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¿Marx, hoy? ¿Qué Marx?

(publicado en pensamientocritico.org, junio 2018)

El bicentenario de Marx ha sido celebrado no solo en Tréveris, la ciudad natal de Marx, sino también en numerosas ciudades y localidades de todo el mundo. Con este motivo, se han multiplicado los balances sobre la vida y obra del pensador alemán, máximo teórico de la crítica al capitalismo.

El propio itinerario biográfico de Marx ha conocido en estos días un interés renovado. Por una parte, hacía pocos meses que se estrenaba en Europa “El joven Karl Marx”, el film del haitiano Raoul Peck, y, por otra, Penguin lanzaba hace apenas dos años Karl Marx. Greatness and Illusion (Karl Marx. Grandeza e ilusión), un volumen de 800 páginas del historiador de la Universidad de Cambridge Gareth Stedman Jones, cuya versión española acaba de ser editada por Taurus. Así mismo, el filósofo alemán Michael Heinrich que participa en el proyecto MEGA 2, un monumental esfuerzo internacional para la publicación de las obras completas de Marx y Engels, formado en la escuela del marxismo crítico de Elmar Altvater, anunciaba su ambiciosa biografía intelectual y política Karl Marx y el nacimiento de la sociedad moderna. Una obra que se dividirá en tres volúmenes, de los cuales el primero acaba de salir en Alemania con motivo del bicentenario y los otros dos volúmenes están previstos para 2020 y 2022.

Marx sin “ismos”

Marx ha sido objeto de numerosas biografías de todo tipo, desde aquella pionera de Franz Mehring en 1918 hasta la de David McLellan Karl Marx. Su vida y sus ideas, publicada en 1973, considerada, en un tiempo, como la mejor y la más original. Estos nuevos biógrafos se esfuerzan por restituir a Marx a sus coordenadas históricas. Un Marx sin “ismos” que diría Paco Fernández Buey, sin los ismos que se crearon en su nombre y contra su nombre. Un Marx sin beatería, más secularizado, menos sujetado a las experiencias políticas y los sistemas ideológicos del siglo XX. Como otros biógrafos, Gareth Stedman intenta separar a Marx del marxismo, de la aplicación que de él se haría en el siglo XX. “Marx, dice el historiador, no habría aprobado los Estados autoritarios que se declaraban socialistas. Marx creía en la emancipación humana y lo que ofrecían estos países era sólo una dictadura. Lenin y Stalin manipularon sus ideas, leyeron lo que les interesó y lo mezclaron todo”. El propósito declarado de Gareth Stedman es situarle en el contexto del pensamiento alemán y europeo del siglo XIX y entender qué ha sucedido con las distorsiones, dogmatismos y malas interpretaciones que le han seguido, porque los planteamientos del materialismo dialéctico, dice, están más relacionados con la lectura de Engels que con los escritos de Marx. Sostiene que “Karl Marx no hubiera aceptado la interpretación que se ha hecho de su obra” y que el marxismo fue un invento interesado que hicieron de sus trabajos tras su muerte los socialdemócratas alemanes y, sobre todo, Engels.

Michael Heinrich, por el contrario, ha venido sosteniendo hasta ahora que si bien históricamente hablando la popularización de las últimas obras de Engels, en particular su Anti-Dühring, constituyó el punto de partida para la construcción del “marxismo”, sería un reduccionismo hacer de Engels el “inventor” del marxismo. Fue sólo bajo la presión de Bebel y Liebknecht que Engels se enfrentó en la década de 1870 a las opiniones del profesor universitario alemán Eugen Dühring, quien ganaba cada vez más adeptos entre la socialdemocracia alemana. Ya que Dühring afirmaba haber conformado un nuevo “sistema” integral de filosofía, historia, economía y ciencias naturales, Engels tuvo que seguirlo a todas estas áreas, pero no sin hacer hincapié en el prólogo para la primera edición en que su texto “no puede tener la finalidad de oponer al “sistema” del señor Dühring otro sistema”. Advertencia que cayó en saco roto. Históricamente, el Anti-Dühring acabó convirtiéndose precisamente en el punto de partida para ese “sistema” que se hizo famoso con el nombre de marxismo1. En la misma línea de protesta contra el engelsianismo, identificado con la escolástica soviética, considerado el responsable del extremismo ideológico y de la trágica historia del comunismo del siglo XX, se levanta la biografía de Friedrich Engels de Tristram Hunt El gentleman comunista (Anagrama, 2011)2.

El problema con los intérpretes de Karl Marx ha sido siempre el de distinguir entre lo que dijo, lo que quería decir y lo que sus seguidores querían que hubiera dicho.

En mi opinión, separar a Marx del marxismo, con todos los problemas que entraña, es un intento complicado pero interesante siempre y cuando no se establezca una diferencia absoluta. Marx está en el marxismo o en los marxismos, seleccionado, simplificado, caricaturizado o tergiversado, más en unas corrientes y tradiciones que en otras y más en unas personalidades que en otras. Que Marx haya pretendido fundar una cosa llamada marxismo es más que dudoso, sus últimas exploraciones nos informan que no estaba entre sus preocupaciones y que tenía la mente puesta en otros problemas: sobre la evolución histórica de la renta de la tierra en distintas sociedades, la comuna rural rusa y los recientes estudios etnológicos y antropológicos que estaban apareciendo en Alemania, EEUU, Inglaterra y Rusia. Marx no definió a su obra como marxismo, esta tarea, la “promoción del marxismo”, le tocó a Engels. En buena medida, la invención.

A propósito de “Engels fundador del marxismo”

Recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo—esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado…” (carta a Sorge, 15 de marzo de 1883).

Lo que encontró Engels era, según el comentario sincero que le hizo a Kautsky, una criptografía propia de un jeroglífico. La parte publicada era sólo la punta de un iceberg, menos de un tercio de su obra, que emergía de una masa sumergida de manuscritos inéditos, apuntes, una abundante correspondencia con terceros, bocetos, notas, en suma, un verdadero continente compuesto con minúscula taquigrafía, que como le escribió a Bebel “nadie más que yo puede descifrar, ciertamente, y con grandes dificultades”. Dar forma a todo ello le llevó a Engels un trabajo de once años. Si ordenó y corrigió o no los materiales como Marx lo hubiera hecho es una cuestión que posteriormente ha sido largamente discutida.

La razón para que Marx no acabara El Capital, los manuscritos de los libros II, III y IV anunciados en el Libro I y de los que, al morir, había dicho que Engels “haría alguna cosa con ellos”, se debió probablemente a un conjunto de factores, además de un problema de salud -los últimos diez años fueron una lucha permanente contra la enfermedad-, a la actitud tan exigente hacia su trabajo, a su talante riguroso para asimilar aportaciones exteriores, para adaptarse a nuevas realidades y, sobre todo, a su imposibilidad de encontrar soluciones satisfactorias a problemas teóricos con los que estuvo luchando por resolverlos hasta su muerte.

McLellan explica la interrupción de la elaboración teórica de Marx exclusivamente por razones de salud3. Para Gareth Stedman la necesidad de enfrentarse a las dificultades teóricas que sus escritos le planteaban provocaba a Marx jaquecas, insomnio y las consabidas dolencias hepáticas, sin duda, dice, “sus dolencias eran genuinas, pero está claro que le dieron una cobertura para dilatar el momento en que debería ajustar cuentas consigo mismo”4. Para Eugenio del Río no es un problema fácil de explicar, hay razones de salud, de tiempo, de dudas acerca de algunas de sus concepciones. “En todo caso, dice del Río, si es seguro que hay un Marx que duda, también lo es que hay otro que no duda respecto al edificio teórico construido”5.

Son las ambigüedades, cambios y tensiones no resueltas en los escritos de Marx, lo que legitimará a los diversos marxismos en su pretensión de apoyarse en su obra. Marx cambió de opinión muchas veces, evolucionó a través de intensas lecturas y de la confrontación con los grandes acontecimientos de su época, inmerso en un mundo ya lejano del nuestro. Cuando escribió en el prólogo al primer volumen de El Capital, “bienvenido sea todo juicio crítico científico”, no era simplemente retórica. Marx era consciente de la provisionalidad y la falibilidad de las afirmaciones científicas. “De omnibus dubitandum” –“todo debe ser puesto en duda”– escribió como respuesta a la pregunta sobre el lema de su vida para un cuestionario de moda que su hija le había dado. La enorme masa de manuscritos que dejó inéditos y las numerosas modificaciones de textos ya publicados dan testimonio del hecho de que no excluía a su propio trabajo de esa duda.

En la última década estudia intensamente. Llena decenas de cuadernos en letra casi ilegible. Se interesa por una gran variedad de temas, entre los cuales destaca, en sus dos últimos años, la situación de Rusia (tras su muerte, Engels encontró dos metros cúbicos de estadísticas rusas entre sus papeles). El Capital es una obra inconclusa, fragmentaria, a la que le faltan partes importantes por elaborar de un vasto proyecto inicial y que acabará convirtiéndose, en manos de sus epígonos, en un texto sagrado y en la ingenua creencia de que en Marx estaba dicho todo y sobre todo y, por tanto, bastaba comprenderlo.

Como escribiera Sacristán acerca de muchos de los temas en discusión de su obra “no creo que esté clara la última palabra de Marx acerca de todas estas cosas que estamos discutiendo. Creo que, a pesar de la aspiración que siempre tuvo de producir obra muy terminada literariamente -lo cual es una de las causas de que dejara tanto manuscrito inédito-, Marx ha muerto sin completar su pensamiento, sin pacificarse consigo”6.

Engels tras la muerte de Marx, se ve enfrentado con la tarea de transmitir su obra a un número creciente de jóvenes socialistas con tendencia a vulgarizarlo, se ve obligado a aceptar y simplificar el paradigma primario, a disimular sus dificultades y a definir concisamente, en vez de evaluar críticamente, sus caracteres esenciales, para facilitar así su transmisión. Apremiado por los socialdemócratas alemanes y rusos, asumió no sin resistencia la tarea de divulgar, concluir y presentar como sistema acabado una teoría en realidad en proceso, abierta e inconclusa. El “ismo” en Marx nació fundamentalmente en las revistas de partido dirigidas por Kautsky y Bernstein, en la correspondencia de Engels con Bebel, en sus textos y prólogos, así como de las polémicas del propio Engels con fracciones, escuelas, críticos, socialistas de cátedra y populistas rusos.

Para el marxismo, que sucede inmediatamente a Marx, el de su yerno Paul Lafargue en Francia, el de Karl Kautsky en Alemania, o el de Plejánov en Rusia y del que Lenin heredaría la idea del marxismo como algo definitivo y completo, Marx no interesaba como un pensador que estaba constantemente aprendiendo y desarrollando sus concepciones teóricas, sino más bien como alguien que producía verdades acabadas –”el marxismo”.

El marxismo nació, se desarrolló, se profesionalizó en escuela y en ideología legitimadora de los Partidos Socialdemócratas y de un poder político, el de la Rusia soviética, cuando la obra de Marx no era aún accesible en su totalidad e incluso cuando importantes partes de su “corpus” estaban inéditas, como fue el caso de los Manuscritos económicos y filosóficos, La Ideología alemana, los Fundamentos de la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) y la Teoría sobre la plusvalía que no se publicarían hasta los años treinta y cuarenta7.

El marxismo se constituirá pues partiendo de un desconocimiento generalizado de la obra de Marx, dando pié a multiplicidad de interpretaciones y simplificaciones. A esto habría que añadir que la lectura de su obra era difícil lo que hacía que quienes la leían eran una muy reducida minoría. La mayor parte de los escritos de Marx son incomprensibles si se leen sin tener en consideración el contexto biográfico e histórico en el que fueron producidos.

¿Es Marx hoy relevante? ¿Qué Marx?

Marx fue un filósofo alemán, un humanista en el sentido renacentista, por la diversidad de temas y asuntos humanos que le interesaron, un analista económico, un historiador, un polemista político vigoroso, que simultaneó durante toda su vida la actividad teórica y el compromiso político.

Su obra es un compuesto de análisis social, que se quiere científico, y política. Pero, además, el tipo de análisis social de Marx influido por la idea de totalidad hegeliana, tiene una pretensión mas abarcadora que la que es normal hoy en las ciencias sociales y como política, Marx hace agitación, alienta la fe y hace profecías.

El fin de la guerra fría ha permitido que podamos leer a Marx de una manera menos partidista y prejuiciada, que nos separemos de las interpretaciones mediatizadas por el dogmatismo o la ortodoxia. En suma, que lo podamos estudiar en su totalidad, en sus errores, aportaciones, limitaciones y ambigüedades, sin canonizaciones.

No hay pensamiento humano que no sea deudor de su época, sin fisuras y contradicciones y que no conlleve una variedad de interpretaciones. En filosofía, economía y, en general, en ciencias sociales dos siglos es mucho tiempo para que alguien salga indemne de las transformaciones de todo tipo que han tenido lugar8.

El curso histórico ha desmentido algunas de sus teorías y predicciones, pero también ha revelado algún acierto teórico, algunas ideas originales -en el sentido, siempre relativo, en que se puede hablar de original en la historia de las ideas- y sugerencias valiosas.

El legado más positivo y original de Marx es su concepción de la historia, columna vertebral de su pensamiento, en especial su noción del papel desempeñado por el desarrollo tecnológico. Sin embargo, ya en vida de Marx hubo epígonos que distorsionaron esta concepción convirtiéndola en un mero determinismo económico y fue esa caricatura, que pretendía descifrarlo todo a partir de la acción de factores económicos lo que tuvo más éxito en el marxismo que se difunde a finales del siglo XIX con el nombre de materialismo histórico9. Si el enfoque peculiar de Marx, no la mala copia, se toma como una vía entre otras para aproximarse a las realidades históricas y sociales, puede resultar provechosa. Para Kolakowski, este denominado materialismo histórico: “es un principio heurístico valioso, que obliga al estudioso de conflictos y movimientos de todo tipo -políticos, sociales, intelectuales, religiosos y artísticos- a relacionar sus observaciones con los intereses materiales, incluidos los derivados de la lucha de clases (…) Si esto es obvio, es porque el marxismo lo ha hecho obvio (…) Reconocer dentro de unos límites la validez del materialismo histórico no es lo mismo que reconocer la verdad de que el marxismo es un “sistema” que lo explica todo”10.

Un gran pensador desarrolla y presenta nuevas ideas al mundo y por mucho que intente controlar su significado y uso no puede. En las manos de otras personas las ideas originales se transforman desarrollándose en direcciones y conceptos que poco o nada tienen que ver con el original. El marxismo de Marx no es una excepción.

Marx se presta a muchas interpretaciones. Es claro, por un lado, y ambiguo, por otro, y esta ambigüedad da pie a múltiples lecturas y, por tanto, a interminables disputas escolásticas. El marxismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, incorpora las ideas de Marx de forma selectiva, simplificando, exagerando y deformando esas ideas. Por otra parte, no se puede negar que Marx es, en alguna medida, responsable, por así decirlo, de las ideas hipersimplificadas y vulgarizadas que pueden defenderse mediante muchas citas de su obra, ahora bien, no podemos afirmar que el socialismo despótico que hemos conocido en el siglo XX es el socialismo pretendido por Marx. La versión leninista-estalinista-maoista del comunismo fue una interpretación posible, aunque no la única de la doctrina de Marx, lo que sería caer en el absurdo es decir que fue un resultado directo de la propia ideología. No obstante, el hecho de que los escritos de Marx fueran utilizados de esa forma no es irrelevante y nos debe llevar a preguntarnos qué hay en ellos para que fueran interpretados de esa manera. El comunismo del siglo XX surgió a partir de muchas circunstancias históricas, con la tradición marxista entre ellas y cambió radicalmente el mundo en una dirección que Marx ni siquiera llegó a imaginar. Ha sido mas bien un intento de poner en práctica las ideas que Marx expresó en forma filosófica sin unos claros principios de interpretación política11.

Aunque el marxismo ya no es “el horizonte intelectual de nuestra época” como quería Sartre, la nueva crisis mundial que estalló en 2008 vino a recordarnos que al menos el diagnóstico crítico de Marx sobre la dinámica de expansión del capitalismo con sus crisis periódicas y con su carga de miseria, exclusión y violencia sistémica, permanece vigente. Las reediciones de El Capital se reactivaron entonces en todo el globo mientras que el nuevo best-seller en materia económica que vino a mostrar la relación entre aumento de la tasa de acumulación del capital y crecimiento de la desigualdad, se titulaba justamente El Capital del siglo XXI (Piketty). Esto no significa que Marx ofrezca una solución a las dificultades económicas actuales.

En sus escritos económicos hay una investigación muy valiosa sobre el funcionamiento del capitalismo de su época, sus tendencias a la acumulación del capital, el funcionamiento del ciclo económico, su internacionalización; pero no encontramos en El capital ni una versión única de la crisis ni una visión de una caída final automática, puramente económica. Para que ello se diera debía concurrir el factor activo, subjetivo, consciente, el proletariado. Marx dejó su gran obra, El capital, sin acabarla. No creo que se pueda decir con rotundidad que esté clara su última palabra acerca de estas cosas. Marx nunca abandonó su fe en el final inevitable del capitalismo, pero en cuanto al modo y momento en que éste iba a producirse murió sin dar una respuesta técnica clara, como en otras cuestiones, sin completar su pensamiento. Así, aunque de otro modo, seguimos leyendo a Marx en el siglo XXI. Pero no para volver a Marx sino para ir más allá de Marx.

Marx es una figura intelectual sobresaliente y políticamente comprometida de una época histórica pasada, la de la Revolución francesa, la Comuna de Paris, la filosofía de Hegel, de la primera industrialización inglesa y de la economía política que emanó de ella. Hoy habitamos en un mundo más globalizado, plural, complejo y dinámico, muy distinto al de finales del siglo XIX, y para comprenderlo, Marx, a excepción de algunas ideas e inspiraciones que he comentado, poco puede ayudarnos en ello. Más que citar a Marx, de la misma manera que los escolásticos citaban a Aristóteles o la Biblia, nos ayudaría poder contar con su talento para interrogar el mundo, su voluntad y capacidad de conocer, con el fin de abrir nuevos espacios para el pensamiento y la acción. Como le dijo Engels al socialdemócrata ruso Voden en una de sus visitas en las que este le apremiaba para que publicara lo antes posible todos los escritos de Marx: “preferiría que los militantes, rusos o no, acabaran por una vez de ir buscando citas de Marx [y de él mismo], y que en lugar de ello pensaran tal como Marx hubiera pensado en su lugar”.

Mayo, 2018


1Michael Heinrich, “Je ne suis pas marxiste” (online 06/09/2016). También, Francisco Fernández Buey, “De la polémica al sistema” en Engels y el marxismo, Fundación de Investigaciones Marxistas, Madrid, 1994, pp.73-85. Engels aceptó la tarea de escribir el Anti-Dühring como un sacrificio. Así se quejaba en una carta a Marx el 28 de mayo de 1876: “Tú lo has dicho muy bien. Puedes quedarte en el cálido lecho, ocuparte de las relaciones agrarias rusas en particular y de la renta territorial en general: nada te lo impide. Y, mientras, yo debo sentarme en el duro banco y hartarme de vino frío, interrumpirlo todo de golpe y ajustar cuentas con ese pesado de Dühring. No queda más remedio que obrar así, aunque voy a verme metido en una polémica cuyo fin no es posible prever en absoluto; pero si no lo hago, ni yo mismo estaré tranquilo”. Por otra parte, el hecho de que Marx se comprometiera a escribir la parte de la crítica a Dühring dedicado a la historia de las teorías económicas acabó de convencer a Engels de la necesidad de hacer el sacrificio. En el prólogo a la segunda edición del libro Engels asegura que sometió el manuscrito a la aprobación de Marx.

2Antes de 1914 Engels gozó de gran reputación. Fue, en mayor medida que Marx, responsable de la difusión del marxismo dentro del movimiento socialista como un saber sistemático que prometía respuestas a todas las cuestiones de filosofía, de ciencias naturales y ciencias sociales. Sin embargo, después de 1914 y de la revolución rusa, se cuestionó más su posición. Dos obras escritas por Engels, en vida de Marx, serán la prueba de las mayores acusaciones, las observaciones hechas por Engels en la Dialéctica de la Naturaleza y La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, esta última con la participación de Marx y considerada la obra fundacional del marxismo. Las diferencias entre Engels y Marx se convirtieron en objeto de disputa en los marxismos posteriores. Engels pasó a ser el responsable de la vulgarización del marxismo, y de sus formulaciones mas deterministas, economicistas o cientifistas. Algunos autores, como Maximilien Rubel, destacaron de forma extrema esta diferenciación entre uno y otro (“La leyenda de Marx o Engels como fundador (1972)”, recogido en Marx sin mito, Octaedro, Barcelona, 2003, pp. 31-36). Por mi parte, me identifico con los que, sin negarlas, matizan estas diferenciaciones en, “¿Engels contra Marx?”, en La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997, pp.28-32.

3McLellan, David, Karl Marx. Su vida y sus ideas, Crítica, Barcelona, 1983, p.489

4Gareth Stedman, Jones, Karl Marx. Ilusión y grandeza, Taurus, Madrid, 2018, pp.616-618

5Río, Eugenio del, La sombra de Marx, Talasa, Madrid, 1993, pp.77-78

6Sacristán, Manuel, Pacifismo, Ecología y Política Alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp.109-110

7Hoy es el día en que aún no existe una edición crítica completa en lengua alemana de sus obras. En 1921, David Riazánov fundó en Moscú el Instituto Marx-Engels donde, al año siguiente, inició un ambicioso proyecto: la publicación de las Marx-Engels Gesamtausgabe, las obras completas de Marx y Engels en 42 volúmenes (lo que se conoce como “primera MEGA”). Sin embargo, Stalin, en una de sus purgas, fusiló a Riazánov y paralizó el proyecto. Hubo que esperar a mediados de la década de 1970 para que, tras el deshielo, en la República Democrática Alemana se volviera a plantear una iniciativa de edición filológicamente rigurosa de los textos originales de Marx. Pero, de nuevo, la historia volvió a inmiscuirse. La implosión del bloque socialista interrumpió el proceso de publicación, que se reanudó a finales de la década de 1990 gracias al esfuerzo coordinado de institutos de investigación de Alemania, Holanda y Rusia. El proyecto, conocido como “segunda MEGA”, es una obra editorial monumental que se espera alcance los 115 volúmenes -62 ya han sido producidos- y concluya el año 2025.

8Para Simone Weil, los problemas con los que se ha encontrado el marxismo no se deben fundamentalmente a los cambios históricos: “En mi opinión, no son los acontecimientos los que imponen una revisión del marxismo, es la doctrina de Marx la que, en razón de las lagunas e incoherencias que encierra, está y lo ha estado siempre muy por debajo del papel que se le ha querido hacer desempeñar; lo que no significa que se haya elaborado entonces o después algo mejor” (Sobre las contradicciones del marxismo (I), proyecto de artículo, 1937, extraído de Escritos Históricos y Políticos, Trotta, 2007).

9“Cuando Marx afirma que el modo de producción de la vida material determina el proceso social -comenta Eugenio del Río- está empleando determina en un sentido hegeliano para referirse simultáneamente a tres aspectos que se manifiestan íntimamente unidos: (1) la atribución, por parte del elemento determinante, de las propiedades que singularizan al objeto determinado; (2) los límites que lo condicionan; y (3) los nexos que gobiernan las relaciones entre lo determinante y lo determinado. En cualquier caso, esta relación de determinación posee un significado muy especial y complejo, irreductible a una relación simple de causa-efecto, que es a lo que acabará reducida con frecuencia en el marxismo”. La sombra de Marx. Talasa, Madrid, 1993, p 176.

10Kolakowski, Leszek, Las principales corrientes del marxismo I Los fundadores. Alianza Universidad, Madrid, 1985, pp.368-369

11Kolakowski, L, op.cit.,1985, p.417

Las reformas estructurales de Raúl Castro y los retos que hereda Díaz-Canel.

Las reformas estructurales de Raúl Castro a partir de 2007 y los retos que hereda Díaz-Canel.

Kepa Bilbao Ariztimuño

(publicado en pensamientocritico.org, mayo 2018)

La evolución de la economía cubana a lo largo de estas casi 6 décadas no ha sido lineal, no ha discurrido por una vía única, ha sido más bien un proceso zigzagueante, lleno de saltos adelante y retrocesos, ciclos más “idealistas” y otros más “pragmáticos”.

Cada vez que la economía amenazaba con colapsar, el Gobierno y el Partido Comunista acudían a ciertas palancas del mercado. Así sucedió a mediados de la década del 70, durante el “Período Especial” en los años 90 y en la actualidad, en la que su papel está tomando un impulso creciente.

La ayuda soviética sostuvo, a la vez que apuntaló, un sistema productivo especializado, desequilibrado y generador de ingresos insuficientes para costear la política distributiva. La economía cubana ha sido una economía subsidiada por la URSS. Entre 1960 y 1990 se calcula que Cuba recibió 65.000 millones de dólares de la Unión Soviética, dos tercios de los cuales no era reembolsable.

Desde los 90, tras la disolución de la URSS y el campo socialista primero, y, posteriormente, la pérdida del sostén que supuso Venezuela hasta la muerte de Hugo Chávez y el deterioro de la economía venezolana1, las reformas económicas han venido buscando una reintegración paulatina de Cuba al mercado occidental. Un largo y lento proceso que viene durando más de veinte años.

Las reformas estructurales de Raúl Castro

Raúl Castro heredó en agosto de 2006 una economía en deterioro y, a fin de enfrentar estos problemas impulsó unas reformas que abrieron la puerta a cosas hasta entonces vetadas a los habitantes de la isla, como la apertura de pequeños negocios privados, los servicios gastronómicos y el transporte de pasajeros; la entrega en usufructo, tras solicitud previa, de parte de las numerosas tierras abandonadas a lo largo del país; el alquiler de habitaciones para turistas; comprar y vender viviendas y coches; viajar al extranjero; alojarse en hoteles (reservados hasta entonces a los turistas internacionales); la eliminación de las limitaciones para que los nacionales pudieran contratar una línea de teléfono móvil; la venta directa en tiendas estatales de diversos equipos que no se comercializaban a ciudadanos particulares, tales como computadoras, hornos, microondas y reproductores de DVD. Pero las reformas más importantes son las calificadas por Raúl en 2007 como “estructurales” porque modifican en distinta forma y magnitud aspectos del sistema económico.

Unas reformas orientadas hacia el mercado, las más importantes del periodo revolucionario aunque distan mucho de las sino-vietnamitas. Con ellas -recalcan sus dirigentes- no se trata de transformar el modelo sino de “actualizarlo”.

En 2010, el Gobierno informó de que había excesivo empleo excedente o innecesario en el sector estatal que había que despedir para ahorrar recursos, mejorar la productividad laboral y aumentar los salarios; se estimó el número de excedentes para ser eliminados en 2015 en 1,8 millones.

Para dar salida a este excedente había que expandir el sector “no estatal” (SNE) y ampliar sustancialmente las licencias para el trabajo por cuenta propia.

Lo conforman cuatro grupos principales:

1) trabajadores por cuenta propia (autónomos),

(496.400 trabajadores por cuenta propia –TCP– generalmente dueños de su micronegocio, nunca pasaron de 145.000).

2) usufructuarios,

(312.296 granjeros usufructuarios a los que el gobierno reteniendo la propiedad cede, mediante contratos de 10 años, hoy de veinte, la explotación de parcelas pequeñas. Estos, una vez cumplido el acopio, venta al Estado por debajo del precio de mercado, pueden vender el excedente a precio de mercado.

3) socios de nuevas cooperativas,

(5.500 socios de cooperativas de producción no agrícola y de servicios –CNAS– a las cuales el gobierno renta edificios y equipos también por diez años).

4) compradores-vendedores de viviendas privadas,

(Unos 200.000 compradores o vendedores de viviendas privadas, la compraventa estaba prohibida desde 1960).

El número de trabajadores no estatales en 2015 era del orden del 29%, más de un millón, casi un tercio de la fuerza laboral (el doble que en 2009).

La morfología del sector no estatal: joven (41 años) para una población avejentada, blanco, bien formado y hombre. Una vía por la que se acrecentaran y reproducirán desigualdades.

Derroche de recursos humanos.

Los trabajadores por cuenta propia están básicamente confinados a ocupaciones de baja cualificación. Hay 201 actividades aprobadas, por ejemplo, aguadores, barberos, payasos y animadores culturales, cuidadores de baños, cerrajeros, electricistas, carretilleros, vendedores de frutas y hortalizas. Entre las actividades cualificadas -que no llegan ni a diez- están agentes de seguros e inmobiliarios, traductores y tenedores de libros. Además el trabajo por cuenta propia está vedado a los profesionales universitarios. Un médico no puede ejercer como tal, tampoco un arquitecto, hay una necesidad de arquitectos privados pero legalmente ellos no pueden trabajar por cuenta propia aunque parece que lo hacen de manera oculta. El pobrísimo salario medio en el sector estatal que ajustado al índice de precios al consumidor está hoy un 61 por ciento por debajo del nivel de 1989 –casi tres décadas después– fuerza a que profesionales trabajen como chóferes de taxis o sean dueños de paladares.

El ingreso promedio en el sector no estatal es superior al salario medio mensual en el sector estatal que, al cambio oficial, equivale a veinticinco dólares.

El avance de este sector, a día de hoy, ha sido insuficiente para generar efectos macroeconómicos tangibles debido a los escollos que enfrenta:

escasez de insumos (semillas, fertilizantes, cocinas, refrigeradores, materiales de construcción), altos precios, fuertes restricciones, trabas burocráticas, múltiples y pesados impuestos, poco acceso y altos costos de internet para anunciarse2.

El reto pendiente de extender internet

Un obstáculo al desarrollo. Cuba sigue siendo uno de los países del mundo con una más baja penetración de internet. En la mayor parte del país la red solo está disponible en unos puntos Wifi de acceso público en la calle y es muy cara y lenta. Con un salario mensual que en la mayoría de los casos no supera los 20 ó 30 dólares mensuales, el dólar y pico que cuesta una hora de conexión supone un esfuerzo que pocos pueden permitirse. Se estima que apenas un 5% de los cubanos tiene internet en su casa. Los cubanos todavía aguardan por el servicio de acceso a internet desde los móviles y que se desbloqueen los sitios censurados que el gobierno considera inadecuados, entre ellos muchos de los promovidos por la oposición.

Impuestos

Los impuestos son muchos, variados y muy altos. A diferencia de un extranjero que va a invertir millones -y por supuesto recuperarlos- que le dan hasta 8 años libres de impuestos sobre la ganancia, a un cuentapropista (autónomo) que trata de sobrevivir le ponen a veces impuestos del 59% sobre la ganancia.

Entre los impuestos a los trabajadores por cuenta propia se encuentran:

-el impuesto mensual sobre ingresos,

-por seguridad social,

-a las ventas,

-al ingreso anual cuando la suma de los pagos mensuales queda por debajo de un monto establecido.

-y un impuesto curioso, por decir algo, a la fuerza laboral. Este impuesto a la fuerza de trabajo aumenta con el número de empleados, lo que es contraproducente porque penaliza a los que generan más empleo.

¿Va Cuba hacia una economía de cuentapropistas?

La mayoría de los economistas no afines al gobierno consideran que la transformación económica de la isla no vendrá por el desarrollo de esta vía, con ser importante, requiere de la transformación del sector productivo en manos del Estado, de un proceso de descentralización de las empresas estatales. En esta discusión, dejando a un lado a los más inmovilistas, entre los expertos, los economistas nacionales y otros “científicos” sociales, afloran distintas opiniones, entre crear un modelo propio o seguir los caminos “exitosos” de China o Vietnam. Al respecto, Mesa Lago destaca el atractivo que pueden tener estos modelos para la dirigencia cubana, ya que combinan dinamismo económico con control político y, aunque parece mostrar cierta inclinación a favor de las ventajas del modelo vietnamita, no deja de advertir que a pesar de las semejanzas, también existen considerables diferencias entre esos países y Cuba (especialmente con China), lo cual requeriría ciertos ajustes al contexto cubano3. Mesa-Lago no descarta que se transite de un mercado interno limitado, basado en el pequeño negocio, las remesas, a un mercado interno parecido al chino o al vietnamita con pequeña y mediana empresa con capital nacional.

Sistema de doble moneda.

En Cuba hay dos monedas circulando: el peso nacional (CUP), en la que el Estado paga los salarios de los trabajadores, y el CUC o Peso Cubano Convertible, un poco mayor que un dólar, equivalente a 25 CUP, y que es el que usan las empresas estatales, aunque no se usa en transacciones en el mercado internacional. Raúl Castro ha intentado unificar ambas monedas por las distorsiones económicas que provocan, especialmente en el sector empresarial estatal, que se beneficia de una tasa de cambio irreal. Se viene hablando de su unificación desde hace años, pero tampoco esa es una misión sencilla. Unificar dos monedas de valor tan diferente provocaría, entre otros problemas, un aumento de los precios.

Aunque en Cuba servicios como la educación y la sanidad son gratuitos, los cubanos que trabajan para el Estado (aproximadamente el 75% de la población) perciben su salario en pesos cubanos, mientras que los productos que adquieren en tiendas y supermercados se venden en CUC, con lo que su poder adquisitivo se resiente enormemente.

Envejecimiento de la población

Cuba tiene la tasa de natalidad más baja de Latinoamérica desde los años setenta, y una emigración neta, de toda la gente que se va. Una población avejentada, el segundo después de Uruguay y para 2025 se pronostica que sea el primero, teniendo el 20% más de 64 años. Eventualmente habrá un problema de mano de obra. Ese envejecimiento impacta en todo: sanidad, pensiones…

Las reformas estructurales han tenido efectos adversos en los indicadores sociales.

En los ciclos pragmáticos, como el que se encuentra hoy Cuba, hay una reducción en el gasto social en educación, salud, pensiones, asistencia social y vivienda, y que como ha afirmado en varias ocasiones Raúl Castro, son gastos tan grandes que resultan insostenibles financieramente.

Entre 2008 y 2015 la asignación a estos servicios sociales decreció de 55% a 47% del presupuesto y de 37% al 28% del PIB.

El Salario medio

Ha sido elevado desde los 414 (16,5 dólares) hasta los 740 pesos (29,6 dólares). No se puede sobrevivir con ese sueldo. Si no se recibe remesa del exterior o se trabaja en el sector privado es muy difícil subsistir, y eso explica el robo de bienes en el trabajo estatal, como dicen ellos: para “resolver”. Si yo trabajo en una empresa estatal, en donde yo hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan, yo me robo las cosas… Hay, como dicen, una economía por la izquierda.

La libreta de racionamiento

Durante más de medio siglo, desde el embargo en 1963, los cubanos residentes en la Isla han recibido una «cuota» mensual de alimentos a precios subsidiados. Sin embargo, en los últimos años se ha ido reduciendo el número de productos a poco más que azúcar, arroz, frijoles, huevos, pollo, aceite y café en pequeñas cantidades que no suplen ni siquiera las necesidades de diez días. Las familias tienen que acudir a las tiendas en divisas y a mercados en los que rige la ley de la oferta y la demanda para completar su canasta. Los cubanos se quejan de que escasean las ofertas y de la constante inestabilidad de los productos, además de los altos precios.

Al año son más de 1.000 millones de dólares en este subsidio de alimentación para 11,2 millones de habitantes. En 2011 Raúl Castro justificó la eliminación gradual de la libreta porque además de ser «una carga insoportable» para el Estado, desalienta el trabajo y genera «ilegalidades». Lo achacó a la herencia del paternalismo soviético. Aunque el sistema de distribución racionado tiene cada vez menos productos, una buena parte de la población depende de ese apoyo para sobrevivir debido a los bajos salarios. Hoy el poder de compra real de los cubanos equivale apenas al 51,1% del que tenían a finales de los años 1980, antes del Período Especial.

Pensión de jubilación

En torno a los 7/10 dólares, es el sector más vulnerable dentro de los grupos de pobreza en Cuba. Raúl reformó la Ley de Seguridad Social y elevó en cinco años la edad de jubilación, a 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Además, recortó el número de pensionistas y eliminó buena parte de las prebendas adicionales, como vacaciones en casas en la playa o bolsas con alimentos y productos de aseo que recibían miles de empleados estatales. Los jubilados, por lo general, dependen de las remesas del exterior o de la ayuda de la familia. De lo contrario se les hace difícil sobrevivir pues las bajas pensiones no alcanzan. Hay muchos de ellos que trabajan, por ejemplo, vendiendo cosas en las calles. La pensión media en 2008-2015 era la mitad que en 1989.

Otro tema grave es que ha habido una caída drástica de la asistencia social, tanto en términos de números de personas que reciben asistencia social como en términos de presupuesto. La asignación a la asistencia social disminuyó de 2,1% del presupuesto a 0,4%.

También en salud ha habido un recorte fuerte: se han cerrado hospitales rurales, los médicos de familia han disminuido a la mitad. El número de hospitales ha bajado en un 32% en los diez últimos años. Muchos de los pacientes han sido trasladados a otros centros de salud alejados de sus comunidades. El personal de la salud ha disminuido en un 22% y programas con los que Cuba tuvo un gran éxito en el pasado, como los médicos de la familia, hoy solo tienen un 40% de la plantilla cubierta. El acceso y la calidad de los servicios de salud han disminuido y hay una severa escasez de medicamentos.

Reducción sector educativo

El Gobierno ha reducido también su inversión en el sector educativo, del 14,1% del PIB a un 10,2% en 2015. El déficit crónico de maestros no se ha resuelto a pesar de los aumentos salariales. Al comenzar el curso escolar 2017-2018 ascendía a 16.000 puestos vacantes. Además, el Gobierno ha tenido que reconocer el deterioro de varios indicadores, como la ortografía y el nivel en ciencias y matemáticas.

La matrícula general ha disminuido drásticamente desde el inicio del siglo:

-un 78% en la educación universitaria,

-un 19% en la primaria

-y un 32% en la preuniversitaria.

Muchos jóvenes no quieren seguir estudiando para unas carreras que les ofrecen salarios miserables. Falta una estrategia de educación a largo plazo. Un maestro tiene cada vez más oportunidades de trabajar en el sector privado, vender comida, poner un paladar, o sacar licencia de repasador: el aliciente para el maestro de salirse del empleo estatal es muy grande.

También está el problema de la “ideologización” de la enseñanza.

La construcción de viviendas cayó de 44.775 a 23.003 entre 2008 y 2015. Por décadas en Cuba estuvo prohibida la compraventa de casas, además se limitó la construcción privada y se suprimió el arriendo de viviendas. En 2011 Raúl Castro sorprendió a la nación con una de sus medidas de mayor calado social: la apertura al mercado inmobiliario, un paso importante en un país con 3.824.000 casas, de las cuales el 39% está en un estado regular o malo, según el censo de 2012.

Cuba nunca ha publicado estadísticas sobre distribución del ingreso, pero otros indicadores sugieren que se colocaba a la cabeza de la región en igualdad; las reformas han cambiado diametralmente la situación, debido a un grupo no estatal con altos ingresos y la caída en el salario estatal

Las remesas han sido estimadas en más de 3.000 millones de dólares anuales, a eso habría que añadir el envío de ropas, alimentos y medicinas por un valor de 1.500 millones.

Fin del permiso de salida

En enero de 2013 Castro eliminó el permiso de salida del país y permitió que los nacionales viajaran libremente. Desde entonces más de 779.000 cubanos han salido de viaje, de ellos el 79% por primera vez, según cifras oficiales. La eliminación de las trabas para abandonar la Isla propició una nueva crisis migratoria y en siete años hasta el fin de la política pies secos/pies mojados en 2017, Estados Unidos acogió a más de 235.000 cubanos. Las autoridades, sin embargo, mantuvieron la prohibición de entrada a la Isla a los nacionales residentes en otro país que hubieran mantenido una actitud públicamente crítica con el Gobierno. Además, cientos de activistas y líderes de la oposición no han podido viajar al extranjero bajo el argumento de estar «regulados».

Renegociación de la deuda externa y condonaciones

Entre 2013 y 2016 Cuba renegoció su vieja deuda externa, sin pagar desde que Fidel Castro impulsó a los países en desarrollo a dejar de lado sus obligaciones crediticias en los años 80. Raúl Castro logró la condonación del 90% de la deuda que Cuba adquirió en tiempo de la Unión Soviética y seguía debiendo a Rusia.

Después de una negociación, la deuda de 8.500 millones con el Club de París fue reducida a 2.600 millones de dólares pagables a 18 años. México condonó el 70% de los 487 millones de dólares que había prestado a la Isla y Japón le perdonó casi 1.000 millones de dólares de una antigua deuda en 2014. Vietnam y China también le perdonaron parte de la deuda por unos montos que no han trascendido.

La tasa de crecimiento económico

Fue de 12% en 2006, en buena medida por el apoyo económico venezolano, ha ido desde entonces a la baja: 4,4% en 2015 y -0,9% en 2016. El segundo semestre de 2017 fue especialmente complicado debido a los impactos del huracán Irma y como consecuencia de las nuevas medidas restrictivas anunciadas por el gobierno estadounidense. A ello se suma la decisión del gobierno cubano de congelar (temporalmente) la emisión de licencias al sector privado. El ministro de Finanzas y Planificación, Ricardo Cabrisas, hizo balance de 2017 diciendo que había sido un año «tenso y complejo». Ante la Asamblea Nacional sorprendió con el anunció de que el PIB creció un 1,6% interanual. Raúl Castro animó entonces a los cubanos a mirar al futuro «con total confianza» y reconoció «errores e insuficiencias» en la puesta en práctica de las reformas.

Para 2018 el gobierno ha planteado un plan de crecimiento económico del 1,5% de aumento del PIB que la mayor parte de los estudiosos de la economía cubana no afines al Gobierno no dan crédito, les parece una cifra optimista al no tomar en consideración apropiadamente la complejidad del escenario macro-financiero.

El economista de la Universidad de La Habana, Pavel Vidal, afirma que la transición cubana ocurre en momentos de muy bajo crecimiento y hasta recesión. Considera que la crisis económica es resultado de la profunda recesión que vive Venezuela, el principal socio comercial de la isla, y de la falta de liquidez del sistema financiero cubano para asegurar las importaciones de insumos que requiere el aparato productivo. “En términos de crecimiento y de finanzas, la economía está en una situación muy vulnerable y esto se va a prolongar al menos por dos años más”, señala Pavel Vidal, quien en febrero publicó el ensayo ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional?4.

El escenario macro-financiero e internacional

No va a ser nada favorable para el nuevo gobierno. Además de la crisis venezolana, se mantiene el embargo estadounidense y la administración Trump ha retomado la vieja y fracasada retórica. En noviembre pasado entraron en vigor una serie de medidas que imponen restricciones adicionales a las inversiones en la isla, entre ellas la prohibición a empresas estadounidenses de hacer transacciones con el Grupo de Administración Empresarial, S.A. (Gaesa), el mayor consorcio comercial, industrial y de servicios del país, el cual es manejado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Trump también puso nuevas trabas a los viajes de estadounidenses a Cuba, lo que afectó el turismo durante las semanas finales del 2017 pero no impidió al país llegar a 4.7 millones de visitantes, un 6.4 por ciento más que en 2016. El turismo, que genera ingresos por unos 3.000 millones de dólares al año, y las remesas familiares, que ascendieron a unos 2.500 millones de dólares en 2017, son dos colchones que han permitido paliar a cientos de miles de cubanos los efectos de la desaceleración económica.

Los retos de Díaz-Canel

El reto en términos de políticas públicas del nuevo gobierno cubano presidido por Díaz-Canel será mantener las políticas sociales históricas de la revolución. Estamos hablando de un Estado que destina más de la mitad de su presupuesto a derechos sociales, salud, educación, vivienda, seguridad…una cobertura de derechos sociales como no ha existido en otro país latinoamericano. Esto corre el riesgo, si no de perderse, de verse afectado por las reformas y, de hecho, ya está sucediendo. El avance de Cuba hacia la lógica del mercado ha producido un elemento nuevo, el aumento de la desigualdad social, y por primera vez aparece en Cuba una pequeña minoría de ricos, algo que podría llamarse clase media y comienza, así mismo, a verse pobreza e incluso extrema pobreza. Aquella sociedad igualitaria, muy homogénea, que hubo, por el subsidio soviético, construida en los setenta y los ochenta, no existe ya en Cuba. Esto es algo que empiezan a reconocerlo los propios economistas de la isla que van proporcionando la información de cómo avanza la desigualdad. Esto está en sintonía con la llamada del anterior Gobierno de Raúl Castro a abandonar el igualitarismo, a aceptar que en la lógica del mercado tienen que producirse diferencias sociales. Si hay una expansión de la población vulnerable -por no decir pobre- en vez de reducirse la asistencia social deberá extenderse.

Para paliar los efectos adversos de las reformas estructurales debe haber una red mínima de protección social. Este es el gran desafío del Estado. En lo inmediato, Díaz-Canel tiene ante sí el reto de lo que se podrían llamar las tareas pendientes de Raúl Castro: la reforma de la Constitución, pero con unas líneas rojas muy claras ya anunciadas que no podrá traspasar, se mantendrá el papel del Partido Comunista “como dirigente en la sociedad cubana” y el socialismo continuará siendo “irrevocable”; eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, que «continúa dando serios dolores de cabeza»; aumentar el bajo salario, asegurar la alimentación y mejorar las condiciones de vida de la población; hacer frente al grave problema del envejecimiento con políticas que eleven de manera efectiva la natalidad; sanear el sector estatal de la corrupción y la falta de eficiencia; reanudar la concesión de las licencias para el sector privado, paralizadas la mayoría desde agosto del año pasado, e “implantar” las cooperativas no agropecuarias, para liberar al Estado de la carga que suponen las «actividades no estratégicas».

La pregunta es si estas reformas económicas van a favorecer una reforma del sistema político. Puede que sí, que tal vez lo veamos en los próximos años mientras se consolida la nueva coyuntura. Lo que es claro es que las demandas políticas se moverán dentro y fuera de la isla con mayor intensidad. Se acrecentará la lucha entre reformistas e inmovilistas, la lucha por la democratización y autonomización de la sociedad civil, dentro y fuera del gobierno.

Desde la promulgación de la Constitución socialista de 1976 hasta la fecha, la libertad de expresión, prensa, reunión, manifestación y asociación se subordina a «los fines del Estado Socialista», lo que en la práctica los limita. En Cuba están prohibidos los partidos políticos y a los candidatos a las Asambleas del Poder Popular no se les permite hacer propaganda o presentar programas de gobierno. Gracias a las nuevas tecnologías han surgido desde la Isla espacios digitales independientes, como Periodismo de Barrio, El Toque, El Estornudo o 14ymedio, pero el Gobierno no reconoce la libertad de prensa y a menudo arrestan y amenazan a los comunicadores. Muchos portales críticos con el sistema permanecen bloqueados en los servidores nacionales. Abrir a la apertura política la existencia de otros partidos y de medios de prensa fuera del control del Partido Comunista puede que aún esté lejano.

Ahora bien, independientemente de las opciones que maneje el Gobierno, habrá dos cuestiones que serán ineludibles en cualquier tipo de reforma política. Una es una nueva ley de asociaciones civiles independientes del Estado adaptadas a la constitución y a la ley penal, el otro tema es el de la ley electoral y la representación política de los opositores.

                                                                             21-04-2018


1 El volumen comercial con Venezuela cayó notablemente (del 42% al 27% en 2015) y el suministro de petróleo pasó de 105.000 barriles diarios a 55.000 barriles. Cuba vendía una parte de ese petróleo en el mercado mundial, y era un ingreso importante que también cayó a la mitad. El tercer ingreso que cayó es el más importante: la venta de servicios profesionales (médicos, enfermeras, maestros), que pasó de 11.000 millones de dólares en 2013 a 7.000 millones en el 15 y ha seguido bajando. En 2015 el crecimiento del PIB fue del 4,4%. En 2016, fue del -0,9%. El Gobierno dijo que obtuvo alrededor de 4.000 millones de dólares procedente del turismo, pero Mesa-Lago considera que la cifra real es “mucho menor” teniendo en cuenta que tienen que importar todos los bienes y mercancías para el sector, un dato que, dice, no publican (Mesa-Lago, el País, junio, 2007).

2 Voces de cambio en el sector no estatal cubano. Cuentapropistas, usufructuarios, socios de cooperativas y compraventa de viviendas. Carmelo Mesa-Lago, (coord.) ; Roberto Veiga González, Lenier González Mederos, Sofía Vera Rojas, Aníbal Pérez-Liñán, edit. Iberoamérica (2016).

Joseba Macías, Cambios en la dirigencia de la Revolución. De Fidel Castro a Raúl Castro (2007-2010), pp. 126-149, en La sociedad civil en la Revolución cubana (1959-2012) – Bilbao: Universidad del País Vasco. Tesis doctoral.

3Carmelo Mesa-Lago, Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos, Madrid, Colibrí, 2012

4Pavel Vidal ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional? http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/files/serve?File_id=7d0db439-acdb-491f-9b47-9ce53ef55ceb

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