales de Raúl Castro

Raúl Castro heredó en agosto de 2006 una economía en deterioro y, a fin de enfrentar estos problemas impulsó unas reformas que abrieron la puerta a cosas hasta entonces vetadas a los habitantes de la isla, como la apertura de pequeños negocios privados, los servicios gastronómicos y el transporte de pasajeros; la entrega en usufructo, tras solicitud previa, de parte de las numerosas tierras abandonadas a lo largo del país; el alquiler de habitaciones para turistas; comprar y vender viviendas y coches; viajar al extranjero; alojarse en hoteles (reservados hasta entonces a los turistas internacionales); la eliminación de las limitaciones para que los nacionales pudieran contratar una línea de teléfono móvil; la venta directa en tiendas estatales de diversos equipos que no se comercializaban a ciudadanos particulares, tales como computadoras, hornos, microondas y reproductores de DVD. Pero las reformas más importantes son las calificadas por Raúl en 2007 como “estructurales” porque modifican en distinta forma y magnitud aspectos del sistema económico.

Unas reformas orientadas hacia el mercado, las más importantes del periodo revolucionario aunque distan mucho de las sino-vietnamitas. Con ellas -recalcan sus dirigentes- no se trata de transformar el modelo sino de “actualizarlo”.

En 2010, el Gobierno informó de que había excesivo empleo excedente o innecesario en el sector estatal que había que despedir para ahorrar recursos, mejorar la productividad laboral y aumentar los salarios; se estimó el número de excedentes para ser eliminados en 2015 en 1,8 millones.

Para dar salida a este excedente había que expandir el sector “no estatal” (SNE) y ampliar sustancialmente las licencias para el trabajo por cuenta propia.

Lo conforman cuatro grupos principales:

1) trabajadores por cuenta propia (autónomos),

(496.400 trabajadores por cuenta propia –TCP– generalmente dueños de su micronegocio, nunca pasaron de 145.000).

2) usufructuarios,

(312.296 granjeros usufructuarios a los que el gobierno reteniendo la propiedad cede, mediante contratos de 10 años, hoy de veinte, la explotación de parcelas pequeñas. Estos, una vez cumplido el acopio, venta al Estado por debajo del precio de mercado, pueden vender el excedente a precio de mercado.

3) socios de nuevas cooperativas,

(5.500 socios de cooperativas de producción no agrícola y de servicios –CNAS– a las cuales el gobierno renta edificios y equipos también por diez años).

4) compradores-vendedores de viviendas privadas,

(Unos 200.000 compradores o vendedores de viviendas privadas, la compraventa estaba prohibida desde 1960).

El número de trabajadores no estatales en 2015 era del orden del 29%, más de un millón, casi un tercio de la fuerza laboral (el doble que en 2009).

La morfología del sector no estatal: joven (41 años) para una población avejentada, blanco, bien formado y hombre. Una vía por la que se acrecentaran y reproducirán desigualdades.

Derroche de recursos humanos.

Los trabajadores por cuenta propia están básicamente confinados a ocupaciones de baja cualificación. Hay 201 actividades aprobadas, por ejemplo, aguadores, barberos, payasos y animadores culturales, cuidadores de baños, cerrajeros, electricistas, carretilleros, vendedores de frutas y hortalizas. Entre las actividades cualificadas -que no llegan ni a diez- están agentes de seguros e inmobiliarios, traductores y tenedores de libros. Además el trabajo por cuenta propia está vedado a los profesionales universitarios. Un médico no puede ejercer como tal, tampoco un arquitecto, hay una necesidad de arquitectos privados pero legalmente ellos no pueden trabajar por cuenta propia aunque parece que lo hacen de manera oculta. El pobrísimo salario medio en el sector estatal que ajustado al índice de precios al consumidor está hoy un 61 por ciento por debajo del nivel de 1989 –casi tres décadas después– fuerza a que profesionales trabajen como chóferes de taxis o sean dueños de paladares.

El ingreso promedio en el sector no estatal es superior al salario medio mensual en el sector estatal que, al cambio oficial, equivale a veinticinco dólares.

El avance de este sector, a día de hoy, ha sido insuficiente para generar efectos macroeconómicos tangibles debido a los escollos que enfrenta:

escasez de insumos (semillas, fertilizantes, cocinas, refrigeradores, materiales de construcción), altos precios, fuertes restricciones, trabas burocráticas, múltiples y pesados impuestos, poco acceso y altos costos de internet para anunciarse2.

El reto pendiente de extender internet

Un obstáculo al desarrollo. Cuba sigue siendo uno de los países del mundo con una más baja penetración de internet. En la mayor parte del país la red solo está disponible en unos puntos Wifi de acceso público en la calle y es muy cara y lenta. Con un salario mensual que en la mayoría de los casos no supera los 20 ó 30 dólares mensuales, el dólar y pico que cuesta una hora de conexión supone un esfuerzo que pocos pueden permitirse. Se estima que apenas un 5% de los cubanos tiene internet en su casa. Los cubanos todavía aguardan por el servicio de acceso a internet desde los móviles y que se desbloqueen los sitios censurados que el gobierno considera inadecuados, entre ellos muchos de los promovidos por la oposición.

Impuestos

Los impuestos son muchos, variados y muy altos. A diferencia de un extranjero que va a invertir millones -y por supuesto recuperarlos- que le dan hasta 8 años libres de impuestos sobre la ganancia, a un cuentapropista (autónomo) que trata de sobrevivir le ponen a veces impuestos del 59% sobre la ganancia.

Entre los impuestos a los trabajadores por cuenta propia se encuentran:

-el impuesto mensual sobre ingresos,

-por seguridad social,

-a las ventas,

-al ingreso anual cuando la suma de los pagos mensuales queda por debajo de un monto establecido.

-y un impuesto curioso, por decir algo, a la fuerza laboral. Este impuesto a la fuerza de trabajo aumenta con el número de empleados, lo que es contraproducente porque penaliza a los que generan más empleo.

¿Va Cuba hacia una economía de cuentapropistas?

La mayoría de los economistas no afines al gobierno consideran que la transformación económica de la isla no vendrá por el desarrollo de esta vía, con ser importante, requiere de la transformación del sector productivo en manos del Estado, de un proceso de descentralización de las empresas estatales. En esta discusión, dejando a un lado a los más inmovilistas, entre los expertos, los economistas nacionales y otros “científicos” sociales, afloran distintas opiniones, entre crear un modelo propio o seguir los caminos “exitosos” de China o Vietnam. Al respecto, Mesa Lago destaca el atractivo que pueden tener estos modelos para la dirigencia cubana, ya que combinan dinamismo económico con control político y, aunque parece mostrar cierta inclinación a favor de las ventajas del modelo vietnamita, no deja de advertir que a pesar de las semejanzas, también existen considerables diferencias entre esos países y Cuba (especialmente con China), lo cual requeriría ciertos ajustes al contexto cubano3. Mesa-Lago no descarta que se transite de un mercado interno limitado, basado en el pequeño negocio, las remesas, a un mercado interno parecido al chino o al vietnamita con pequeña y mediana empresa con capital nacional.

Sistema de doble moneda.

En Cuba hay dos monedas circulando: el peso nacional (CUP), en la que el Estado paga los salarios de los trabajadores, y el CUC o Peso Cubano Convertible, un poco mayor que un dólar, equivalente a 25 CUP, y que es el que usan las empresas estatales, aunque no se usa en transacciones en el mercado internacional. Raúl Castro ha intentado unificar ambas monedas por las distorsiones económicas que provocan, especialmente en el sector empresarial estatal, que se beneficia de una tasa de cambio irreal. Se viene hablando de su unificación desde hace años, pero tampoco esa es una misión sencilla. Unificar dos monedas de valor tan diferente provocaría, entre otros problemas, un aumento de los precios.

Aunque en Cuba servicios como la educación y la sanidad son gratuitos, los cubanos que trabajan para el Estado (aproximadamente el 75% de la población) perciben su salario en pesos cubanos, mientras que los productos que adquieren en tiendas y supermercados se venden en CUC, con lo que su poder adquisitivo se resiente enormemente.

Envejecimiento de la población

Cuba tiene la tasa de natalidad más baja de Latinoamérica desde los años setenta, y una emigración neta, de toda la gente que se va. Una población avejentada, el segundo después de Uruguay y para 2025 se pronostica que sea el primero, teniendo el 20% más de 64 años. Eventualmente habrá un problema de mano de obra. Ese envejecimiento impacta en todo: sanidad, pensiones…

Las reformas estructurales han tenido efectos adversos en los indicadores sociales.

En los ciclos pragmáticos, como el que se encuentra hoy Cuba, hay una reducción en el gasto social en educación, salud, pensiones, asistencia social y vivienda, y que como ha afirmado en varias ocasiones Raúl Castro, son gastos tan grandes que resultan insostenibles financieramente.

Entre 2008 y 2015 la asignación a estos servicios sociales decreció de 55% a 47% del presupuesto y de 37% al 28% del PIB.

El Salario medio

Ha sido elevado desde los 414 (16,5 dólares) hasta los 740 pesos (29,6 dólares). No se puede sobrevivir con ese sueldo. Si no se recibe remesa del exterior o se trabaja en el sector privado es muy difícil subsistir, y eso explica el robo de bienes en el trabajo estatal, como dicen ellos: para “resolver”. Si yo trabajo en una empresa estatal, en donde yo hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan, yo me robo las cosas… Hay, como dicen, una economía por la izquierda.

La libreta de racionamiento

Durante más de medio siglo, desde el embargo en 1963, los cubanos residentes en la Isla han recibido una «cuota» mensual de alimentos a precios subsidiados. Sin embargo, en los últimos años se ha ido reduciendo el número de productos a poco más que azúcar, arroz, frijoles, huevos, pollo, aceite y café en pequeñas cantidades que no suplen ni siquiera las necesidades de diez días. Las familias tienen que acudir a las tiendas en divisas y a mercados en los que rige la ley de la oferta y la demanda para completar su canasta. Los cubanos se quejan de que escasean las ofertas y de la constante inestabilidad de los productos, además de los altos precios.

Al año son más de 1.000 millones de dólares en este subsidio de alimentación para 11,2 millones de habitantes. En 2011 Raúl Castro justificó la eliminación gradual de la libreta porque además de ser «una carga insoportable» para el Estado, desalienta el trabajo y genera «ilegalidades». Lo achacó a la herencia del paternalismo soviético. Aunque el sistema de distribución racionado tiene cada vez menos productos, una buena parte de la población depende de ese apoyo para sobrevivir debido a los bajos salarios. Hoy el poder de compra real de los cubanos equivale apenas al 51,1% del que tenían a finales de los años 1980, antes del Período Especial.

Pensión de jubilación

En torno a los 7/10 dólares, es el sector más vulnerable dentro de los grupos de pobreza en Cuba. Raúl reformó la Ley de Seguridad Social y elevó en cinco años la edad de jubilación, a 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Además, recortó el número de pensionistas y eliminó buena parte de las prebendas adicionales, como vacaciones en casas en la playa o bolsas con alimentos y productos de aseo que recibían miles de empleados estatales. Los jubilados, por lo general, dependen de las remesas del exterior o de la ayuda de la familia. De lo contrario se les hace difícil sobrevivir pues las bajas pensiones no alcanzan. Hay muchos de ellos que trabajan, por ejemplo, vendiendo cosas en las calles. La pensión media en 2008-2015 era la mitad que en 1989.

Otro tema grave es que ha habido una caída drástica de la asistencia social, tanto en términos de números de personas que reciben asistencia social como en términos de presupuesto. La asignación a la asistencia social disminuyó de 2,1% del presupuesto a 0,4%.

También en salud ha habido un recorte fuerte: se han cerrado hospitales rurales, los médicos de familia han disminuido a la mitad. El número de hospitales ha bajado en un 32% en los diez últimos años. Muchos de los pacientes han sido trasladados a otros centros de salud alejados de sus comunidades. El personal de la salud ha disminuido en un 22% y programas con los que Cuba tuvo un gran éxito en el pasado, como los médicos de la familia, hoy solo tienen un 40% de la plantilla cubierta. El acceso y la calidad de los servicios de salud han disminuido y hay una severa escasez de medicamentos.

Reducción sector educativo

El Gobierno ha reducido también su inversión en el sector educativo, del 14,1% del PIB a un 10,2% en 2015. El déficit crónico de maestros no se ha resuelto a pesar de los aumentos salariales. Al comenzar el curso escolar 2017-2018 ascendía a 16.000 puestos vacantes. Además, el Gobierno ha tenido que reconocer el deterioro de varios indicadores, como la ortografía y el nivel en ciencias y matemáticas.

La matrícula general ha disminuido drásticamente desde el inicio del siglo:

-un 78% en la educación universitaria,

-un 19% en la primaria

-y un 32% en la preuniversitaria.

Muchos jóvenes no quieren seguir estudiando para unas carreras que les ofrecen salarios miserables. Falta una estrategia de educación a largo plazo. Un maestro tiene cada vez más oportunidades de trabajar en el sector privado, vender comida, poner un paladar, o sacar licencia de repasador: el aliciente para el maestro de salirse del empleo estatal es muy grande.

También está el problema de la “ideologización” de la enseñanza.

La construcción de viviendas cayó de 44.775 a 23.003 entre 2008 y 2015. Por décadas en Cuba estuvo prohibida la compraventa de casas, además se limitó la construcción privada y se suprimió el arriendo de viviendas. En 2011 Raúl Castro sorprendió a la nación con una de sus medidas de mayor calado social: la apertura al mercado inmobiliario, un paso importante en un país con 3.824.000 casas, de las cuales el 39% está en un estado regular o malo, según el censo de 2012.

Cuba nunca ha publicado estadísticas sobre distribución del ingreso, pero otros indicadores sugieren que se colocaba a la cabeza de la región en igualdad; las reformas han cambiado diametralmente la situación, debido a un grupo no estatal con altos ingresos y la caída en el salario estatal

Las remesas han sido estimadas en más de 3.000 millones de dólares anuales, a eso habría que añadir el envío de ropas, alimentos y medicinas por un valor de 1.500 millones.

Fin del permiso de salida

En enero de 2013 Castro eliminó el permiso de salida del país y permitió que los nacionales viajaran libremente. Desde entonces más de 779.000 cubanos han salido de viaje, de ellos el 79% por primera vez, según cifras oficiales. La eliminación de las trabas para abandonar la Isla propició una nueva crisis migratoria y en siete años hasta el fin de la política pies secos/pies mojados en 2017, Estados Unidos acogió a más de 235.000 cubanos. Las autoridades, sin embargo, mantuvieron la prohibición de entrada a la Isla a los nacionales residentes en otro país que hubieran mantenido una actitud públicamente crítica con el Gobierno. Además, cientos de activistas y líderes de la oposición no han podido viajar al extranjero bajo el argumento de estar «regulados».

Renegociación de la deuda externa y condonaciones

Entre 2013 y 2016 Cuba renegoció su vieja deuda externa, sin pagar desde que Fidel Castro impulsó a los países en desarrollo a dejar de lado sus obligaciones crediticias en los años 80. Raúl Castro logró la condonación del 90% de la deuda que Cuba adquirió en tiempo de la Unión Soviética y seguía debiendo a Rusia.

Después de una negociación, la deuda de 8.500 millones con el Club de París fue reducida a 2.600 millones de dólares pagables a 18 años. México condonó el 70% de los 487 millones de dólares que había prestado a la Isla y Japón le perdonó casi 1.000 millones de dólares de una antigua deuda en 2014. Vietnam y China también le perdonaron parte de la deuda por unos montos que no han trascendido.

La tasa de crecimiento económico

Fue de 12% en 2006, en buena medida por el apoyo económico venezolano, ha ido desde entonces a la baja: 4,4% en 2015 y -0,9% en 2016. El segundo semestre de 2017 fue especialmente complicado debido a los impactos del huracán Irma y como consecuencia de las nuevas medidas restrictivas anunciadas por el gobierno estadounidense. A ello se suma la decisión del gobierno cubano de congelar (temporalmente) la emisión de licencias al sector privado. El ministro de Finanzas y Planificación, Ricardo Cabrisas, hizo balance de 2017 diciendo que había sido un año «tenso y complejo». Ante la Asamblea Nacional sorprendió con el anunció de que el PIB creció un 1,6% interanual. Raúl Castro animó entonces a los cubanos a mirar al futuro «con total confianza» y reconoció «errores e insuficiencias» en la puesta en práctica de las reformas.

Para 2018 el gobierno ha planteado un plan de crecimiento económico del 1,5% de aumento del PIB que la mayor parte de los estudiosos de la economía cubana no afines al Gobierno no dan crédito, les parece una cifra optimista al no tomar en consideración apropiadamente la complejidad del escenario macro-financiero.

El economista de la Universidad de La Habana, Pavel Vidal, afirma que la transición cubana ocurre en momentos de muy bajo crecimiento y hasta recesión. Considera que la crisis económica es resultado de la profunda recesión que vive Venezuela, el principal socio comercial de la isla, y de la falta de liquidez del sistema financiero cubano para asegurar las importaciones de insumos que requiere el aparato productivo. “En términos de crecimiento y de finanzas, la economía está en una situación muy vulnerable y esto se va a prolongar al menos por dos años más”, señala Pavel Vidal, quien en febrero publicó el ensayo ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional?4.

El escenario macro-financiero e internacional

No va a ser nada favorable para el nuevo gobierno. Además de la crisis venezolana, se mantiene el embargo estadounidense y la administración Trump ha retomado la vieja y fracasada retórica. En noviembre pasado entraron en vigor una serie de medidas que imponen restricciones adicionales a las inversiones en la isla, entre ellas la prohibición a empresas estadounidenses de hacer transacciones con el Grupo de Administración Empresarial, S.A. (Gaesa), el mayor consorcio comercial, industrial y de servicios del país, el cual es manejado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Trump también puso nuevas trabas a los viajes de estadounidenses a Cuba, lo que afectó el turismo durante las semanas finales del 2017 pero no impidió al país llegar a 4.7 millones de visitantes, un 6.4 por ciento más que en 2016. El turismo, que genera ingresos por unos 3.000 millones de dólares al año, y las remesas familiares, que ascendieron a unos 2.500 millones de dólares en 2017, son dos colchones que han permitido paliar a cientos de miles de cubanos los efectos de la desaceleración económica.

Los retos de Díaz-Canel

El reto en términos de políticas públicas del nuevo gobierno cubano presidido por Díaz-Canel será mantener las políticas sociales históricas de la revolución. Estamos hablando de un Estado que destina más de la mitad de su presupuesto a derechos sociales, salud, educación, vivienda, seguridad…una cobertura de derechos sociales como no ha existido en otro país latinoamericano. Esto corre el riesgo, si no de perderse, de verse afectado por las reformas y, de hecho, ya está sucediendo. El avance de Cuba hacia la lógica del mercado ha producido un elemento nuevo, el aumento de la desigualdad social, y por primera vez aparece en Cuba una pequeña minoría de ricos, algo que podría llamarse clase media y comienza, así mismo, a verse pobreza e incluso extrema pobreza. Aquella sociedad igualitaria, muy homogénea, que hubo, por el subsidio soviético, construida en los setenta y los ochenta, no existe ya en Cuba. Esto es algo que empiezan a reconocerlo los propios economistas de la isla que van proporcionando la información de cómo avanza la desigualdad. Esto está en sintonía con la llamada del anterior Gobierno de Raúl Castro a abandonar el igualitarismo, a aceptar que en la lógica del mercado tienen que producirse diferencias sociales. Si hay una expansión de la población vulnerable -por no decir pobre- en vez de reducirse la asistencia social deberá extenderse.

Para paliar los efectos adversos de las reformas estructurales debe haber una red mínima de protección social. Este es el gran desafío del Estado. En lo inmediato, Díaz-Canel tiene ante sí el reto de lo que se podrían llamar las tareas pendientes de Raúl Castro: la reforma de la Constitución, pero con unas líneas rojas muy claras ya anunciadas que no podrá traspasar, se mantendrá el papel del Partido Comunista “como dirigente en la sociedad cubana” y el socialismo continuará siendo “irrevocable”; eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, que «continúa dando serios dolores de cabeza»; aumentar el bajo salario, asegurar la alimentación y mejorar las condiciones de vida de la población; hacer frente al grave problema del envejecimiento con políticas que eleven de manera efectiva la natalidad; sanear el sector estatal de la corrupción y la falta de eficiencia; reanudar la concesión de las licencias para el sector privado, paralizadas la mayoría desde agosto del año pasado, e “implantar” las cooperativas no agropecuarias, para liberar al Estado de la carga que suponen las «actividades no estratégicas».

La pregunta es si estas reformas económicas van a favorecer una reforma del sistema político. Puede que sí, que tal vez lo veamos en los próximos años mientras se consolida la nueva coyuntura. Lo que es claro es que las demandas políticas se moverán dentro y fuera de la isla con mayor intensidad. Se acrecentará la lucha entre reformistas e inmovilistas, la lucha por la democratización y autonomización de la sociedad civil, dentro y fuera del gobierno.

Desde la promulgación de la Constitución socialista de 1976 hasta la fecha, la libertad de expresión, prensa, reunión, manifestación y asociación se subordina a «los fines del Estado Socialista», lo que en la práctica los limita. En Cuba están prohibidos los partidos políticos y a los candidatos a las Asambleas del Poder Popular no se les permite hacer propaganda o presentar programas de gobierno. Gracias a las nuevas tecnologías han surgido desde la Isla espacios digitales independientes, como Periodismo de Barrio, El Toque, El Estornudo o 14ymedio, pero el Gobierno no reconoce la libertad de prensa y a menudo arrestan y amenazan a los comunicadores. Muchos portales críticos con el sistema permanecen bloqueados en los servidores nacionales. Abrir a la apertura política la existencia de otros partidos y de medios de prensa fuera del control del Partido Comunista puede que aún esté lejano.

Ahora bien, independientemente de las opciones que maneje el Gobierno, habrá dos cuestiones que serán ineludibles en cualquier tipo de reforma política. Una es una nueva ley de asociaciones civiles independientes del Estado adaptadas a la constitución y a la ley penal, el otro tema es el de la ley electoral y la representación política de los opositores.

                                                                             21-04-2018


1 El volumen comercial con Venezuela cayó notablemente (del 42% al 27% en 2015) y el suministro de petróleo pasó de 105.000 barriles diarios a 55.000 barriles. Cuba vendía una parte de ese petróleo en el mercado mundial, y era un ingreso importante que también cayó a la mitad. El tercer ingreso que cayó es el más importante: la venta de servicios profesionales (médicos, enfermeras, maestros), que pasó de 11.000 millones de dólares en 2013 a 7.000 millones en el 15 y ha seguido bajando. En 2015 el crecimiento del PIB fue del 4,4%. En 2016, fue del -0,9%. El Gobierno dijo que obtuvo alrededor de 4.000 millones de dólares procedente del turismo, pero Mesa-Lago considera que la cifra real es “mucho menor” teniendo en cuenta que tienen que importar todos los bienes y mercancías para el sector, un dato que, dice, no publican (Mesa-Lago, el País, junio, 2007).

2 Voces de cambio en el sector no estatal cubano. Cuentapropistas, usufructuarios, socios de cooperativas y compraventa de viviendas. Carmelo Mesa-Lago, (coord.) ; Roberto Veiga González, Lenier González Mederos, Sofía Vera Rojas, Aníbal Pérez-Liñán, edit. Iberoamérica (2016).

Joseba Macías, Cambios en la dirigencia de la Revolución. De Fidel Castro a Raúl Castro (2007-2010), pp. 126-149, en La sociedad civil en la Revolución cubana (1959-2012) – Bilbao: Universidad del País Vasco. Tesis doctoral.

3Carmelo Mesa-Lago, Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos, Madrid, Colibrí, 2012

4Pavel Vidal ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional? http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/files/serve?File_id=7d0db439-acdb-491f-9b47-9ce53ef55ceb

Contenido de la obra de Marx

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.1.-Los dos últimos años

Cuando Karl Marx murió en marzo de 1883 no era un hombre muy conocido. Participó activamente en la revolución de 1848, en Alemania; fue dirigente de uno de los primeros partidos comunistas, la Liga de los Comunistas; ocupó cargos de responsabilidad en la Primera Internacional, entre 1864 y 1872 y dedicó buena parte de su vida a estudiar y a escribir.

El último tramo de su vida estuvo dominado por la amargura. En 1881 a su bronquitis crónica se le sumó una peritonitis, una pleuresía grave y una neumonía. Era un fumador empedernido; siempre decía que el Capital no le daría ni para pagar los cigarros fumados mientras lo escribía. Ese mismo año, tras padecer insoportables dolores, moría su compañera Jenny de un cáncer de hígado. Marx nunca se recuperaría de su muerte. No la sobrevivió más que unos quince meses. Engels no se equivocaba cuando inmediatamente después le vio y comentó: “Moro también está muerto”. Al sobreponerse parcialmente de su enfermedad, Marx dijo que se sentía doblemente mutilado: “moralmente por la pérdida de mi mujer, y físicamente por un espesamiento de la pleura”.

Al año siguiente, el médico y Engels le aconsejan viajar a Argel, para hacer frente a sus problemas respiratorios. Marx pasó a solas dos meses y medio en un pequeño hotel que daba sobre la bahía. Sufre insomnio y está deprimido. De allí se traslada a Montecarlo donde pasa un mes, pero su pleuresía y bronquitis no remiten. Viaja a Argenteuil, un suburbio al oeste de París, a hacer una larga visita de tres meses a su hija Jenny, buscando descanso: “en el ruido de los niños, ese mundo microscópico que es mucho más interesante que el macroscópico”. Después viaja a Suiza acompañado de su hija Laura, a quien le promete entregarle todos los documentos de la Internacional para que escribiera su historia y le comenta la posibilidad de que ella emprendiera la traducción al inglés del Capital. De Suiza vuelve de nuevo a Paris, pero sintió que no podía agobiar más a Jenny y regresa a su casa de Londres, sólo para partir una vez más hacia Ventnor, en la isla de Wight, a finales de octubre del 82. Se sentía algo mejor de salud y estuvo sentado, la víspera de su salida, con Engels hasta la una de la mañana bebiendo ron. En la isla de Wight pasa largas horas paseando por las dunas. Su creciente soledad le llevó a rogar a Laura que fuese y viviese con él. Solo en contadas ocasiones prendía la chispa en el viejo y orgulloso Marx, como cuando se le notificó el éxito de sus teorías en Rusia. Comentó excitado: “Golpeo a un poder que, junto con Inglaterra, es el auténtico baluarte de la vieja sociedad”.

Un nuevo revés le sobrevendrá en enero de 1883 al morir repentinamente su hija primogénita Jenny a los 38 años de edad, de lo que al parecer fue un cáncer de vejiga. Marx profundamente afectado regresó a Londres. A su vuelta, su estado de salud empeoró. La ronquera fruto de su laringitis le impedirá casi hablar y comer. Bebía un cuartillo de leche al día y cada cuatro daba cuenta de una botella de coñac. Su lectura alternaba entre los catálogos de los editores cuando no se sentía en forma y novelas francesas cuando su interés intelectual se despertaba. Una úlcera en el pulmón vino a complicar su bronquitis. Sufrirá aún dos meses. Al morir, el 14 de marzo, no había cumplido todavía los 65 años.(1)

1.2.- Marxismo

Los términos marxismo y marxista fueron poco utilizados y casi desconocidos en vida de Marx. Es sobre todo tras su muerte, en la medida que la influencia de su obra se fue extendiendo, cuando empiezan a utilizarse dichos términos por parte de sus seguidores.

Marx no definió a su obra como marxismo. Su observación, comentada por Engels, de que todo lo que sé es que no soy marxista, la hizo refiriéndose a frases usadas por su yerno Paul Lafargue y algunos marxistas franceses de quienes pensaba que vulgarizaban su pensamiento.

En el primer marxismo, se toma el nombre de Marx pero se conoce muy poco su obra. Parte de ella además no se publicaría hasta años más tarde, como fue el caso de la Ideología alemana que lo fue en 1932. Aparte de Alemania, donde sí tuvo un gran peso, en Inglaterra, la influencia del marxismo en el movimiento obrero era pequeña y en el caso de Francia, Italia y el Estado español era, por una parte, una inspiración en competencia con otras tradiciones doctrinales del movimiento obrero, y era también un pensamiento que se conocía en forma fragmentaria y esquemática, lo que favorecía el desarrollo de actitudes doctrinarias. 

Las obras de Marx más difundidas serán El Manifiesto y el primer tomo del Capital. De los escritos de Engels, elAnti- Dühring y tres capítulos de éste, Del socialismo utópico al socialismo científico. El marxismo se constituirá pues partiendo de un desconocimiento generalizado de la obra de Marx, dando esto pié a multiplicidad de interpretaciones y simplificaciones. A esto habría que añadir que la lectura de su obra era difícil lo que hacía que quienes la leían eran una pequeña minoría. (2)

1.3.- La obra

Si utilizamos la expresión soreliana el marxismo de Marx, éste se encontraría en sus obras y cubriría el campo que éstas abarca.

1. Marx dedicó la mayor parte de su trabajo teórico a las cuestiones económicas:
.Miseria de la filosofía ( 1847) ( M F)
.Trabajo asalariado y capital ( 1847)
.Líneas fundamentales de la crítica a la economía política (Grundisse) (1857-58) (G)
.Contribución a la crítica de la economía política (1859) (CEP)
.Teorías de la plusvalía (1861-63) (TP)
.Salario, precio y ganancia (1865)
.El Capital (1867) (C)

2. La producción filosófica ocupa un lugar destacado en la primera época:
.Diferencias entre la filosofía natural de Demócrito y Epicuro (1841);
.La cuestión judía ( 1843);
.Introducción a la Contribución a la crítica de la filosofia del derecho de Hegel (1843);
.Manuscritos económico-filosóficos ( 1844); (MEF)
.Tesis sobre Feuerbach ( 1845);( TF)
.La sagrada familia (1845); (SF)
.La ideología alemana ( 1846); (IA)

3. Escritos de carácter programático o estratégico:
.Manifiesto del partido comunista ( 1848); (MC)
.Mensaje del Comité central de la Liga de los Comunistas ( 1850);l
.Crítica del Programa de Gotha ( 1875) (CG)

4. Exposición de su concepción de la Historia:
.La ideología alemana ( 1846 ); (IA)
.Prólogo a la Contribución a la Crítica de la economía política ( 1859); (CEP)

5.Estudios históricos:
.Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 ( 1850 ); (LCF)
.El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1852); (DB)
.La guerra civil en Francia ( 1871);

Esta clasificación, no poco arbitraria, requiere, sin embargo, algunas precisiones. En primer lugar, decir que algunas de las obras citadas como La Ideología alemana y el Manifiesto lo son en colaboración con Engels, en segundo lugar, en cuanto a la clasificación en sí, El Manifiesto podría muy bien estar incluido en la concepción de la historia , en tanto que La Guerra civil en Francia tiene un alto contenido estratégico y programático. A todo ello habría que añadir sus artículos periodísticos y su abultada correspondencia. Así mismo, el último período de su vida mereció una atención muy especial el estudio de Rusia, con repercusiones teóricas de interés, pero ello apenas tiene plasmación en los textos.

Merece la pena resaltar que Marx dedicó la mayor parte de su trabajo teórico a las cuestiones económicas y que, como subrayó Korsch, su obra económica posee un carácter fundamentalmente crítico, negativo, no constructivo.

No elaboró algo equivalente en otros campos como el de la filosofía, la teoría política, la ética, estética, las clases y los conflictos de otra naturaleza ( racial, sexual…), las realidades nacionales, las cuestiones militares, sobre teoría de la personalidad… (3)

Marx se centró como escritor en los temas sociales. Se interesó en alto grado por las ciencias de la naturaleza, pero escribió poco relacionado con ellas. Engels, por el contrario, trabajó escritos sobre ciencias naturales: Dialectica de la naturaleza ( 1875-76) ; y también sobre filosofía, teoría de la historia y antropología: Anti-During ( 1877-1878), El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888).


 

(1) McLELLAN, D. Karl Marx, su vida y sus ideas, Crítica, Barcelona, 1983, p.515-519;
MEHRING, F. Carlos Marx, Grijalbo, Barcelona, 1967, p.513-542.

(2) Para una mayor información sobre las ediciones de las obras de Marx: E.J. Hobsbawm, 1979 A, ” Las vicisitudes de las ediciones de Marx y Engels”, en HM2 y 1979 B, ” La cultura europea y el marxismo entre los siglos XIX y XX”, en HM3.

(3) ANDERSON,P. Consideraciones sobre el marxismo occidental.S.XXl, Madrid,1979, p.10 y ss.

¿Engels contra Marx?

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.4.-¿Engels contra Marx?

Tras la muerte de Marx, en 1883, Engels pasó la mayor parte de su tiempo preparando para su edición y publicando los volumenes II y III de El Capital en 1885 y 1894.También participó activamente en la formación de la II Internacional. Cuando murió de cáncer acababa de iniciar los trabajos sobre el IV volumen de El Capital ( publicado después por kautsky en 1905 con el título de Teorías de la Plusvalía).

Antes de 1914 Engels gozó de gran reputación. Fue, en mayor medida que Marx, responsable de la difusión del marxismo como concepción del mundo dentro del movimiento socialista. Sin embargo, después de 1914 y de la revolución rusa, se cuestionó más su posición. Las diferencias entre Engels y Marx fueron objeto de disputa en los marxismos posteriores. Engels se convierte así, en el responsable de la vulgarización del marxismo, y de sus formulaciones mas deterministas, economicistas o cientifistas. A veces, se alienta también la contraposición entre un Engels reformista y un Marx radical. Gouldner, sostiene la opinión de que con esa contraposición se intenta en ocaciones salvar las contradicciones internas del propio Marx. (4)

Dos obras escritas por Engels, en vida de Marx, serán la prueba de las mayores acusaciones. Las observaciones hechas por Engels en la Dialéctica de la Naturaleza, como señala Kolakowski, fueron hechas en el contexto de la ciencia y la matemática de su tiempo, y muchas de ellas están hoy desfasadas: «Pero las líneas generales de su pensamiento -naturalismo, conocimiento como reflejo de la realidad, relatividad del conocimiento, dialéctica de la naturaleza- fueron adoptados por los marxistas posteriores y considerados, especialmente por los rusos (Plekhanov, Lenin),como la filosofía por excelencia». (5)

En todo caso, hay que decir que Marx siguió atentamente los trabajos de Engels y los elogió repetidamente ( cartas a W.Liebknecht, 7 octubre de 1876 y a W. Blos, 10 de noviembre de 1877).

Idéntico problema suscitaría el libro de Engels La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, publicado en 1877 y 1878. Era la primera exposición de conjunto de la concepción comunista del mundo iniciada por Marx. Su importancia fue tan grande para el movimiento obrero que se le considera la obra fundacional del marxismo. Lo expuso claramente D. Riazanov: «Fue a través de ésta obra como la joven generación que inició su militancia hacia 1876-1880 aprendió lo que era el socialismo científico, sus principios filosóficos y su método. El Anti-Dühring es la mejor introducción al estudio de El Capital (…) Hay que reconocer que ningún libro, después de El Capital, ha hecho tanto como el Anti-Dühring en favor de la difusión del marxismo en tanto que método y concepción del mundo. Todos los jóvenes marxistas ( Bernstein, Kautsky, Plejánov) que hicieron sus primeras armas entre 1880 y 1885 se formaron a partir de ésta obra». (6)

Marx alentó la crítica a Dühring, en la que llegó a participar (el capítulo X de la segunda edición del libro es obra suya).

«Para hacer del socialismo una ciencia», se lee en el capítulo I de la Introducción, «había que empezar por ponerlo sobre un suelo real». Esto lleva a Engels a intentar una exposición de la concepción del mundo llamada a fundar el socialismo científico.

La fuente competente más seria de la concepción de Engels como el primer revisionista y vulgarizador del pensamiento de Marx es la obra de George Lichtheim, Marxismo, en la que sostiene que: «el socialismo, tal como lo entendieron Engels y quienes siguieron su dirección, fue sobre todo científico… Los escritos posteriores de Engels, principalmente Socialismo utópico y socialismo científico, son un verdadero compendio de la nueva concepción positivista del mundo… Marx llegó gradualmente a adoptar un punto de vista que, en algunos aspectos, se asemejaba al cientifismo de la época, pero nunca cedió a la tentación de reformular totalmente su doctrina en términos evolutivo-materialistas. Engels no experimentó tal inhibición (…) La posterior tendencia al positivismo y el cientifismo -acelerada después de su muerte, y formalizada por Karl Kautsky, a su vez, después de la desaparición de Engels (1895 – fue más allá de todo lo que Marx pueda haber pensado». (7)

Gouldner está de acuerdo con Lichtheim en la idea -expresada anteriormente por Karl Korsch- de que Engels «no hizo más que acentuar una tendencia que ya estaba presente en Marx», pero discrepa con las especulaciones de Lichtheim sobre lo que Marx habría pensado y añade: «¿Cómo puede nadie saber lo que Marx habría pensado si hubiese vivido doce años más, como Engels, y no hubiera muerto en 1883?».(8) Gouldner sostiene que Marx nunca abandonó su prisión entre los dos cuernos de su peculiar dilema, determinismo/voluntarismo. Esto es, que nunca resolvió dicha contradicción.

Es verdad que Engels concibió el pensamiento de Marx como un saber sistemático y que con él comenzó la tradición de codificar el pensamiento de Marx en un sistema total que prometía respuestas a todas las cuestiones de filosofía, de ciencias naturales y ciencias sociales. Pero como señala Sacristán: «Engels no puede considerarse responsable de que cierta inveterada beatería insista en considerar su modesto manual divulgador como una enciclopedia del marxismo (…) La tesis -antigua, pero hoy revitalizada sobre todo por el existencialismo francés- de que hay que liberar al marxismo de un engelsismo naturalista e ingenuo, adjetivamente sobreañadido a la sabiduría social o humanista de Marx, empieza por ser históricamente falsa. La inmadurez del pensamiento dialéctico de Engels (…) se encuentra sin duda tambien en Marx. Cierto que en menor medida en la obra de Marx (…) Pero eso se debe principalmente a la división del trabajo (…) Por esa división, Marx no se ha visto en la necesidad de dar versiones generales, compendiadas y divulgadoras, de su pensamiento ( la única vez que lo ha hecho, en la Ideología alemana, ha entregado, es cierto, el manuscrito a la roedora crítica de las ratas), y así ha podido concentrarse en la elaboración de material fáctico (El Capital) y en el análisis concreto de la situación concreta (sus artículos y estudios históricos)». (9)

En todo caso, hay que decir que Marx supervisó el trabajo de Engels en el Anti-Dùhring. De ello da testimonio Engels en el prólogo a la segunda edición del libro: «Como el punto de vista aquí desarrollado ha sido en su máxima parte fundado y desarrollado por Marx, y en su mínima parte por mí, era obvio entre nosotros que esta exposición mía no podía realizarse sin ponerse en su conocimiento. Le leí el manuscrito entero antes de llevarlo a la imprenta, y el décimo capitulo de la sección sobre economía ( “De la Historia crítica”) ha sido escrito por Marx (…) Siempre fue costumbre nuestra ayudarnos recíprocamente en cuestiones cientificas especiales». (10)

Como se puede apreciar en las líneas precedentes, la voluntad de Engels como de Marx de aparecer unidos, tanto en lo teórico como en lo práctico, es evidente. Ahora bien, si lo anterior es cierto, también es verdad que Engels vivió doce años más que Marx. Tiempo en el que además de escribir El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1886), tuvo que salir al paso de las discusiones y vulgarizaciones que abundaban entre los jóvenes socialistas acerca, entre otras cuestiones, de la concepción de la historia. Lo que Marx hubiera opinado de todo ello es imposible saberlo. Teniendo en cuenta todo esto, diferenciar radicalmente a Engels de Marx resulta injusto y bastante dudoso históricamente.


 

(4) GOULDNER, Alvin. Los dos marxismos. Alianza Editorial, Madrid, 1983, p. 274 y ss.

(5) KOLAKOWSKI, Leszek. Las principales corrientes del marxismo I Los fundadores. Alianza Universidad, Madrid, 1985, p 398.

(6) RIAZANOV, D. Marx-Engels. Madrid, 1975, p 245.

(7) LICHTHEIM, George. Marxism. 2 Edición. Londres, Routledge-Kegan Paul, 1964, p. 35, 238 y 243.

(8) GOULDNER, Alvin. Op. Cit. p 275.

(9) SACRISTAN, Manuel. Sobre Marx y Marxismo, panfletos y materiales I. Icaria, Barcelona, 1983, p. 45-47.

(10) ENGELS, Federico. Anti-Dühring. Prólogo a la segunda edición.

 

Prólogo de J.A. Dorronsoro al libro Capitalismo

PRÓLOGO

Javier Álvarez Dorronsoro

El libro que Kepa Bilbao nos ofrece es un buen texto de historia del pensamiento económico guiado por el propósito de ofrecer una crítica de la ideología capitalista de libre mercado. A través de sus páginas nos acercamos al pensamiento de grandes economistas como Adam Smith, Joseph Schumpeter, John Maynard Keynes o Karl Marx, al tiempo que estos análisis y otras referencias del pensamiento económico proyectan luz sobre las ideas que han impregnado la mentalidad económica en las décadas anteriores a la crisis y sobre las políticas con las que los gobiernos han afrontado la misma.

Kepa Bilbao tiene al acierto de optar por un tratamiento histórico del capitalismo y a la vez enfatizar sus dimensiones social, política e ideológica, así como su capacidad de adaptación a diversos contextos. Ello le permite describir con más perspectiva las transformaciones que ha sufrido a lo largo del último siglo y, en función de esa plasticidad del sistema, reivindicar la utilidad de la crítica.

En realidad, la justificación de la necesidad de una crítica ideológica del capitalismo no es un asunto trivial. La ineficacia de la crítica ha sido argumentada desde diversas posiciones. Por parte de los defensores del capitalismo, mediante la idea de que el capitalismo escapa a cualquier escrutinio moral: no tiene moralidad, es un conjunto de leyes invariantes, la moralidad es en todo caso objeto de sus administradores. Y también desde la posición opuesta: el funcionamiento del capitalismo es inmutable, por tanto no vale la pena criticarlo. Ambos enfoques están destinados a invalidar cualquier intento crítico. Sin embargo, el capitalismo segrega ideología, como deseos insaciables o afán de lucro, y este hecho adquiere categoría de evidencia empírica. Bien lo sabían tanto los moralistas del despertar del capitalismo, que comenzaron por criticar estos efectos nocivos, como los que más tarde terminaron justificándolos – tal como nos recuerda Kepa Bilbao tomando como referencia el magnífico relato que de ello hace Albert Hirschman en su obra Pasiones e intereses– con el argumento de que la codicia humana atemperaba otras pasiones más peligrosas. En determinados contextos sociales y políticos estas ideas que destila el capitalismo han campado a sus anchas, en otros se les ha puesto límites institucionales e ideológicos. De ahí el interés de la crítica.

Una de los temas destacados de la obra de Bilbao es la crítica del mercado autorregulador y los efectos de la “mano invisible”. Bien justificada está la extensión con la que Bilbao nos introduce al pensamiento del inventor de este artificio, Adam Smith, y nos recuerda la doble dimensión de este postulado: su ficción como hecho empírico y su utilidad como argumento ideológico. Karl Polanyi a través de su conocida y apreciada obra La Gran Transformación nos advirtió de las nefastas consecuencias que este principio tuvo en las primeras décadas del siglo pasado. Polanyi creía firmemente que el mundo había escarmentado tras haberse dejado llevar por la idea de que el mercado libre se autorregula a sí mismo. Los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial parecieron darle la razón, en la medida en que la regulación –y en especial, la del capital financiero- fue una de las señas de identidad de la política económica de gobiernos socialdemócratas, liberales y conservadores. Pero a partir de los años 80, para los que deberíamos acuñar el término de Contrarrevolución Económica, todo cambió. No se trataba sólo de un giro en la política económica, el marco cultural en el que éste se realizó mostró profundas alteraciones en pocos años.

En los años setenta el pensamiento postmoderno destacaba lo efímero, la diversidad, la diferencia y el localismo como respuesta al quebranto sufrido por la ideología del progreso y las creencias utópicas. Sin embargo, a finales de los ochenta, en un clima favorecido por el declive del comunismo y la revolución informática, renació la teoría de la modernización y el progreso con algunos ingredientes distintos a los de épocas anteriores: no había alternativas sociales heroicas que proponer al capitalismo, pero se vaticinaba la universalidad del modo de producción, la convergencia cultural y moral de la humanidad y la igualación del nivel de vida de todos los países. Podríamos caracterizar esta visión con un término: Ideología de la Globalización. Como gran novedad, en esta proyección del futuro, el mercado jugaba un papel decisivo. El teórico social Jeffrey Alexander en su obra Sociología cultural comentaba cómo diferentes grupos de intelectuales contemporáneos reflotaron la narrativa emancipatoria del mercado, caracterizando el pasado como “sociedad antimercado” y el presente y el futuro como “transición al mercado”, y convirtiendo la liberación en algo que dependía de la privatización, los contratos, la desigualdad monetaria y la competitividad. Tony Judt, por su parte, en su texto Algo va mal puso de relieve uno de los elementos fundamentales de este cambio de época: “si tuviéramos que identificar una sola consecuencia general de la transformación intelectual que caracterizó el último tercio del siglo XX probablemente sería el culto al sector privado y, en particular, el culto a la privatización”. La apología de la eficacia del sector privado frente al público recorrió todo el espectro político, de derecha a izquierda, y allanó el camino de la ola de privatización que hoy nos invade. De aquellos polvos, estos lodos.

En las décadas siguientes el capitalismo incorporó elementos de esas dos subculturas que habían coincidido en los años 80. El horizonte de convergencia propio de la modernidad y rehabilitado con el nuevo modernismo, quedaba para el largo plazo, el mercado se encargaría de ello con el añadido de que la receta era la misma para todos los países fuera cual fuera su momento de desarrollo: la economía neoliberal. Por otra parte, elementos como la avidez por la diferenciación, la desigualdad, la realización personal inmediata, el “todo a corto plazo”, más en consonancia con las ideas que recogió el pensamiento postmoderno, resultaban funcionales para los nuevos modelos de consumo, producción y redistribución. Términos como flexiblidad y adaptación (que enmascaraban con frecuencia la precariedad en el trabajo) tomaron vida propia, cargados de una valoración positiva, independientemente de cualquier contexto. Como remate, la ideología del progreso -bajo nuevas formas- proporcionaba el recurso de tildar de reaccionario o regresivo a quien mostrara su rechazo a la globalización o a los procesos de transformación de la economía en curso.

En la economía convencional -tema al que Kepa Bilbao dedica especial atención- tuvo lugar la rehabilitación de la teoría del mercado autorregulador y de su creador -no el Adam Smith de La teoría de los sentimientos morales sino el inventor de la mano invisible– acompañada de otras como la teoría de las expectativas racionales o de los mercados eficientes, que al tiempo que subrayaban la inutilidad de la regulación pública de la economía, profetizaban una suavización de los ciclos económicos e incluso hasta la desaparición misma de las crisis.

Tras describir estas rupturas en la mentalidad económica, Kepa Bilbao entra de lleno en la crisis y en las políticas anticrisis. Su descripción deja entrever sobradamente cómo en el forcejeo entre las políticas de austeridad y las políticas de inversión pública subyacen debates que estaban en las controversias teóricas de economistas del pasado. Este revival de ideas económicas en la actualidad refuerza el interés de la disciplina de la historia en general y de la historia del pensamiento económico en particular, disciplina a la que desgraciadamente se otorga la misma atención que a las obras de museo sin apreciarla como herramienta creativa que explica el presente y proyecta el futuro. Desprenderse del marco histórico de los procesos económicos que nos han llevado a la catástrofe conduce con frecuencia a deslizamientos hacia explicaciones fáciles de la crisis como atribuir ésta a que los ciudadanos han gastado más de lo que ingresaban, a la falta de modernización de las administraciones públicas y de los servicios sociales o a la rigidez de los mercados de trabajo, certificando así que no se ha entendido nada de lo que nos ha ocurrido.

Kepa Bilbao no cierra el libro sin preguntarse por el futuro del capitalismo. Tras repasar los fundamentos de las dudas con las que algunos teóricos como Schumpeter o Keynes abordaron el destino de la economía de mercado, trae a colación los juicios que economistas críticos con la exuberancia neoliberal hacen de las tendencias actuales del sistema. Comentarios de gran interés de las obras de Jeffrey Sachs, Walden Bello, Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Dani Rodrik, entre otros, ilustran este capítulo. Y si bien Kepa Bilbao a lo largo del libro ha concedido una importancia sobresaliente a la incidencia del pensamiento económico en la deriva del capitalismo -éste era al fin y al cabo uno de los objetivos del texto- no se olvida de recordarnos en el epígrafe “a modo de conclusión” la trascendencia que las fuerzas sociales y políticas tienen en este futuro.

En definitiva, la obra de Kepa Bilbao proporciona un gran angular para examinar la crisis y las tendencias actuales del capitalismo. Constituye una eficaz herramienta de reflexión y de ningún modo nos deja indiferentes ante los tiempos de oscuridad y zozobra que estamos viviendo.