Archivo de la categoría: Marxismo

¿Marx, hoy? ¿Qué Marx?

(publicado en pensamientocritico.org, junio 2018)

El bicentenario de Marx ha sido celebrado no solo en Tréveris, la ciudad natal de Marx, sino también en numerosas ciudades y localidades de todo el mundo. Con este motivo, se han multiplicado los balances sobre la vida y obra del pensador alemán, máximo teórico de la crítica al capitalismo.

El propio itinerario biográfico de Marx ha conocido en estos días un interés renovado. Por una parte, hacía pocos meses que se estrenaba en Europa “El joven Karl Marx”, el film del haitiano Raoul Peck, y, por otra, Penguin lanzaba hace apenas dos años Karl Marx. Greatness and Illusion (Karl Marx. Grandeza e ilusión), un volumen de 800 páginas del historiador de la Universidad de Cambridge Gareth Stedman Jones, cuya versión española acaba de ser editada por Taurus. Así mismo, el filósofo alemán Michael Heinrich que participa en el proyecto MEGA 2, un monumental esfuerzo internacional para la publicación de las obras completas de Marx y Engels, formado en la escuela del marxismo crítico de Elmar Altvater, anunciaba su ambiciosa biografía intelectual y política Karl Marx y el nacimiento de la sociedad moderna. Una obra que se dividirá en tres volúmenes, de los cuales el primero acaba de salir en Alemania con motivo del bicentenario y los otros dos volúmenes están previstos para 2020 y 2022.

Marx sin “ismos”

Marx ha sido objeto de numerosas biografías de todo tipo, desde aquella pionera de Franz Mehring en 1918 hasta la de David McLellan Karl Marx. Su vida y sus ideas, publicada en 1973, considerada, en un tiempo, como la mejor y la más original. Estos nuevos biógrafos se esfuerzan por restituir a Marx a sus coordenadas históricas. Un Marx sin “ismos” que diría Paco Fernández Buey, sin los ismos que se crearon en su nombre y contra su nombre. Un Marx sin beatería, más secularizado, menos sujetado a las experiencias políticas y los sistemas ideológicos del siglo XX. Como otros biógrafos, Gareth Stedman intenta separar a Marx del marxismo, de la aplicación que de él se haría en el siglo XX. “Marx, dice el historiador, no habría aprobado los Estados autoritarios que se declaraban socialistas. Marx creía en la emancipación humana y lo que ofrecían estos países era sólo una dictadura. Lenin y Stalin manipularon sus ideas, leyeron lo que les interesó y lo mezclaron todo”. El propósito declarado de Gareth Stedman es situarle en el contexto del pensamiento alemán y europeo del siglo XIX y entender qué ha sucedido con las distorsiones, dogmatismos y malas interpretaciones que le han seguido, porque los planteamientos del materialismo dialéctico, dice, están más relacionados con la lectura de Engels que con los escritos de Marx. Sostiene que “Karl Marx no hubiera aceptado la interpretación que se ha hecho de su obra” y que el marxismo fue un invento interesado que hicieron de sus trabajos tras su muerte los socialdemócratas alemanes y, sobre todo, Engels.

Michael Heinrich, por el contrario, ha venido sosteniendo hasta ahora que si bien históricamente hablando la popularización de las últimas obras de Engels, en particular su Anti-Dühring, constituyó el punto de partida para la construcción del “marxismo”, sería un reduccionismo hacer de Engels el “inventor” del marxismo. Fue sólo bajo la presión de Bebel y Liebknecht que Engels se enfrentó en la década de 1870 a las opiniones del profesor universitario alemán Eugen Dühring, quien ganaba cada vez más adeptos entre la socialdemocracia alemana. Ya que Dühring afirmaba haber conformado un nuevo “sistema” integral de filosofía, historia, economía y ciencias naturales, Engels tuvo que seguirlo a todas estas áreas, pero no sin hacer hincapié en el prólogo para la primera edición en que su texto “no puede tener la finalidad de oponer al “sistema” del señor Dühring otro sistema”. Advertencia que cayó en saco roto. Históricamente, el Anti-Dühring acabó convirtiéndose precisamente en el punto de partida para ese “sistema” que se hizo famoso con el nombre de marxismo1. En la misma línea de protesta contra el engelsianismo, identificado con la escolástica soviética, considerado el responsable del extremismo ideológico y de la trágica historia del comunismo del siglo XX, se levanta la biografía de Friedrich Engels de Tristram Hunt El gentleman comunista (Anagrama, 2011)2.

El problema con los intérpretes de Karl Marx ha sido siempre el de distinguir entre lo que dijo, lo que quería decir y lo que sus seguidores querían que hubiera dicho.

En mi opinión, separar a Marx del marxismo, con todos los problemas que entraña, es un intento complicado pero interesante siempre y cuando no se establezca una diferencia absoluta. Marx está en el marxismo o en los marxismos, seleccionado, simplificado, caricaturizado o tergiversado, más en unas corrientes y tradiciones que en otras y más en unas personalidades que en otras. Que Marx haya pretendido fundar una cosa llamada marxismo es más que dudoso, sus últimas exploraciones nos informan que no estaba entre sus preocupaciones y que tenía la mente puesta en otros problemas: sobre la evolución histórica de la renta de la tierra en distintas sociedades, la comuna rural rusa y los recientes estudios etnológicos y antropológicos que estaban apareciendo en Alemania, EEUU, Inglaterra y Rusia. Marx no definió a su obra como marxismo, esta tarea, la “promoción del marxismo”, le tocó a Engels. En buena medida, la invención.

A propósito de “Engels fundador del marxismo”

Recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo—esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado…” (carta a Sorge, 15 de marzo de 1883).

Lo que encontró Engels era, según el comentario sincero que le hizo a Kautsky, una criptografía propia de un jeroglífico. La parte publicada era sólo la punta de un iceberg, menos de un tercio de su obra, que emergía de una masa sumergida de manuscritos inéditos, apuntes, una abundante correspondencia con terceros, bocetos, notas, en suma, un verdadero continente compuesto con minúscula taquigrafía, que como le escribió a Bebel “nadie más que yo puede descifrar, ciertamente, y con grandes dificultades”. Dar forma a todo ello le llevó a Engels un trabajo de once años. Si ordenó y corrigió o no los materiales como Marx lo hubiera hecho es una cuestión que posteriormente ha sido largamente discutida.

La razón para que Marx no acabara El Capital, los manuscritos de los libros II, III y IV anunciados en el Libro I y de los que, al morir, había dicho que Engels “haría alguna cosa con ellos”, se debió probablemente a un conjunto de factores, además de un problema de salud -los últimos diez años fueron una lucha permanente contra la enfermedad-, a la actitud tan exigente hacia su trabajo, a su talante riguroso para asimilar aportaciones exteriores, para adaptarse a nuevas realidades y, sobre todo, a su imposibilidad de encontrar soluciones satisfactorias a problemas teóricos con los que estuvo luchando por resolverlos hasta su muerte.

McLellan explica la interrupción de la elaboración teórica de Marx exclusivamente por razones de salud3. Para Gareth Stedman la necesidad de enfrentarse a las dificultades teóricas que sus escritos le planteaban provocaba a Marx jaquecas, insomnio y las consabidas dolencias hepáticas, sin duda, dice, “sus dolencias eran genuinas, pero está claro que le dieron una cobertura para dilatar el momento en que debería ajustar cuentas consigo mismo”4. Para Eugenio del Río no es un problema fácil de explicar, hay razones de salud, de tiempo, de dudas acerca de algunas de sus concepciones. “En todo caso, dice del Río, si es seguro que hay un Marx que duda, también lo es que hay otro que no duda respecto al edificio teórico construido”5.

Son las ambigüedades, cambios y tensiones no resueltas en los escritos de Marx, lo que legitimará a los diversos marxismos en su pretensión de apoyarse en su obra. Marx cambió de opinión muchas veces, evolucionó a través de intensas lecturas y de la confrontación con los grandes acontecimientos de su época, inmerso en un mundo ya lejano del nuestro. Cuando escribió en el prólogo al primer volumen de El Capital, “bienvenido sea todo juicio crítico científico”, no era simplemente retórica. Marx era consciente de la provisionalidad y la falibilidad de las afirmaciones científicas. “De omnibus dubitandum” –“todo debe ser puesto en duda”– escribió como respuesta a la pregunta sobre el lema de su vida para un cuestionario de moda que su hija le había dado. La enorme masa de manuscritos que dejó inéditos y las numerosas modificaciones de textos ya publicados dan testimonio del hecho de que no excluía a su propio trabajo de esa duda.

En la última década estudia intensamente. Llena decenas de cuadernos en letra casi ilegible. Se interesa por una gran variedad de temas, entre los cuales destaca, en sus dos últimos años, la situación de Rusia (tras su muerte, Engels encontró dos metros cúbicos de estadísticas rusas entre sus papeles). El Capital es una obra inconclusa, fragmentaria, a la que le faltan partes importantes por elaborar de un vasto proyecto inicial y que acabará convirtiéndose, en manos de sus epígonos, en un texto sagrado y en la ingenua creencia de que en Marx estaba dicho todo y sobre todo y, por tanto, bastaba comprenderlo.

Como escribiera Sacristán acerca de muchos de los temas en discusión de su obra “no creo que esté clara la última palabra de Marx acerca de todas estas cosas que estamos discutiendo. Creo que, a pesar de la aspiración que siempre tuvo de producir obra muy terminada literariamente -lo cual es una de las causas de que dejara tanto manuscrito inédito-, Marx ha muerto sin completar su pensamiento, sin pacificarse consigo”6.

Engels tras la muerte de Marx, se ve enfrentado con la tarea de transmitir su obra a un número creciente de jóvenes socialistas con tendencia a vulgarizarlo, se ve obligado a aceptar y simplificar el paradigma primario, a disimular sus dificultades y a definir concisamente, en vez de evaluar críticamente, sus caracteres esenciales, para facilitar así su transmisión. Apremiado por los socialdemócratas alemanes y rusos, asumió no sin resistencia la tarea de divulgar, concluir y presentar como sistema acabado una teoría en realidad en proceso, abierta e inconclusa. El “ismo” en Marx nació fundamentalmente en las revistas de partido dirigidas por Kautsky y Bernstein, en la correspondencia de Engels con Bebel, en sus textos y prólogos, así como de las polémicas del propio Engels con fracciones, escuelas, críticos, socialistas de cátedra y populistas rusos.

Para el marxismo, que sucede inmediatamente a Marx, el de su yerno Paul Lafargue en Francia, el de Karl Kautsky en Alemania, o el de Plejánov en Rusia y del que Lenin heredaría la idea del marxismo como algo definitivo y completo, Marx no interesaba como un pensador que estaba constantemente aprendiendo y desarrollando sus concepciones teóricas, sino más bien como alguien que producía verdades acabadas –”el marxismo”.

El marxismo nació, se desarrolló, se profesionalizó en escuela y en ideología legitimadora de los Partidos Socialdemócratas y de un poder político, el de la Rusia soviética, cuando la obra de Marx no era aún accesible en su totalidad e incluso cuando importantes partes de su “corpus” estaban inéditas, como fue el caso de los Manuscritos económicos y filosóficos, La Ideología alemana, los Fundamentos de la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) y la Teoría sobre la plusvalía que no se publicarían hasta los años treinta y cuarenta7.

El marxismo se constituirá pues partiendo de un desconocimiento generalizado de la obra de Marx, dando pié a multiplicidad de interpretaciones y simplificaciones. A esto habría que añadir que la lectura de su obra era difícil lo que hacía que quienes la leían eran una muy reducida minoría. La mayor parte de los escritos de Marx son incomprensibles si se leen sin tener en consideración el contexto biográfico e histórico en el que fueron producidos.

¿Es Marx hoy relevante? ¿Qué Marx?

Marx fue un filósofo alemán, un humanista en el sentido renacentista, por la diversidad de temas y asuntos humanos que le interesaron, un analista económico, un historiador, un polemista político vigoroso, que simultaneó durante toda su vida la actividad teórica y el compromiso político.

Su obra es un compuesto de análisis social, que se quiere científico, y política. Pero, además, el tipo de análisis social de Marx influido por la idea de totalidad hegeliana, tiene una pretensión mas abarcadora que la que es normal hoy en las ciencias sociales y como política, Marx hace agitación, alienta la fe y hace profecías.

El fin de la guerra fría ha permitido que podamos leer a Marx de una manera menos partidista y prejuiciada, que nos separemos de las interpretaciones mediatizadas por el dogmatismo o la ortodoxia. En suma, que lo podamos estudiar en su totalidad, en sus errores, aportaciones, limitaciones y ambigüedades, sin canonizaciones.

No hay pensamiento humano que no sea deudor de su época, sin fisuras y contradicciones y que no conlleve una variedad de interpretaciones. En filosofía, economía y, en general, en ciencias sociales dos siglos es mucho tiempo para que alguien salga indemne de las transformaciones de todo tipo que han tenido lugar8.

El curso histórico ha desmentido algunas de sus teorías y predicciones, pero también ha revelado algún acierto teórico, algunas ideas originales -en el sentido, siempre relativo, en que se puede hablar de original en la historia de las ideas- y sugerencias valiosas.

El legado más positivo y original de Marx es su concepción de la historia, columna vertebral de su pensamiento, en especial su noción del papel desempeñado por el desarrollo tecnológico. Sin embargo, ya en vida de Marx hubo epígonos que distorsionaron esta concepción convirtiéndola en un mero determinismo económico y fue esa caricatura, que pretendía descifrarlo todo a partir de la acción de factores económicos lo que tuvo más éxito en el marxismo que se difunde a finales del siglo XIX con el nombre de materialismo histórico9. Si el enfoque peculiar de Marx, no la mala copia, se toma como una vía entre otras para aproximarse a las realidades históricas y sociales, puede resultar provechosa. Para Kolakowski, este denominado materialismo histórico: “es un principio heurístico valioso, que obliga al estudioso de conflictos y movimientos de todo tipo -políticos, sociales, intelectuales, religiosos y artísticos- a relacionar sus observaciones con los intereses materiales, incluidos los derivados de la lucha de clases (…) Si esto es obvio, es porque el marxismo lo ha hecho obvio (…) Reconocer dentro de unos límites la validez del materialismo histórico no es lo mismo que reconocer la verdad de que el marxismo es un “sistema” que lo explica todo”10.

Un gran pensador desarrolla y presenta nuevas ideas al mundo y por mucho que intente controlar su significado y uso no puede. En las manos de otras personas las ideas originales se transforman desarrollándose en direcciones y conceptos que poco o nada tienen que ver con el original. El marxismo de Marx no es una excepción.

Marx se presta a muchas interpretaciones. Es claro, por un lado, y ambiguo, por otro, y esta ambigüedad da pie a múltiples lecturas y, por tanto, a interminables disputas escolásticas. El marxismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, incorpora las ideas de Marx de forma selectiva, simplificando, exagerando y deformando esas ideas. Por otra parte, no se puede negar que Marx es, en alguna medida, responsable, por así decirlo, de las ideas hipersimplificadas y vulgarizadas que pueden defenderse mediante muchas citas de su obra, ahora bien, no podemos afirmar que el socialismo despótico que hemos conocido en el siglo XX es el socialismo pretendido por Marx. La versión leninista-estalinista-maoista del comunismo fue una interpretación posible, aunque no la única de la doctrina de Marx, lo que sería caer en el absurdo es decir que fue un resultado directo de la propia ideología. No obstante, el hecho de que los escritos de Marx fueran utilizados de esa forma no es irrelevante y nos debe llevar a preguntarnos qué hay en ellos para que fueran interpretados de esa manera. El comunismo del siglo XX surgió a partir de muchas circunstancias históricas, con la tradición marxista entre ellas y cambió radicalmente el mundo en una dirección que Marx ni siquiera llegó a imaginar. Ha sido mas bien un intento de poner en práctica las ideas que Marx expresó en forma filosófica sin unos claros principios de interpretación política11.

Aunque el marxismo ya no es “el horizonte intelectual de nuestra época” como quería Sartre, la nueva crisis mundial que estalló en 2008 vino a recordarnos que al menos el diagnóstico crítico de Marx sobre la dinámica de expansión del capitalismo con sus crisis periódicas y con su carga de miseria, exclusión y violencia sistémica, permanece vigente. Las reediciones de El Capital se reactivaron entonces en todo el globo mientras que el nuevo best-seller en materia económica que vino a mostrar la relación entre aumento de la tasa de acumulación del capital y crecimiento de la desigualdad, se titulaba justamente El Capital del siglo XXI (Piketty). Esto no significa que Marx ofrezca una solución a las dificultades económicas actuales.

En sus escritos económicos hay una investigación muy valiosa sobre el funcionamiento del capitalismo de su época, sus tendencias a la acumulación del capital, el funcionamiento del ciclo económico, su internacionalización; pero no encontramos en El capital ni una versión única de la crisis ni una visión de una caída final automática, puramente económica. Para que ello se diera debía concurrir el factor activo, subjetivo, consciente, el proletariado. Marx dejó su gran obra, El capital, sin acabarla. No creo que se pueda decir con rotundidad que esté clara su última palabra acerca de estas cosas. Marx nunca abandonó su fe en el final inevitable del capitalismo, pero en cuanto al modo y momento en que éste iba a producirse murió sin dar una respuesta técnica clara, como en otras cuestiones, sin completar su pensamiento. Así, aunque de otro modo, seguimos leyendo a Marx en el siglo XXI. Pero no para volver a Marx sino para ir más allá de Marx.

Marx es una figura intelectual sobresaliente y políticamente comprometida de una época histórica pasada, la de la Revolución francesa, la Comuna de Paris, la filosofía de Hegel, de la primera industrialización inglesa y de la economía política que emanó de ella. Hoy habitamos en un mundo más globalizado, plural, complejo y dinámico, muy distinto al de finales del siglo XIX, y para comprenderlo, Marx, a excepción de algunas ideas e inspiraciones que he comentado, poco puede ayudarnos en ello. Más que citar a Marx, de la misma manera que los escolásticos citaban a Aristóteles o la Biblia, nos ayudaría poder contar con su talento para interrogar el mundo, su voluntad y capacidad de conocer, con el fin de abrir nuevos espacios para el pensamiento y la acción. Como le dijo Engels al socialdemócrata ruso Voden en una de sus visitas en las que este le apremiaba para que publicara lo antes posible todos los escritos de Marx: “preferiría que los militantes, rusos o no, acabaran por una vez de ir buscando citas de Marx [y de él mismo], y que en lugar de ello pensaran tal como Marx hubiera pensado en su lugar”.

Mayo, 2018


1Michael Heinrich, “Je ne suis pas marxiste” (online 06/09/2016). También, Francisco Fernández Buey, “De la polémica al sistema” en Engels y el marxismo, Fundación de Investigaciones Marxistas, Madrid, 1994, pp.73-85. Engels aceptó la tarea de escribir el Anti-Dühring como un sacrificio. Así se quejaba en una carta a Marx el 28 de mayo de 1876: “Tú lo has dicho muy bien. Puedes quedarte en el cálido lecho, ocuparte de las relaciones agrarias rusas en particular y de la renta territorial en general: nada te lo impide. Y, mientras, yo debo sentarme en el duro banco y hartarme de vino frío, interrumpirlo todo de golpe y ajustar cuentas con ese pesado de Dühring. No queda más remedio que obrar así, aunque voy a verme metido en una polémica cuyo fin no es posible prever en absoluto; pero si no lo hago, ni yo mismo estaré tranquilo”. Por otra parte, el hecho de que Marx se comprometiera a escribir la parte de la crítica a Dühring dedicado a la historia de las teorías económicas acabó de convencer a Engels de la necesidad de hacer el sacrificio. En el prólogo a la segunda edición del libro Engels asegura que sometió el manuscrito a la aprobación de Marx.

2Antes de 1914 Engels gozó de gran reputación. Fue, en mayor medida que Marx, responsable de la difusión del marxismo dentro del movimiento socialista como un saber sistemático que prometía respuestas a todas las cuestiones de filosofía, de ciencias naturales y ciencias sociales. Sin embargo, después de 1914 y de la revolución rusa, se cuestionó más su posición. Dos obras escritas por Engels, en vida de Marx, serán la prueba de las mayores acusaciones, las observaciones hechas por Engels en la Dialéctica de la Naturaleza y La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, esta última con la participación de Marx y considerada la obra fundacional del marxismo. Las diferencias entre Engels y Marx se convirtieron en objeto de disputa en los marxismos posteriores. Engels pasó a ser el responsable de la vulgarización del marxismo, y de sus formulaciones mas deterministas, economicistas o cientifistas. Algunos autores, como Maximilien Rubel, destacaron de forma extrema esta diferenciación entre uno y otro (“La leyenda de Marx o Engels como fundador (1972)”, recogido en Marx sin mito, Octaedro, Barcelona, 2003, pp. 31-36). Por mi parte, me identifico con los que, sin negarlas, matizan estas diferenciaciones en, “¿Engels contra Marx?”, en La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997, pp.28-32.

3McLellan, David, Karl Marx. Su vida y sus ideas, Crítica, Barcelona, 1983, p.489

4Gareth Stedman, Jones, Karl Marx. Ilusión y grandeza, Taurus, Madrid, 2018, pp.616-618

5Río, Eugenio del, La sombra de Marx, Talasa, Madrid, 1993, pp.77-78

6Sacristán, Manuel, Pacifismo, Ecología y Política Alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp.109-110

7Hoy es el día en que aún no existe una edición crítica completa en lengua alemana de sus obras. En 1921, David Riazánov fundó en Moscú el Instituto Marx-Engels donde, al año siguiente, inició un ambicioso proyecto: la publicación de las Marx-Engels Gesamtausgabe, las obras completas de Marx y Engels en 42 volúmenes (lo que se conoce como “primera MEGA”). Sin embargo, Stalin, en una de sus purgas, fusiló a Riazánov y paralizó el proyecto. Hubo que esperar a mediados de la década de 1970 para que, tras el deshielo, en la República Democrática Alemana se volviera a plantear una iniciativa de edición filológicamente rigurosa de los textos originales de Marx. Pero, de nuevo, la historia volvió a inmiscuirse. La implosión del bloque socialista interrumpió el proceso de publicación, que se reanudó a finales de la década de 1990 gracias al esfuerzo coordinado de institutos de investigación de Alemania, Holanda y Rusia. El proyecto, conocido como “segunda MEGA”, es una obra editorial monumental que se espera alcance los 115 volúmenes -62 ya han sido producidos- y concluya el año 2025.

8Para Simone Weil, los problemas con los que se ha encontrado el marxismo no se deben fundamentalmente a los cambios históricos: “En mi opinión, no son los acontecimientos los que imponen una revisión del marxismo, es la doctrina de Marx la que, en razón de las lagunas e incoherencias que encierra, está y lo ha estado siempre muy por debajo del papel que se le ha querido hacer desempeñar; lo que no significa que se haya elaborado entonces o después algo mejor” (Sobre las contradicciones del marxismo (I), proyecto de artículo, 1937, extraído de Escritos Históricos y Políticos, Trotta, 2007).

9“Cuando Marx afirma que el modo de producción de la vida material determina el proceso social -comenta Eugenio del Río- está empleando determina en un sentido hegeliano para referirse simultáneamente a tres aspectos que se manifiestan íntimamente unidos: (1) la atribución, por parte del elemento determinante, de las propiedades que singularizan al objeto determinado; (2) los límites que lo condicionan; y (3) los nexos que gobiernan las relaciones entre lo determinante y lo determinado. En cualquier caso, esta relación de determinación posee un significado muy especial y complejo, irreductible a una relación simple de causa-efecto, que es a lo que acabará reducida con frecuencia en el marxismo”. La sombra de Marx. Talasa, Madrid, 1993, p 176.

10Kolakowski, Leszek, Las principales corrientes del marxismo I Los fundadores. Alianza Universidad, Madrid, 1985, pp.368-369

11Kolakowski, L, op.cit.,1985, p.417

Contenido de la obra de Marx

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.1.-Los dos últimos años

Cuando Karl Marx murió en marzo de 1883 no era un hombre muy conocido. Participó activamente en la revolución de 1848, en Alemania; fue dirigente de uno de los primeros partidos comunistas, la Liga de los Comunistas; ocupó cargos de responsabilidad en la Primera Internacional, entre 1864 y 1872 y dedicó buena parte de su vida a estudiar y a escribir.

El último tramo de su vida estuvo dominado por la amargura. En 1881 a su bronquitis crónica se le sumó una peritonitis, una pleuresía grave y una neumonía. Era un fumador empedernido; siempre decía que el Capital no le daría ni para pagar los cigarros fumados mientras lo escribía. Ese mismo año, tras padecer insoportables dolores, moría su compañera Jenny de un cáncer de hígado. Marx nunca se recuperaría de su muerte. No la sobrevivió más que unos quince meses. Engels no se equivocaba cuando inmediatamente después le vio y comentó: “Moro también está muerto”. Al sobreponerse parcialmente de su enfermedad, Marx dijo que se sentía doblemente mutilado: “moralmente por la pérdida de mi mujer, y físicamente por un espesamiento de la pleura”.

Al año siguiente, el médico y Engels le aconsejan viajar a Argel, para hacer frente a sus problemas respiratorios. Marx pasó a solas dos meses y medio en un pequeño hotel que daba sobre la bahía. Sufre insomnio y está deprimido. De allí se traslada a Montecarlo donde pasa un mes, pero su pleuresía y bronquitis no remiten. Viaja a Argenteuil, un suburbio al oeste de París, a hacer una larga visita de tres meses a su hija Jenny, buscando descanso: “en el ruido de los niños, ese mundo microscópico que es mucho más interesante que el macroscópico”. Después viaja a Suiza acompañado de su hija Laura, a quien le promete entregarle todos los documentos de la Internacional para que escribiera su historia y le comenta la posibilidad de que ella emprendiera la traducción al inglés del Capital. De Suiza vuelve de nuevo a Paris, pero sintió que no podía agobiar más a Jenny y regresa a su casa de Londres, sólo para partir una vez más hacia Ventnor, en la isla de Wight, a finales de octubre del 82. Se sentía algo mejor de salud y estuvo sentado, la víspera de su salida, con Engels hasta la una de la mañana bebiendo ron. En la isla de Wight pasa largas horas paseando por las dunas. Su creciente soledad le llevó a rogar a Laura que fuese y viviese con él. Solo en contadas ocasiones prendía la chispa en el viejo y orgulloso Marx, como cuando se le notificó el éxito de sus teorías en Rusia. Comentó excitado: “Golpeo a un poder que, junto con Inglaterra, es el auténtico baluarte de la vieja sociedad”.

Un nuevo revés le sobrevendrá en enero de 1883 al morir repentinamente su hija primogénita Jenny a los 38 años de edad, de lo que al parecer fue un cáncer de vejiga. Marx profundamente afectado regresó a Londres. A su vuelta, su estado de salud empeoró. La ronquera fruto de su laringitis le impedirá casi hablar y comer. Bebía un cuartillo de leche al día y cada cuatro daba cuenta de una botella de coñac. Su lectura alternaba entre los catálogos de los editores cuando no se sentía en forma y novelas francesas cuando su interés intelectual se despertaba. Una úlcera en el pulmón vino a complicar su bronquitis. Sufrirá aún dos meses. Al morir, el 14 de marzo, no había cumplido todavía los 65 años.(1)

1.2.- Marxismo

Los términos marxismo y marxista fueron poco utilizados y casi desconocidos en vida de Marx. Es sobre todo tras su muerte, en la medida que la influencia de su obra se fue extendiendo, cuando empiezan a utilizarse dichos términos por parte de sus seguidores.

Marx no definió a su obra como marxismo. Su observación, comentada por Engels, de que todo lo que sé es que no soy marxista, la hizo refiriéndose a frases usadas por su yerno Paul Lafargue y algunos marxistas franceses de quienes pensaba que vulgarizaban su pensamiento.

En el primer marxismo, se toma el nombre de Marx pero se conoce muy poco su obra. Parte de ella además no se publicaría hasta años más tarde, como fue el caso de la Ideología alemana que lo fue en 1932. Aparte de Alemania, donde sí tuvo un gran peso, en Inglaterra, la influencia del marxismo en el movimiento obrero era pequeña y en el caso de Francia, Italia y el Estado español era, por una parte, una inspiración en competencia con otras tradiciones doctrinales del movimiento obrero, y era también un pensamiento que se conocía en forma fragmentaria y esquemática, lo que favorecía el desarrollo de actitudes doctrinarias. 

Las obras de Marx más difundidas serán El Manifiesto y el primer tomo del Capital. De los escritos de Engels, elAnti- Dühring y tres capítulos de éste, Del socialismo utópico al socialismo científico. El marxismo se constituirá pues partiendo de un desconocimiento generalizado de la obra de Marx, dando esto pié a multiplicidad de interpretaciones y simplificaciones. A esto habría que añadir que la lectura de su obra era difícil lo que hacía que quienes la leían eran una pequeña minoría. (2)

1.3.- La obra

Si utilizamos la expresión soreliana el marxismo de Marx, éste se encontraría en sus obras y cubriría el campo que éstas abarca.

1. Marx dedicó la mayor parte de su trabajo teórico a las cuestiones económicas:
.Miseria de la filosofía ( 1847) ( M F)
.Trabajo asalariado y capital ( 1847)
.Líneas fundamentales de la crítica a la economía política (Grundisse) (1857-58) (G)
.Contribución a la crítica de la economía política (1859) (CEP)
.Teorías de la plusvalía (1861-63) (TP)
.Salario, precio y ganancia (1865)
.El Capital (1867) (C)

2. La producción filosófica ocupa un lugar destacado en la primera época:
.Diferencias entre la filosofía natural de Demócrito y Epicuro (1841);
.La cuestión judía ( 1843);
.Introducción a la Contribución a la crítica de la filosofia del derecho de Hegel (1843);
.Manuscritos económico-filosóficos ( 1844); (MEF)
.Tesis sobre Feuerbach ( 1845);( TF)
.La sagrada familia (1845); (SF)
.La ideología alemana ( 1846); (IA)

3. Escritos de carácter programático o estratégico:
.Manifiesto del partido comunista ( 1848); (MC)
.Mensaje del Comité central de la Liga de los Comunistas ( 1850);l
.Crítica del Programa de Gotha ( 1875) (CG)

4. Exposición de su concepción de la Historia:
.La ideología alemana ( 1846 ); (IA)
.Prólogo a la Contribución a la Crítica de la economía política ( 1859); (CEP)

5.Estudios históricos:
.Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 ( 1850 ); (LCF)
.El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1852); (DB)
.La guerra civil en Francia ( 1871);

Esta clasificación, no poco arbitraria, requiere, sin embargo, algunas precisiones. En primer lugar, decir que algunas de las obras citadas como La Ideología alemana y el Manifiesto lo son en colaboración con Engels, en segundo lugar, en cuanto a la clasificación en sí, El Manifiesto podría muy bien estar incluido en la concepción de la historia , en tanto que La Guerra civil en Francia tiene un alto contenido estratégico y programático. A todo ello habría que añadir sus artículos periodísticos y su abultada correspondencia. Así mismo, el último período de su vida mereció una atención muy especial el estudio de Rusia, con repercusiones teóricas de interés, pero ello apenas tiene plasmación en los textos.

Merece la pena resaltar que Marx dedicó la mayor parte de su trabajo teórico a las cuestiones económicas y que, como subrayó Korsch, su obra económica posee un carácter fundamentalmente crítico, negativo, no constructivo.

No elaboró algo equivalente en otros campos como el de la filosofía, la teoría política, la ética, estética, las clases y los conflictos de otra naturaleza ( racial, sexual…), las realidades nacionales, las cuestiones militares, sobre teoría de la personalidad… (3)

Marx se centró como escritor en los temas sociales. Se interesó en alto grado por las ciencias de la naturaleza, pero escribió poco relacionado con ellas. Engels, por el contrario, trabajó escritos sobre ciencias naturales: Dialectica de la naturaleza ( 1875-76) ; y también sobre filosofía, teoría de la historia y antropología: Anti-During ( 1877-1878), El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888).


 

(1) McLELLAN, D. Karl Marx, su vida y sus ideas, Crítica, Barcelona, 1983, p.515-519;
MEHRING, F. Carlos Marx, Grijalbo, Barcelona, 1967, p.513-542.

(2) Para una mayor información sobre las ediciones de las obras de Marx: E.J. Hobsbawm, 1979 A, ” Las vicisitudes de las ediciones de Marx y Engels”, en HM2 y 1979 B, ” La cultura europea y el marxismo entre los siglos XIX y XX”, en HM3.

(3) ANDERSON,P. Consideraciones sobre el marxismo occidental.S.XXl, Madrid,1979, p.10 y ss.

¿Engels contra Marx?

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.4.-¿Engels contra Marx?

Tras la muerte de Marx, en 1883, Engels pasó la mayor parte de su tiempo preparando para su edición y publicando los volumenes II y III de El Capital en 1885 y 1894.También participó activamente en la formación de la II Internacional. Cuando murió de cáncer acababa de iniciar los trabajos sobre el IV volumen de El Capital ( publicado después por kautsky en 1905 con el título de Teorías de la Plusvalía).

Antes de 1914 Engels gozó de gran reputación. Fue, en mayor medida que Marx, responsable de la difusión del marxismo como concepción del mundo dentro del movimiento socialista. Sin embargo, después de 1914 y de la revolución rusa, se cuestionó más su posición. Las diferencias entre Engels y Marx fueron objeto de disputa en los marxismos posteriores. Engels se convierte así, en el responsable de la vulgarización del marxismo, y de sus formulaciones mas deterministas, economicistas o cientifistas. A veces, se alienta también la contraposición entre un Engels reformista y un Marx radical. Gouldner, sostiene la opinión de que con esa contraposición se intenta en ocaciones salvar las contradicciones internas del propio Marx. (4)

Dos obras escritas por Engels, en vida de Marx, serán la prueba de las mayores acusaciones. Las observaciones hechas por Engels en la Dialéctica de la Naturaleza, como señala Kolakowski, fueron hechas en el contexto de la ciencia y la matemática de su tiempo, y muchas de ellas están hoy desfasadas: «Pero las líneas generales de su pensamiento -naturalismo, conocimiento como reflejo de la realidad, relatividad del conocimiento, dialéctica de la naturaleza- fueron adoptados por los marxistas posteriores y considerados, especialmente por los rusos (Plekhanov, Lenin),como la filosofía por excelencia». (5)

En todo caso, hay que decir que Marx siguió atentamente los trabajos de Engels y los elogió repetidamente ( cartas a W.Liebknecht, 7 octubre de 1876 y a W. Blos, 10 de noviembre de 1877).

Idéntico problema suscitaría el libro de Engels La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring, publicado en 1877 y 1878. Era la primera exposición de conjunto de la concepción comunista del mundo iniciada por Marx. Su importancia fue tan grande para el movimiento obrero que se le considera la obra fundacional del marxismo. Lo expuso claramente D. Riazanov: «Fue a través de ésta obra como la joven generación que inició su militancia hacia 1876-1880 aprendió lo que era el socialismo científico, sus principios filosóficos y su método. El Anti-Dühring es la mejor introducción al estudio de El Capital (…) Hay que reconocer que ningún libro, después de El Capital, ha hecho tanto como el Anti-Dühring en favor de la difusión del marxismo en tanto que método y concepción del mundo. Todos los jóvenes marxistas ( Bernstein, Kautsky, Plejánov) que hicieron sus primeras armas entre 1880 y 1885 se formaron a partir de ésta obra». (6)

Marx alentó la crítica a Dühring, en la que llegó a participar (el capítulo X de la segunda edición del libro es obra suya).

«Para hacer del socialismo una ciencia», se lee en el capítulo I de la Introducción, «había que empezar por ponerlo sobre un suelo real». Esto lleva a Engels a intentar una exposición de la concepción del mundo llamada a fundar el socialismo científico.

La fuente competente más seria de la concepción de Engels como el primer revisionista y vulgarizador del pensamiento de Marx es la obra de George Lichtheim, Marxismo, en la que sostiene que: «el socialismo, tal como lo entendieron Engels y quienes siguieron su dirección, fue sobre todo científico… Los escritos posteriores de Engels, principalmente Socialismo utópico y socialismo científico, son un verdadero compendio de la nueva concepción positivista del mundo… Marx llegó gradualmente a adoptar un punto de vista que, en algunos aspectos, se asemejaba al cientifismo de la época, pero nunca cedió a la tentación de reformular totalmente su doctrina en términos evolutivo-materialistas. Engels no experimentó tal inhibición (…) La posterior tendencia al positivismo y el cientifismo -acelerada después de su muerte, y formalizada por Karl Kautsky, a su vez, después de la desaparición de Engels (1895 – fue más allá de todo lo que Marx pueda haber pensado». (7)

Gouldner está de acuerdo con Lichtheim en la idea -expresada anteriormente por Karl Korsch- de que Engels «no hizo más que acentuar una tendencia que ya estaba presente en Marx», pero discrepa con las especulaciones de Lichtheim sobre lo que Marx habría pensado y añade: «¿Cómo puede nadie saber lo que Marx habría pensado si hubiese vivido doce años más, como Engels, y no hubiera muerto en 1883?».(8) Gouldner sostiene que Marx nunca abandonó su prisión entre los dos cuernos de su peculiar dilema, determinismo/voluntarismo. Esto es, que nunca resolvió dicha contradicción.

Es verdad que Engels concibió el pensamiento de Marx como un saber sistemático y que con él comenzó la tradición de codificar el pensamiento de Marx en un sistema total que prometía respuestas a todas las cuestiones de filosofía, de ciencias naturales y ciencias sociales. Pero como señala Sacristán: «Engels no puede considerarse responsable de que cierta inveterada beatería insista en considerar su modesto manual divulgador como una enciclopedia del marxismo (…) La tesis -antigua, pero hoy revitalizada sobre todo por el existencialismo francés- de que hay que liberar al marxismo de un engelsismo naturalista e ingenuo, adjetivamente sobreañadido a la sabiduría social o humanista de Marx, empieza por ser históricamente falsa. La inmadurez del pensamiento dialéctico de Engels (…) se encuentra sin duda tambien en Marx. Cierto que en menor medida en la obra de Marx (…) Pero eso se debe principalmente a la división del trabajo (…) Por esa división, Marx no se ha visto en la necesidad de dar versiones generales, compendiadas y divulgadoras, de su pensamiento ( la única vez que lo ha hecho, en la Ideología alemana, ha entregado, es cierto, el manuscrito a la roedora crítica de las ratas), y así ha podido concentrarse en la elaboración de material fáctico (El Capital) y en el análisis concreto de la situación concreta (sus artículos y estudios históricos)». (9)

En todo caso, hay que decir que Marx supervisó el trabajo de Engels en el Anti-Dùhring. De ello da testimonio Engels en el prólogo a la segunda edición del libro: «Como el punto de vista aquí desarrollado ha sido en su máxima parte fundado y desarrollado por Marx, y en su mínima parte por mí, era obvio entre nosotros que esta exposición mía no podía realizarse sin ponerse en su conocimiento. Le leí el manuscrito entero antes de llevarlo a la imprenta, y el décimo capitulo de la sección sobre economía ( “De la Historia crítica”) ha sido escrito por Marx (…) Siempre fue costumbre nuestra ayudarnos recíprocamente en cuestiones cientificas especiales». (10)

Como se puede apreciar en las líneas precedentes, la voluntad de Engels como de Marx de aparecer unidos, tanto en lo teórico como en lo práctico, es evidente. Ahora bien, si lo anterior es cierto, también es verdad que Engels vivió doce años más que Marx. Tiempo en el que además de escribir El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1886), tuvo que salir al paso de las discusiones y vulgarizaciones que abundaban entre los jóvenes socialistas acerca, entre otras cuestiones, de la concepción de la historia. Lo que Marx hubiera opinado de todo ello es imposible saberlo. Teniendo en cuenta todo esto, diferenciar radicalmente a Engels de Marx resulta injusto y bastante dudoso históricamente.


 

(4) GOULDNER, Alvin. Los dos marxismos. Alianza Editorial, Madrid, 1983, p. 274 y ss.

(5) KOLAKOWSKI, Leszek. Las principales corrientes del marxismo I Los fundadores. Alianza Universidad, Madrid, 1985, p 398.

(6) RIAZANOV, D. Marx-Engels. Madrid, 1975, p 245.

(7) LICHTHEIM, George. Marxism. 2 Edición. Londres, Routledge-Kegan Paul, 1964, p. 35, 238 y 243.

(8) GOULDNER, Alvin. Op. Cit. p 275.

(9) SACRISTAN, Manuel. Sobre Marx y Marxismo, panfletos y materiales I. Icaria, Barcelona, 1983, p. 45-47.

(10) ENGELS, Federico. Anti-Dühring. Prólogo a la segunda edición.

 

La ciencia en el siglo XIX

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

La fe en la Razón y la creencia en el poder de la ciencia, de un poder casi ilimitado es algo muy extendido, entre otras corrientes, en el socialismo de mediados del siglo XIX. Sigue leyendo

El método en Marx

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

En las distintas escuelas marxistas que proliferaron tras la muerte de Marx, ha sido común considerar que Marx descubrió y utilizó un sólo método en sus investigaciones: el método llamado dialéctico; que éste era científico, y que su correcta aplicación nos proporcionaría las claves del conocimiento de la realidad social y natural, del mundo, para su transformación en la dirección de la sociedad comunista. Veamos cual es este método en Marx, qué tiene de específico, si es que tiene algo, y si verdaderamente respondía a las características y pretensiones que los marxismos posteriores le atribuirían. Sigue leyendo

Marx (el marxismo) y la ética

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

En polémica con los distintos socialistas llamados utópicos, Marx y Engels reafirman, una y otra vez, que la clase obrera no tiene ideales que realizar: Lo que persigue es lo que el desarrollo histórico pone al orden del día.

“Para nosotros -escriben Marx y Engels en la Ideología alemana- el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que haya de estar sujeta la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”.

Como comenta Kelsen, la concepción expresada en este texto -en el que un proyecto práctico no se reconoce como tal, escondiéndose bajo la apariencia de una descripción moralmente neutra – refleja «la confusión más radical de los límites entre realidad y valor» al presentar «postulados ético-políticos revolucionarios como leyes de desarrollo que se realizan por una necesidad natural».

La diferencia entre el marxismo y el resto de socialismos llamados utópicos está aquí. El socialismo utópico opone el ideal a la realidad, el deber ser al ser. El marxismo, por el contrario, que presume haber buscado y averiguado las leyes que regulan el movimiento histórico real, se autodenomina socialismo científico. No es pues un deber ser moral, sino una necesidad científica.

La ignorancia -que el marxismo hereda de Hegel- de la gran división entre ser y deber ser tiene, en opinión de Kelsen, consecuencias devastadoras para esa doctrina, tanto si es contemplada desde un punto de vista normativo como si se atiende a su pretensión de constituir una teoría explicativo-predictiva del desarrollo de la sociedad:

a) Desde un prisma normativo, el marxismo resulta insostenible porque, dada la irreductibilidad de los valores a los hechos, «jamás de los jamases se puede dar una respuesta al justo fin de la acción, a través del conocimiento de lo que acontece y tal vez, verosímilmente, habrá de acontecer; ni siquiera la comprobación de las tendencias mas fuertes del desarrollo hacia un orden socialista de la sociedad (…) es capaz de justificar el socialismo como programa político, como fin del querer y del actuar». El intento de fundamentación del fin orientador de la acción en su pretendida inevitabilidad futura configura, pues, al marxismo como una especie más de naturalismo ético de tipo historicista;

b) La autopresentación del marxismo como teoría científica, explicativo-predictiva del acontecer social no queda mejor parada, pues la profecía del comunismo no es prognosis ( conocimiento anticipado o previsión de algún suceso) científica sino -al igual que las “tendencias naturales” de los iusnaturalistas- fruto de valoración no declarada introducida en el examen del desarrollo social: «así como la doctrina del derecho natural puede deducir de la naturaleza sólo lo que ha proyectado previamente en ella (…) la verdad social que Marx pretende hacer surgir de la realidad es su propia ideología socialista proyectado sobre aquella». El marxismo, concluye Kelsen, no es pues una teoría científica, sino más bien una filosofía teleológica de la historia. (1)

Marx inhibe sus valores morales. Mas no por ello deja de haber en él un radicalismo moral, más allá de su autoconsciencia explícita en ese terreno. El propio Marx se sitúa en un terreno eminentemente ético cuando, por ejemplo, en sus famosas Confesiones responde a su idea de felicidad, con la lucha; o a su idea de la miseria, con la sumisión; o al vicio que más detesta, con el servilismo. (2) Otro claro ejemplo lo constituye El Manifiesto plagado de consideraciones éticas y morales.

Como señala Gouldner: «Marx era un materialista paradójicamente idealista, que reprimió su propio idealismo al declarar que no poseía un ideal, (sino que como Sócrates) solo era una comadrona que ayudaba a nacer a lo que se había gestado en el útero de la historia e instaba a otros a hacer lo mismo».(3)

La fórmula misma de socialismo científico, refleja la confusión entre los fines políticos o éticos y el conocimiento científico. Esos fines no pueden ser científicos, aunque sí puedan serlo los medios para alcanzarlos. Podemos discutir también en el plano del análisis social sobre si esos medios están disponibles, podemos especular o analizar si resulta plausible sostener como compatibles diversos fines o estos pueden ser contradictorios, o incompatibles. Podemos, en fin, hacer muchas cosas pero nunca reducir los objetivos de un programa político a su supuesta fundamentación científica.

Manuel Sacristán, formula la cuestión del siguiente modo: «La confusión de la noción de programa (propuesta crítica de objetivos y medios) con la concepción del mundo (síntesis especulativa de incierta validez teórica con valoraciones pragmáticas no explícitas como tales) no es, ni mucho menos un trivial fallo del pensamiento. Obedece a una problemática real, que puede describirse brevemente así: un programa práctico racional tiene que estar vinculado con el conocimiento positivo, con las teorías científicas, pero no puede deducirse de ellas con medios puramente teóricos, porque el programa presupone unas valoraciones, unas finalidades y unas decisiones que, como es natural, no pueden estar ya dadas por la teoría, por el conocimiento positivo» (4)

Marx subestimó la complejidad de las pasiones humanas. Como señalaría años más tarde Erich Fromn, careció de una penetración sicológica satisfactoria, no tuvo un concepto adecuado del carácter humano. No reconoció las fuerzas irracionales que actúan en el ser humano que le hacen tener miedo a la libertad y que producen un ansia de poder y destructividad. Por el contrario, en su concepto del hombre estaba implícito el supuesto de la bondad natural de éste, que se reafirmaría en cuanto se librara de las mutiladoras cadenas económicas. En este aspecto, en Marx y Engels está en el fondo, una vez más, su concepto, excesivamente simplificado, optimista y racionalista, del hombre. No trascendieron nunca el ingenuo optimismo de los enciclopedistas del siglo XVIII. Esto llevo al pensamiento de Marx, entre otras cosas, a subestimar el factor moral: “Precisamente -dice Fromn- porque suponía que la bondad del hombre se reafirmaría automáticamente cuando se hubieran realizado los cambios económicos, no vio que gentes que no habían sufrido un cambio moral en su vida interior no podían dar vida a una sociedad mejor. No prestó atención, por lo menos explícitamente, a la necesidad de una orientación moral nueva, sin la cual vendrían a ser inútiles todos los posibles cambios políticos y económicos”.(5)

La no consideración de la ética en la fundamentación de los objetivos revolucionarios hizo que Marx y Engels no prestaran atención al problema de los medios empleados en la lucha: son buenos todos los medios empleados para lograr un buen fin: “Todo medio -dice Engels- me parece bueno, el más violento y el aparentemente más suave, para alcanzar el fin”. El problema de la moralidad de los medios, uno de los más peliagudos de la ética, queda así suprimido.

La reducción de los valores al plano de la facticidad ha sido predominante no sólo en los textos de Marx y Engels sino en la tradición marxista: Rosa Luxemburg, Kautsky, Lenin o Trotski. En todos ellos el deber ser se presenta como deducido de la necesidad; la valoración moral no tiene otro fundamento que el conocimiento de pretendidas leyes históricas al que se añade, singularmente en el caso de Lenin, un utilitarismo bastante crudo que puede enunciarse del siguiente modo: quedan justificadas todas las acciones que contribuyan al establecimiento del comunismo. (6)


(1) KELSEN, Hans. Escritos sobre la democracia y el socialismo, selección y presentación de J. Ruiz Manero, Debate, Madrid, 1988. Lucio Colletti haciéndose eco de la crítica de Kelsen a Marx, considera que detrás de esta confusión en el marxismo entre hechos y valores, causas y fines, está tanto la herencia hegeliana en cuanto a la concepción de la historia como una mala comprensión de la teoría de la evolución de Darwin. La superación de la ideología, Cátedra, Madrid, 1982, pp. 162-166.

(2) McLELLAN, D. Op. Cit. p 526.

(3) GOULDNER, Alvin. Op. Cit. p 45.

(4) SACRISTAN, M. Op. Cit. p 110.

(5) FROMN, E. Psicoanálisis de la sociedad conteporánea, F.C.E., p. 220.

(6) En el momento de la constitución del marxismo, la cuestión moral no tiene ningún relieve, será más tarde, en la primera década del siglo XX, tras el debate suscitado por Bernstein a finales de los noventa, cuando esta cuestión alcanzará una gran importancia. Bernstein, recusando la importancia primordial de la economía, rehabilitando el papel de la ideología y de la moral, propugna una vuelta a Kant contra Hegel. La corriente austro-marxista planteó el materialismo histórico como un programa de conocimiento de la dinámica social que debía complementarse con un discurso ético-normativo que fundase el socialismo como programa, esto es, como un objetivo valioso (ver L. Kolakowski Op. Cit. T.II pp.240 y ss.; también, Socialismo y ética: textos para un debate, textos seleccionados por V.Zapatero, Debate, Madrid,1980).

Marxismo, ciencia, ideología y religión

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997, También publicado en la revista Hika, nº68, junio 1996)

El marxismo surgió en una época en que la tensión entre la ciencia y la religión era creciente. Con el surgimiento de la nueva racionalidad de la ciencia, la hipótesis de un Ser Supremo se Sigue leyendo

Crisis del paradigma marxista

Kepa Bilbao
(Del libro La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: el marxismo de Marx, Gakoa, Donostia, 1997)

1.-Introducción

El marxismo ha sido una poderosa tradición política e ideológica dentro del campo de los movimientos sociales que se reclamaban del socialismo y del comunismo. Una tradición tan Sigue leyendo