La concepción de la historia en Marx, columna vertebral
de su pensamiento, se formará fundamentalmente, entre otros, con
dos elementos de distinta procedencia. Uno hegeliano: la idea de proceso
y de evolución; el otro, el materialismo de Feuerbach. Para ello,
Marx prescinde del idealismo hegeliano, aunque conservando el ritmo del
proceso de la idea y prescinde también del aspecto pasivo, especulativo
del materialismo de Feuerbach, introduciendo en él la actividad
práctica del hombre; actividad productora de donde se derivarán
las demás relaciones sociales e incluso las mismas ideas.
Esta síntesis entre materialismo e idealismo lleva a la praxis.
Marx acepta el materialismo de Feuerbach pero lo critica como pasivo y
contemplativo. A esto dedicará la famosa tesis onceava sobre Feuerbach:
No se trata por tanto de interpretar el mundo: de lo que se trata es de
transformarlo.
La Ideología alemana, escrita junto con Engels en Bruselas entre
septiembre de 1845 y mayo de 1846, contiene la exposición más
detallada que escribió Marx sobre su concepción de la historia.
Concepción que habría de ser el “hilo conductor”
de todos sus estudios sucesivos. (1)
En el resto de su obra nos encontramos con resúmenes que coinciden
con los elementos fundamentales que aparecen en La Ideología alemana:
Carta a Annenkov el 28-12-1846, con algunas partes de Miseria de la filosofía,
con el Manifiesto, en el Capital, pero la formulación general más
conocida es la incluida en el Prefacio a Una Contribución a la
Crítica de la Economía Política (1859).
Pocos textos como el Prólogo del 59 ha habido en la historia del
pensamiento humano que hayan suscitado tantos debates, controversias,
desacuerdos y conflictos de interpretación.
Así la determinación del ser social sobre la conciencia
o de la base sobre la superestructura se ha interpretado en un sentido
determinista fuerte ( lo determinado no contiene nada -o poco menos- que
no esté incluido en lo determinante, entre lo determinante y lo
determinado hay una relación de causa-efecto...) y en un sentido
débil ( como sinónimo de influir o condicionar). La relación
entre la base económica y la superestructura también ha
dado lugar a interpretaciones diferentes. Unos han tendido a considerar
que se trata de una relación que opera en un sentido único,
otros han defendido que se trata de una relación de ida y vuelta
( la base determina la superestructura que a su vez influye sobre la base)
(2). Resulta imposible resumir en unas pocas líneas
dicho debate, simplemente señalaré de forma sumaria algunas
cuestiones en torno a dicho tema.
Las ideas centrales que Marx sostiene en el Prólogo se pueden resumir
de la siguiente forma. La estructura económica de la sociedad,
constituida por sus relaciones de producción, es el verdadero fundamento
de la sociedad. Es la base real sobre la que se levanta una supraestructura
jurídica y política y a la que corresponden determinadas
formas de conciencia social. Por otro lado, las propias relaciones de
producción de la sociedad corresponden a una determinada fase de
desarrollo dentro de sus fuerzas productivas materiales. De esta forma,
el modo de producción de la vida material condiciona el proceso
de la vida social, política y espiritual en general.
Al desarrollarse esas fuerzas productivas dentro de la sociedad, chocan
con relaciones de producción establecidas que obstaculizan su crecimiento.
Y se abre así una época de revolución social mientras
esta contradicción divide a la sociedad, y los hombres, de una
forma más o menos ideológica, adquieren conciencia de este
conflicto y luchan por resolverlo. El conflicto se resuelve a favor de
las fuerzas productivas y unas nuevas y más elevadas relaciones
de producción, cuyas previas condiciones materiales han madurado
en el seno de la sociedad, emergen acomodándose mejor al crecimiento
continuado de la capacidad productiva de la sociedad. El modo burgués
de producción representa la más reciente entre las varias
épocas progresivas en la formación económica de la
sociedad, pero es la última forma antagónica de producción.
Con su desaparición, la prehistoria de la humanidad habrá
concluido.
Estamos, pues, ante una teoría de la historia que intenta distinguir
los principales aspectos de la vida social, explicar la relación
estructural entre ellos y también los cambios sociales. Es, también,
una teoría de la secuencia histórica de los modos de producción:
el asiático, el de la esclavitud, la servidumbre y el capitalismo.
Cada uno de estos modos de producción tiene una base económica
y una superestructura política e ideológica. El estudio
económico del capitalismo es, cuantitativamente hablando, la parte
más importante de su obra con mucho.
En el Prólogo Marx levanta un edificio estructuralista con conexiones
deterministas claras. Como señala Bottomore, el énfasis
en el análisis de las clases está sorprendentemente ausente
en el Prólogo, a diferencia de La Ideología alemana.
(4)
Para Jon Elster, la teoría de la historia de Marx no es simplemente
una teoría que otorga un lugar privilegiado a los factores económicos.
Es, más específicamente, una forma de determinismo tecnológico.
El ascenso y caída de los sucesivos regímenes de propiedad
se explican por su tendencia a promover o trabar el cambio técnico.
(5)
Así mismo, para Kolakowski, la fuerza motriz definitiva del cambio
histórico es la tecnología, las fuerzas productivas, todo
el equipo de que dispone una sociedad, más la capacidad técnica
adquirida, más la división técnica del trabajo. El
nivel de las fuerzas productivas determina la estructura básica
de las relaciones de producción, es decir, el fundamento de la
vida social. Y especifica que Marx no considera a la tecnología
como parte de la base, pues habla de un conflicto entre las fuerzas productivas
y las relaciones de producción. (6)
A. Fuerza productiva
B. Tres pisos jerárquicamente encadenados
A. FUERZA
PRODUCTIVA
En un nivel de desarrollo ( o capacidad tecnológica)Están
debajo del fundamento económico o la base, sin formar parte
de él. |
B. ESTRUCTURA
Estructura económica o base real o relaciones
de producción (o de propiedad) o sociedad civil. |
C. SUPERESTRUCTURA
En el 59 es jurídica y política.
Le correspondendiversas formas de conciencia. |
A explica B y B explica C. B es funcional respecto a A
y cuando deja de serlo se produce una crisis y C es funcional en relación
con B y si no lo es habrá de acabar por transformarse.
2.-Las fuerzas motrices del desarrollo histórico
En su obra El Socialismo Utópico y el Socialismo Científico,
Engels dice:
«El materialismo histórico (es) aquella concepción
del curso histórico, que ve la causa final y la fuerza propulsora
decisiva de todos los acontecimientos históricos importantes
en el desarrollo económico de la sociedad, en las transformaciones
del modo de producción y de cambio, en la consiguiente división
de la sociedad en distintas clases y en las luchas de estas clases entre
sí.
(...)Entonces se vio que, con excepción del estado primitivo,
toda la historia anterior había sido la historia de las luchas
de clases, y que estas clases pugnantes entre sí eran en todas
las épocas fruto de las relaciones de producción e intercambio,
es decir, de las relaciones económicas de su época: que
la estructura económica de la sociedad en cada época constituye,
por tanto, la base real cuyas propiedades explican, en última
instancia, toda la superestructura integrada por las instituciones jurídicas
y políticas, así como por la ideología religiosa,
filosófica, etc., de cada período histórico».
(10)
La búsqueda de una causa última, de leyes universales,
de una gran fuerza motriz de todos los acontecimientos históricos,
es bastante propia del ambiente científico del siglo XIX como
ya hemos comentado en el capítulo 3. Es un siglo en que la tendencia
a buscar principios explicativos únicos o centrales, globalizadores,
en cada realidad o proceso, en cada campo de la actividad científica,
es bastante corriente. (11)
Marx también trata de encontrar la fuerza propulsora de la historia.
En la Ideología alemana esta fuerza propulsora de la historia
será la revolución. En el Manifiesto dirá que "La
historia de todas las sociedades existentes hasta el presente es la
historia de la lucha de clases." En el Prólogo del 59, esa
fuerza propulsora se identifica con el desarrollo tecnológico.
De las críticas tempranas que tendrá la
teoría de la historia de Marx, la de mayor relieve será
la de Weber, el cual, rechazando tanto la interpretación materialista
de la historia como la idealista, dice: «No es tampoco sustituir
una concepción unilateralmente materialista de la cultura y de
la historia por una concepción contraria de unilateral causalismo
espiritualista. Materialismo y espiritualismo son interpretaciones igualmente
posibles, pero como trabajo preliminar; si, por el contrario, pretenden
constituir el término de la investigación, ambas son igualmente
inadecuadas para servir a la verdad histórica ». (12)
Nada le es más extraño a Weber, como dice Freund, que
el descubrimiento de pretendidas leyes generales del devenir histórico.
Ello escapa a la competencia de la ciencia. La realidad empírica,
infinita, no puede ser abarcada por ninguna ciencia. La historia es
un campo de pruebas para los tipos más teóricos. (13)
Como dice Giddens, Weber acepta la posición radical neokantiana
que parte de la completa separación lógica entre las proposiciones
de hecho y las proposiciones normativas. Weber considera que es precisamente
esta posición epistemológica la que distingue decisivamente
su perspectiva de la de Marx: la obra de Marx, cualesquiera que sean
sus méritos indudables, implica una aceptación de la ética
'científica' de 'fines últimos', con la cual trae consigo
una concepción total de la historia. Para Weber, la ciencia no
puede responder a la pregunta: ¿ A cuál de los dioses
en guerra debemos servir? . (14)
3.-La revolución en Marx
La principal fuerza motriz de la historia, para Marx, es ese crecimiento
de la capacidad productiva, el cual genera cambios en las relaciones
de propiedad y se conecta con la otra gran fuerza motriz, la lucha de
clases a la que determina más poderosamente de lo que es determinada
por ella.
El hipotético encuentro entre las dinámicas impulsadas
por estas dos fuerzas motrices daría lugar a una época
de revolución.
| Dinámica tecnológica-económica |
| Fuerza Productiva |
Relaciones de propiedad |
| CRISIS |
REVOLUCION PROLETARIA |
| Proletariado |
Burguesía |
Dinámica social
En el Manifiesto la confluencia de estas dos dinámicas,
así como la inevitabilidad del triunfo del proletariado y del
socialismo es patente. Se expone una teoría general de la maduración
de la crisis de la sociedad burguesa al cabo de la cual se efectúa
la revolución.(15) Se establece un paralelismo
entre la crisis de la sociedad burguesa y la feudal y entre el ascenso
del proletariado y de la burguesía en una y otra. La sociedad
burguesa ya no logra dominar las fuerzas que ha creado. Se produce,
la primera dinámica, un choque entre las fuerzas productivas
en continua expansión y las relaciones de propiedad. Las relaciones
burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas
en su seno. Junto a esto se da la segunda dinámica, producida
por un empeoramiento de las condiciones de la clase obrera, un constante
crecimiento, organización y fuerza que le llevará inevitablemente
al choque con la burguesía y a la victoria tarde o temprano.
El proletariado triunfará sobre todo porque su liberación
liberará simultáneamente las fuerzas productivas condenadas
al estancamiento y a la destrucción en la sociedad capitalista.
Después de más de un siglo y medio de experiencia empírica,
histórica, se puede decir que ninguna de estas dos dinámicas
expuestas en el esquema han funcionado de la forma prevista por Marx.
El razonamiento de Marx de que el capitalismo debía sucumbir
porque había perdido o iba a perder su capacidad de progreso
tecnológico, tiene, como señala Kolakowski, al menos dos
supuestos: «Primero, que el progreso técnico está
obligado a seguir, y segundo, que la clase trabajadora es su agente.
Ambos supuestos son improbables. El primero es sólo una extrapolación
de un hecho histórico ( y no una ley) de que durante largos períodos
los hombres han seguido perfeccionando sus instrumentos de producción;
pero no hay ninguna certeza de que sigan haciéndolo siempre,
y han habido épocas de detención y regreso. En cuanto
a la segunda suposición , en la sociedad capitalista, la clase
trabajadora no es el exponente de ninguna forma superior de tecnología.(...)
La fe de Marx en " el fin de la prehistoria" no es una teoría
científica, sino la exhortación de un profeta. El efecto
social de su creencia es otra cuestión». (16)
No tenemos -decía Sacristán- ninguna garantía
de que la tensión entre las fuerzas productivo-destructivas y
las relaciones de producción hoy existentes haya de dar lugar
a una perspectiva emancipatoria.
«Lo más importante y lo más problemático
que ha sembrado en la obra de Marx el "Hegel enderezado" es
el "objetivismo de las leyes de la historia" que aparece en
su idea de la revolución social. Sin duda es una mala lectura
la que ve en esa idea un determinismo fatalista; pero ya tiene más
justificación la que considera irresuelta la tensión,
que está en el centro de la concepción marxiana, entre
la acción de los factores objetivos u objetivados y la del subjetivo,
entre la eficacia transformadora que tiene el "desarrollo de las
fuerzas productivas" en su tendencial choque con las "relaciones
de producción" y la afirmada necesidad del desarrollo subjetivamente
revolucionario de la clase explotada ». (17)
El marxismo de Marx no es voluntarismo ni fatalismo; es decir, la revolución
que destruya el capitalismo no depende voluntad alguna. Esta voluntad
es la del proletariado, apoyado en la evolución previa de las
fuerzas productivas.
El tema que estamos considerando, en los marxismos posteriores daría
lugar a visiones diferenciadas según el lugar en el que se pusiera
el acento: en el determinismo tecnológico (marxismo científico)
o, en la lucha social ( marxismo crítico).
4.-El reduccionismo de clase (la abolición
de la propiedad privada, la familia, la religión, la nación...)
Otro de los problemas relevantes que surgen de la concepción
de Marx, es su reduccionismo de clase, su visión social unidimensional.
De las divisiones sociales existentes en la sociedad, la de clase, será
la central, sobre la cual pivotará el resto, de una forma subordinada
y fuertemente dependiente.(18) De todas las determinaciones,
la económica será la principal, por encima de cualquier
otra, sea ésta de nacionalidad, sexo, religión, cultural,
generacional u otra. (19)
En el Manifiesto Marx y Engels sostienen la tesis de una
creciente bipolarización de la sociedad y de un progresivo empobrecimiento
e igualamiento de la situación económica de los distintos
sectores de la clase obrera. El proletariado es designado como la clase
revolucionaria o la verdaderamente revolucionaria, destinada a realizar
la misión histórica de emancipar a toda a la humanidad
al emanciparse así misma. La clase obrera, encarnación
de la desposesión, se ve empujada a luchar contra la propiedad
privada, considerada como el foco universal de la maldad social, eliminado
el cual se desencadenará un proceso de transformación
revolucionaria y socialista de las relaciones de producción.(20)
De esta manera, el resto de las contradicciones existentes en la sociedad,
de nacionalidad, sexo, religión... son vistas como contradicciones
derivadas de ese foco que es la propiedad privada, eliminado el cual
quedan estas superadas o eliminadas.
En el Manifiesto dicen: «Las diferencias de edad y sexo pierden
toda significación social para la clase obrera» la familia
desaparecerá cuando desaparezca el capital. La explotación
de las naciones terminará con la eliminación de la explotación
de clase. «En la misma medida en que sea abolida la explotación
de un individuo por otro, será abolida la explotación
de una nación por otra. Al mismo tiempo que el antagonismo de
las clases en el interior de las naciones, desaparecerá la hostilidad
de las naciones entre sí». En El origen de la familia,
la propiedad privada, y el Estado, Engels vincula estrictamente la existencia
de la familia burguesa monogámica a la transmisión de
la propiedad. Ven la acción del capitalismo ( internacional)
de un modo unilateral, exagerando sus efectos unificadores. Al igual
que la burguesía, el proletariado se convierte en una clase universal,
con unos mismos intereses y una única misión. De ahí:
<<Proletarios de todos los países uníos>>.
Combinan internacionalismo con un cosmopolitismo proletario abstracto.(21)
La representación de la sociedad en Marx y Engels será
principalmente masculina. No hay en su obra una consideración
particular del conflicto hombres/mujeres pero, no obstante, se encuentra
una crítica radical de la institución familiar y del matrimonio,
y una defensa de su superación. No hay una consideración
sobre lo que en nuestro tiempo ha pasado a ser el,o uno de los problemas
fundamentales, me refiero a la problemática ecológica
.(22) Tampoco hay una teoría de la nación
ni nada parecido a una articulación étnica de la humanidad,
y sí en cambio una articulación según características
de clase. Como ya he dicho, será la clase, el conflicto entre
las clases, el centro de atención principal. Para Marx y Engels,
el nacionalismo, como la religión,(23) es un
fenómeno temporal generado por la ascensión de la burguesía,
es una falsa conciencia que divide a los trabajadores y les impide ver
su verdadera condición, es un mero subproducto de la evolución
de las fuerzas productivas que ha de desvanecerse cuando inevitablemente
el capitalismo desaparezca. Este principio se convertirá en un
dogma para todas las escuelas marxistas. En general, en relación
a esta cuestión, y dicho de una forma sumaria, hay una subestimación
de los sentimientos nacionales, numerosas inconsistencias y afirmaciones
nada afortunadas. En la obra de Marx y Engels, la autodeterminación
tiene un alcance limitado ( sí para unas, pero no para todas
las naciones), condicionado ( al papel que desempeña la lucha
nacional en cada momento) y subordinado ( a los intereses y estrategia
de la revolución). Todo esto, está unido en Marx a su
filosofía de la historia, a la idea de la definitiva socialización
de la nación, de su desaparición junto al resto de instituciones
intermedias entre el individuo y la humanidad, como es el Estado, la
familia, la iglesia, etc. . (24)
La comunidad nacional, que muchos románticos consideraban como
el paradigma de la vida orgánica, está siendo disuelta
por el progreso del capitalismo. Los trabajadores no tienen patria,
ni tampoco la tiene el capital. El nacionalismo, la conciencia nacional
decae, pierde su fuerza bajo la presión del capital monopolista
y la conciencia internacionalista del proletariado. Estas eran las ideas
que se respiraban en las filas socialistas de la época. Pero
en vísperas de la I Guerra Mundial, cuando los obreros alemanes
o checos tuvieron que decidir si eran primero obreros o alemanes o checos,
eligieron lo segundo.
El marxismo y el pensamiento social liberal de Occidente del siglo XIX
y principios del XX fue asombrosamente eurocentrista. Ambos desestimaron
los sentimientos nacionales e ignoraron el vigor político del
nacionalismo, que para ellos era un atavismo, una reliquia irracional
de un pasado bárbaro o un regreso a él que significa retroceso.
El llamamiento a favor de una identidad nacional común estuvo
frecuentemente vinculado a una denigración etnocéntrica
de los grupos nacionales más pequeños. El pensamiento
decimonónico solía distinguir entre las grandes naciones
como, Francia, Italia, Inglaterra, Polonia, España, Alemania,
Hungría y Rusia, de las nacionalidades más pequeñas
como los croatas, vascos, escoceses, galeses, serbios, checos, eslovacos,
búlgaros, rumanos y eslovenos. A menudo, la afirmación
nacional, el nacionalismo de estos últimos, tachados con la desafortunada
idea hegeliano-marxista de pueblos sin historia, fue condenado como
un obstáculo al progreso. Así, uno de los mayores inspiradores
del liberalismo, J.S. Mill, insistía en la consideración
de que para un escocés de las tierras altas era indiscutiblemente
mejor pertenecer a Gran Bretaña, o para un bretón o un
vasco de la Navarra francesa formar parte de Francia: << Nadie
puede dudar de que no sea más ventajoso para un bretón
o para un vasco de la Navarra francesa ser arrastrado en la corriente
de ideas y de sentimientos de un pueblo altamente civilizado y culto
-ser miembro de la nacionalidad francesa, todos los privilegios de un
ciudadano francés, participando de las ventajas de la protección
francesa y de la dignidad y prestigio del poder francés-, que
vivir adheridos a sus rocas, resto semisalvaje de los tiempos pasados,
girando sin cesar en su estrecha órbita intelectual, sin participar
ni interesarse en el movimiento general del mundo. La misma consideración
es aplicable al galo o al escocés de las montañas como
miembro de la nación británica >>. (25)
Liberales, marxistas, racionalistas, se hallaban impregnados por el
concepto victoriano de progreso, nacido de la expansión material
y el avance científico. Se daba por sentado que progreso significaba
asimilación paulatina de las normas y valores de las naciones
avanzadas, entendidos como universalmente válidos. El nacionalismo
de los grandes Estados ya constituidos, satisfechos, se disfrazaba de
cosmopolitismo para justificar el expolio económico y el desdén
por las culturas y políticas periféricas. A nivel mundial,
esto cobró la forma de imperialismo cultural y económico
y ha servido para legitimar el colonialismo y la destrucción
de las raíces culturales de los pueblos colonizados. (26)
5.-Ultimos retoques a la teoría
a) La cuestión rusa.
En los últimos años de su vida Marx se preocupó
por la cuestión rusa.(27) En 1877 escribió
una carta a la redacción de la revista rusa Otetschestwennyje
Sapiski ( Anales de la Patria), en la que respondía a un artículo
de Michailowski, el cual afirmaba que los rusos debían buscar
su propio camino y un ritmo de desarrollo distinto del seguido por el
occidente europeo; el esquema de la evolución histórica
trazado por Marx quedaba en cuestión. Marx no envió esta
carta. Después de su muerte, Engels la encontró entre
sus papeles y fue publicada en lengua rusa en 1886. (28)
En la carta, Marx protesta contra la universalización de su esquema
sobre el origen y desarrollo del sistema capitalista en occidente y
de su conversión en una teoría histórico-filosófica
de la marcha del desarrollo general impuesta fatalmente a todos los
pueblos. Aunque eso sí, añade que si en Rusia se desarrollaba
el régimen capitalista, tendría que seguir el largo camino
del desarrollo de tal sistema antes de alcanzar la etapa comunista.
Así mismo dice que en la orientación que siguen los países
influye el medio histórico, el cual dio una orientación
diversa a la evolución de la sociedad romana y a la transformación
de la sociedad medieval. Termina la carta con la siguiente frase: «Si
se estudiara cada uno de estos desarrollos en sí y entonces se
les comparara entre sí, se encontraría fácilmente
la llave de estos fenómenos, pero nunca se obtendrá la
llave universal de una teoría de la filosofía de la historia,
cuyo máximo privilegio consiste en ser suprahistórica».
En 1881, Vera Zasulich, escribió a Marx para pedirle su opinión
sobre las perspectivas del futuro desarrollo histórico de Rusia,
y muy especialmente sobre el valor y el papel que en ese desarrollo
pueda jugar la comunidad rural rusa .(29) Marx le contestará
diciendo, entre otras cosas, que su análisis de El Capital no
contiene pruebas ni a favor ni en contra de la vitalidad de la comuna
rural, pero que está convencido de que ésta podrá
convertirse en el germen del renacimiento social de Rusia y dice: «Lo
que amenaza la vida de la comuna rusa no es la necesidad histórica,
ni una teoría social, es la opresión del Estado y la explotación
de los capitalistas introducidos en ella que con ayuda del Estado se
hicieron poderosos a expensas y a costa de los campesinos ».
El camino trazado hasta entonces por Marx a través del desarrollo
del capitalismo era un proceso imposible para los populistas rusos.
Nicolai F. Danielson ( conocido por Nicolai-on),
traductor de El Capital al ruso,indicó a Marx la posibilidad
de desarrollar el mir en sentido comunista y aprovechar esta base agraria
para lograr dicho objetivo. Así, en el prólogo a la traducción
rusa del Manifiesto escrito por Marx y Engels en 1882 dicen: «La
cuestión es: la Obschtschina ( comunidad rural), una forma de
la primitiva propiedad comunal del suelo, que ha sido ya ciertamente
destruida en gran medida, ¿ puede pasar a la forma comunista
más alta? ¿ O debe, por el contrario, recorrer antes el
mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico
del Oeste? La única respuesta a esta cuestión es hoy la
siguiente: si la revolución rusa se convierte en la señal
de una revolución obrera en el Oeste, de suerte que ambas se
complementen mutuamente, entonces la actual comunidad rusa del suelo
puede servir como punto de partida de un desarrollo comunista ».
(30)
Como se puede ver el viejo Marx al enfrentarse al proceso revolucionario
ruso no plantea su esquema de revolución visto anteriormente.
Considera la posibilidad del socialismo donde no ha habido desarrollo
capitalista, aunque bien es verdad que no lo ve posible sin contar con
la ayuda de la revolución en occidente. El Capital era un estudio
sobre los orígenes y el funcionamiento del capitalismo en Europa
occidental, basado en su mayor parte en el caso de Inglaterra. Para
Marx el occidente era el modelo que el resto de los países atrasados
debían seguir. Ahora delimitará su alcance diciendo claramente:
<<He restringido expresamente esta inevitabilidad histórica
a los países de Europa occidental >>.(31)
La perspectiva determinista-evolucionista unilineal que marcan los textos
que hemos comentado anteriormente como la Ideología alemana,
El Prólogo del 59 o el Manifiesto, es rota por otra plurilineal.
Ahora bien, considerar que estas últimas reflexiones rompen totalmente
con su concepción de la historia expuesta reiteradamente hasta
el momento, es mucho decir. En esto traería a colación
las palabras de Sacristán: «no creo que esté clara
la última palabra de Marx acerca de todas estas cosas que estamos
discutiendo. Creo que, a pesar de la aspiración que siempre tuvo
de producir obra muy terminada literariamente - lo cual es una de las
causas de que dejara tanto manuscrito inédito -, Marx a muerto
sin completar su pensamiento, sin pacificarse consigo mismo ».
(32)
Como señala Gouldner, «La presión de la revolución
en Rusia hizo que Marx y Engels quitasen el cerrojo -pero no abrieran
realmente - a la puerta para un marxismo totalmente voluntarista y crítico
que volviese la espalda a los severos requisitos estructurales de su
propio marxismo científico ». (33)
La revolución rusa de 1917 y casi todas las que le sucedieron
no siguieron ni confirmaron la teoría de la revolución
expuesta por Marx. La mayoría se han producido en países
predominantemente agrarios, donde las relaciones capitalistas de producción
estaban escasamente desarrolladas y tampoco pudieron contar, como pensaba
Marx, con la ayuda material que podía haberle prestado la revolución
en occidente. Como dice Skocpol: «Hasta hoy en la moderna historia
universal, las revoluciones sociales, aunque entrañen elementos
de conflictos de clase, claramente no se han conformado a las previsiones
teóricas o a las visiones morales de Marx. Han ocurrido en países
agrícolas (...)no en las naciones industriales capitalistas más
avanzadas. Y ni aun aquellas revoluciones que han expropiado a las clases
capitalistas interiores en nombre de los ideales socialistas han redundado
hasta hoy, en las prósperas y democráticas sociedades
comunistas pensadas por Marx ». (34)
b) Enmiendas de Engels a la teoría.
En sus últimos años Engels reconoció que la teoría,
llamada por él mismo materialismo histórico, no había
sido bien formulada y que por refutar el idealismo hegeliano habían
caído en el extremo contrario. En una carta dirigida a Bloch
en septiembre de 1890 dice: «A Marx y a mí mismo se debe
achacar, en parte, la responsabilidad de que nuestros seguidores concedan
algunas veces mayor importancia que la que corresponde al aspecto económico.
Frente a nuestros contradictores, teníamos que defender el aspecto
que estos negaban principalmente, y así no siempre tuvimos la
ocasión, el tiempo y el lugar para hacer justicia a los otros
momentos que tomaban parte en esta contradicción ».
En algunas otras conocidas cartas de esta época, previno contra
las formulaciones exageradas del llamado determinismo histórico.
Las formulaciones de textos anteriores, como las de la Ideología
alemana, El Prólogo o el Manifiesto, presentan a menudo conexiones
en una dirección , al subrayar que el ser social determina la
conciencia social o que las condiciones materiales determinan las ideologías.
No destacaban la influencia recíproca como ahora lo haría
Engels: "Aun cuando el modo material de existencia es el primum
agens, esto no impide que las esferas ideológicas reaccionen
a su vez sobre él, imprimiendo un efecto secundario" ( carta
a Conrad Schmidt, 5 de agosto de 1890). (35)
Pero este efecto de interacción es limitado por afirmaciones
según las cuales, en última instancia es la base económica
la que determina la superestructura. Aunque Engels no explicó
nunca qué quiso decir con lo de en última instancia, ello
no cambia sustancialmente, la prioridad otorgada anteriormente a la
base económica: «Según la concepción materialista
de la historia, el elemento determinante de la historia es en última
instancia la producción y la reproducción de la vida real.
Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Por consiguiente,
si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación
de que el elemento económico es el único determinante,
lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y absurda. La situación
económica es la base, pero las diversas partes de la superestructura
(...) también ejercen su influencia sobre el curso de las luchas
históricas y en muchos casos predominan en la determinación
de su forma. Hay una interacción de todos éstos elementos
(...) Hacemos nuestra propia historia, pero en condiciones muy determinadas.
Entre éstas, las económicas son en definitiva las decisivas.
Pero las condiciones políticas, etc., e incluso las tradiciones
que obsesionan a los cerebros humanos también desempeñan
un papel, aunque no decisivo...» . (36)
Si bien en las líneas precedentes Engels combate el economicismo,
Gouldner se pregunta: ¿Qué es, entonces, lo que pretende
Engels? ¿proteger la prioridad de lo económico, limitarla
o socavarla? El paradigma de interacción sistémica que
Engels hizo cristalizar era ambiguo, síntoma de un conflicto
que trataba de refrenar. El marxismo científico interpretaría
este paradigma en el sentido de afirmar el poder de lo económico
en última instancia; el marxismo crítico podía
entenderlo como admitiendo la importancia de la superestructura y, mediante
su énfasis en la interacción, como un paso hacia la prioridad
de la totalidad. De este modo, el paradigma de Engels abrió el
camino para el desarrollo del marxismo científico y del marxismo
crítico. (37)
Como señala Kolakowski, Marx es, en parte, responsable, por así
decirlo, de las ideas hipersimplificadas y vulgarizadas que pueden defenderse
mediante muchas citas de su obra. Ahora bien: "El materialismo
histórico es un principio heurístico valioso, que obliga
al estudioso de conflictos y movimientos de todo tipo -políticos,
sociales, intelectuales, religiosos y artísticos- a relacionar
sus observaciones con los intereses materiales, incluidos los derivados
de la lucha de clases (...) Si esto es obvio, es porque el marxismo
lo ha hecho obvio." (38)
(1) Esta obra no pudo ser publicada por
Marx y Engels a pesar de los esfuerzos hechos por los autores para encontrar
un editor. En carta a Annenkov dice Marx : << Usted no tiene idea
de las dificultades con las que tales publicaciones chocan en Alemania;
de una parte la acción de la policía; de otra, el hecho
de que los editores son representantes interesados de todas las tendencias
que yo ataco>>. ( WERKE t. 27 pag. 462). No se publicó
íntegramente hasta 1932. Era desconocida en el período
de la II Internacional (1888-1914). Ver McLellan, Op. Cit. p.161 y ss.
(2) THOMPSON, E.P. Socialist Humanism,
The New Reasoner, Verano, 1957, p 113.Comentando sus objeciones al modelo
base-superestructura, señala que tales metáforas ( mecánicas
y orgánicas) tienden necesariamente al reduccionismo y que, a
pesar de que Marx y Engels siempre "han tenido presente ( la) interacción
dialéctica entre la conciencia social...y el ser social, la metáfora
base-superestructura redujo (su) concepto de proceso a un torpe modelo
estático". Es más, es "un modelo malo y peligroso,
ya que Stalin lo utilizó no como un modelo de hombres que evolucionan
en sociedad, sino como un modelo mecánico, funcionando semi-automáticamente
e independientemente de toda acción humana consciente".
(3) "Cuando Marx afirma que el modo
de producción de la vida material determina el proceso social
- comenta Eugenio del Río- está empleando determina en
un sentido hegeliano para referirse simultáneamente a tres aspectos
que se manifiestan íntimamente unidos: (1) la atribución,
por parte del elemento determinante, de las propiedades que singularizan
al objeto determinado; (2) los límites que lo condicionan; y
(3) los nexos que gobiernan las relaciones entre lo determinante y lo
determinado. En cualquier caso, esta relación de determinación
posee un significado muy especial y complejo, irreductible a una relación
simple de causa-efecto, que es a lo que acabará reducida con
frecuencia en el marxismo." La sombra de Marx. Talasa, Madrid,
1993, p 176.
(4) BOTTOMORE, Tom. Diccionario del pensamiento
marxista.Tecnos, Madrid, 1984, p. 534.
(5) ELSTER, Jon. Una introducción
a Karl Marx. Siglo XXI, Madrid, 1991, p 110-111.Para Jon Elster, la
teoría de Marx es : <<Tanto una teoría empírica
de la historia como una filosofía especulativa de la historia.
La primera, conocida como materialismo histórico, es un conjunto
de generalizaciones macrosociológicas sobre las causas de la
estabilidad y el cambio en las sociedades. La otra, en gran medida de
inspiración hegeliana, ofrece un esquema para interpretar todos
los sucesos históricos en términos de su contribución
a la realización del fin de la historia, en los dos sentidos
del término. El comunismo es el objetivo de la historia y también
el punto en el que ésta se aquieta. Aunque puede haber desarrollo
y cambio en el comunismo, éste no conocerá transformaciones
cualitativas de la estructura social>>. Op. Cit. p 108.
(6) KOLAKOWSKI, L. Op. Cit. p 337. Este
autor, ve en Saint-Simon un precedente a la teoría de Marx. La
conclusión a la que llegó - dice - aunque no la elaborara
sistemáticamente, fue similar a la del materialismo histórico.
Esto es, que todo cambio político se debe a la evolución
de los instrumentos de la producción, y que la tecnología
actual requería el correspondiente cambio político. p
192.
(7) ELSTER, J. Op. Cit. p 126. Para este
autor el libro de COHEN, Gerald A. La Teoría de la historia de
Karl Marx. Una defensa. Siglo XXI, Madrid, 1986., supera todos los anteriores
tratamientos sobre el materialismo histórico. Ambos son representantes
del marxismo analítico anglosajón.
(8) Citado en HARVEY J. Kaye, Los historiadores
marxistas británicos, Universidad de Zaragoza, 1989, p.142 de
HOBSBAWM, E. New Stateman, 1979, p.154-5,
(9) DEL RIO, E. La sombra de Marx. Talasa,
Madrid, 1993, p 173-4. Tomo de Eugenio del Río el esquema.
(10) ENGELS,F. Del socialismo utópico
al socialismo científico. Moscú, Obras Escogidas, Progreso,
1978, t.III, p 107 y 139.
(11) Sobre este particular, resulta de
gran interés el ensayo de M. Sacristán. El trabajo científico
de Marx y su noción de ciencia. Op. Cit. p 317 y s.
(12) WEBER, Max. La ética protestante
y el espíritu del capitalismo. Península, Barcelona, 1979,
p 261-262. Weber trata en esta libro de corregir los excesos deterministas,
economicistas, de Marx, de la misma forma que éste trató
de corregir el exceso contrario propio de la concepción idealista
de la historia. Frente al monismo, o monocausalismo, en Weber encontramos
un principio de multicausalidad.
(13) FREUND, J. Sociología de
Max Weber. Península, Barcelona, 1967, p 121.
(14) GIDDENS, Anthony. El capitalismo
y la moderna teoría social. Labor, Barcelona, 1977, p 318. En
este interesante estudio, el autor expone las ideas sociológicas
de Marx, Durkheim y Weber, considerando algunos de los principales puntos
de divergencia entre las opiniones de Marx, por un lado, y las de los
otros dos autores, por otro.
(15) Sobre los factores de la revolución
en Marx, además del Manifiesto, El Prólogo del 59, ver
La ideología alemana. L´Eina, p 35-6, 38, 49, 60-2, 70-5.
(16) KOLAKOWSKI, Leszek. Op. Cit. p 373.
(17) SACRISTAN, M. Pacifismo, Ecología
y Política Alternativa. Icaria, Barcelona, 1987, p 105 y 125.
(18) Aun siendo central en la teoría
de Marx el concepto de clase, ni Marx ni Engels lo expusieron de una
forma sistemática. Los manuscritos que forman lo que se conoce
como Libro III de El Capital terminan sin concluir, justo, cuando Marx
abordaba el tratamiento conceptual de las clases sociales.Como señala
Anthony Giddens: <<en los escritos de Marx, el concepto de clase
se emplea libremente sin ofrecer una definición formal>>.
La estructura de clases en las sociedades avanzadas. Alianza Universidad,
Madrid, 1989, p 25-26.
(19) LAROQUE, Pierre. Las clases sociales.
Oikos-Tau, Barcelona, 1971, p 42. El ser humano, dice, no solo pertenece
a su clase. Es parte integrante de múltiples grupos sociales
que se interfieren con las clases sociales y cuya influencia es, a veces,
igual o superior.
(20) En el Manifiesto Comunista se presenta
la abolición de la propiedad privada como el resumen del comunismo.
En la Ideología alemana se dice que lo uno lleva necesariamente
a lo otro ( L´Eina, Barcelona, 1988, p 76). En el socialismo del
siglo XIX es unánime la consideración de la propiedad
privada como el foco de todos los males de la sociedad ( Morelly, Mably...),
y la convicción de que su eliminación traería la
igualdad.
(21) El cosmopolitismo que tiene sus
raíces en la Ilustración conlleva como aspecto débil
la no consideración de la dimensión comunitaria del ser
humano. Esta es una de las herencias menos reivindicables de la Ilustración.
El sueño de la Ilustración de un mundo sin prejuicios,
sin herencias, sin pasado, sin otras creencias y opiniones que las forjadas
en la Razón, a menudo, ha llevado a mirar con recelo las diferencias
culturales, nacionales o religiosas, considerándolas un perjuicio,
algo negativo a superar. La influencia de este aspecto en Marx y en
el marxismo de la II Internacional la estudia J. Villanueva en Lenin
y las naciones, edit. Revolución, Madrid, 1987. p. 27 y s.
(22) El desarrollo de las fuerzas productivas
ha llegado - dice Mario Gaviria - a producir una capacidad destructiva
tal que van en contra de la supervivencia de la Humanidad. Este problema
no estaba tan presente cuando Marx vivió. Marx era un desarrollista,
con una fe ciega en que el desarrollo de las fuerzas productivas liberaría
a la Humanidad. El sentido prometeico del hombre, dominador de la naturaleza,
que la humaniza, a la vez que él mismo se humaniza sometiéndola,
es un concepto esencial de su pensamiento. Para el Marx decimonónico
(...) sólo la abundancia permitiría la aplicación
del comunismo, a cada uno según sus necesidades, de cada uno
según sus capacidades. La abundancia conduce a la liberación.
Marx no fue ecologista, ensayo incluido en Cien años después
de Marx. Akal, Madrid, 1986, p 674 y s. . Se ha solido señalar
como elementos de sensibilidad ecológica en Marx, la oposición
a la afirmación lasalleana según la cual " El trabajo
es la fuente de toda riqueza y de toda cultura" por la de "
La naturaleza es la fuente de los valores de uso ni más ni menos
que el trabajo",en la Crítica al Programa de Gotha ( 1875),
así como el tratamiento de la renta agraria en el tomo III de
El Capital. Dado el saber ochocentista, no será fácil
ir más allá en este tipo de problemas, aunque Joan Martinez
Alier, en L´ecologisme i l´economia, Edicions 62, Barcelona,
1984, ha señalado que hacia la misma época la temática
ecologista estaba en primer plano en la obra de Clausius, Jevons y otros
autores ocupados también de cuestiones económicas, citado
por J.R. Capella en Los ciudadanos siervos, Trotta, Madrid, 1993, p.166.
Es interesante el artículo de M. Sacristán " Algunos
atisbos político-ecológicos en Marx", en Sobre ecologismo,
pacifismo y política alternativa, Icaria, Barcelona,1987.
(23) Para el pensamiento ilustrado, que
tanto influyó en Marx, la religión era una cosa del pasado,
una superstición, que estaba condenada a desaparecer con el desarrollo
de la nueva religión laica, intramundana: la fe en el Progreso,
la Razón, y la Ciencia. Marx realizó una crítica
reductora de la religión, tratándola de ideologia, falsa
conciencia, opio del pueblo. Pese a la función correctora y depuradora
que la crítica racionalista ilustrada, tanto en su primera fase
dieciochesca (Holbach), como la más refinada de los llamados
filósofos de la sospecha (Marx, Nietzsche y Freud) ha ejercido
en la religión cristiana occidental, ésta ha mostrado
una persistencia y capacidad de coexistencia con la ciencia que muestra
que la religión no se agota en esa función manipuladora,
función que por otra parte no es de su exclusiva propiedad, sino
que la encontramos en otras ideologías políticas y sociales.
A estas alturas frente aquel optimismo ilustrado sabemos que la religión,
lo religioso, es algo más extenso, variado, profundo y complejo
y ante el cual no caben posturas arrogantes, de superioridad ( ¿desde
dónde? ¿desde la ciencia?), sectarias ni simplificadoras
como son las que se dieron en los herederos de Marx, los cuales no sólo
no enderezaron tal concepción reductora , sino que en muchos
casos la agravaron. A la luz de los hechos podemos decir que si bien
la religión en Occidente pierde parte de sus funciones sociales
y no sale indemne del proceso de modernización, no desaparece,
sino que de alguna manera se cumple loque ya Durkheim dijera: la religión
está más llamada a transformarse que a desaparecer.
(24) MILL, J.S. Del Gobierno representativo.
p 185.
(25) MILL, J.S. Del Gobierno representativo.
p 185.
(26) Tanto marxistas, socialdemócratas,
como liberales europeos, en sus diversas líneas y representantes,
(salvo raras excepciones como la de los austro-marxistas Otto Bauer
y Karl Renner) nunca han entendido lo que ya Herder dijo en el siglo
XVIII, esto es, que entre las necesidades más elementales del
ser humano, no sólo está la de alimentarse, procrearse
o comunicarse, sino también la de pertenecer a un grupo. Siempre
partidarios de Estados multinacionales, convencidos de que cuanto más
grande e inclusiva sea la unidad política, tanto mejor y recelosos
de autodeterminaciones colectivas, nacionales, que no individuales,
contrarios al derecho de los pueblos a gobernarse a sí mismos,
a separarse de esas grandes o no tan grandes unidades políticas
si así lo desean.
(27) SHANIN, Teodor. El Marx tardío
y la vía rusa. Revolución, Madrid, 1990. El artículo
de Haruki Wada ofrece un análisis de la evolución del
pensamiento de Marx desde 1867, p 59-101.También Alvin Gouldner,
Op.Cit. p 254 y ss.
(28) Ibídem. p171-174.
(29) Ibídem.Correspondencia Marx-Zasulich.
Cartas y borradores. p 125-161.
(30) Ibídem. p 175-177.
(31) Ibídem. p 132.
(32) SACRISTAN, M. Op. Cit. p 109-110.
(33) GOULDNER, Alvin.Op. Cit. p 265.
(34) SKOCPOL, Theda. Los Estados y las
revoluciones sociales. F.C.E. México, 1984, p 450. En este interesante
análisis comparativo sobre las revoluciones en Francia, Rusia
y China, Skocpol señala tres principios analíticos que
le han resultado de utilidad en su estudio para explicar las revoluciones
desde arriba y desde abajo en los países agrarios en vías
de desarrollo: 1) una concepción no reduccionista de los Estados;
2)un análisis social y estructural de la situación del
campesinado dentro del antiguo y nuevo régimen( y, en el caso
de las revoluciones sociales desde abajo, en relación con la
dirección revolucionaria organizada); y 3) una especial atención
a la competencia militar internacional entre los Estados dentro de la
economía capitalista mundial históricamente en vías
de desarrollo.
(35) Correspondencia Marx-Engels, en
tres tomos, México,Cultura Popular, 1972, t.III, p 163.
(36) Ibídem. Carta a J. Bloch,
21 de septiembre de 1890; t.III, p 166-7.
(37) GOULDNER, Alvin. Op.Cit. p 267-8.
(38) KOLAkOWSKI,L. Op. Cit. p 368-369.